La incómoda sombra de Catar 2022

No puedes comprar una Copa del Mundo”. Tal fue la sentencia de Sepp Blatter, ex presidente de la FIFA, para refutar las acusaciones en su contra sobre corrupción. En particular, alegaba la imposibilidad de que Catar hubiese sido votada como sede mundialista en el 2022 debido al reparto de sobornos entre miembros de la asociación internacional de fútbol. 

Sin embargo, con el paso del tiempo, y a través de diversos procesos judiciales iniciados en 2015, se ha evidenciado que integrantes del comité ejecutivo de la FIFA fueron sobornados para designar al país árabe como organizador del Mundial de Catar. Un escándalo que aún sigue derramando tinta y exponiendo las cifras millonarias en juego. Por su parte, la FIFA mantiene la postura plasmada en su informe de ética, publicado en 2017, donde se admiten “conductas dudosas” en el proceso de selección, pero se niegan actos de corrupción. 

El drama no incluyó sólo temas de dinero: la intriga política también es central. Una vez que se desató el escándalo de los sobornos, Blatter y otros miembros de la FIFA sostuvieron la versión de que uno de los votos definitivos para seleccionar a Catar lo había dado Michel Platini, exfutbolista y presidente de la Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol​ (UEFA). De acuerdo con esta versión, fue convencido de elegir a Catar por el entonces presidente de Francia, Nicolás Sarkozy. Ello habría sucedido en una reunión celebrada en el Palacio del Eliseo donde participó el actual emir catarí, Tamim bin Hamad Al Thani.

Los votos y los depósitos

Diez días después de esta reunión, Catar ganó la sede mundialista, era el 2 de diciembre de 2010. Siete meses más tarde, Qatar Sports Investments compró al Paris Saint Germain, equipo del que era aficionado Sarkozy. Un año después, Al Jazeera Media Network, la cadena mediática catarí, arribó a Francia para transmitir la Liga 1. Ello perjudicaba al Canal+, que era odiado por Sarkozy. Este episodio es conocido entre los franceses como el “Catargate”. Para el periodista Miguel Delaney, especialista en el tema, lo sucedido exhibe en gran medida lo que es actualmente el fútbol. 

En opinión de Delaney, las Copas del Mundo ya no sólo se compran con sobornos: incluyen también acuerdos comerciales, pactos armamentistas y mucha política de alto nivel. 

Platini negó que Sarkozy le hubiese pedido votar por Catar. Subrayaba en su defensa que fue el único que reveló por quién había votado. Las acusaciones en su contra, destacó, eran parte de una conspiración. El tiempo no ha acallado las sospechas. En agosto de 2025, la justicia suiza continuaba cuestionando su decisión y su posible influencia sobre los votos de otros miembros de la UEFA. La pista que sigue la justicia son dos depósitos millonarios en su cuenta; ambos recibidos poco tiempo después de emitir su voto: uno por parte de la cadena Al Jazeera y el otro de la FIFA.

Herencias coloniales y fútbol

Hasta finales del siglo XX y principios del XXI era poco probable que alguien sugiriera que Catar sería el primer país musulmán en organizar un mundial de fútbol. No sólo porque era una nación que había logrado su independencia en 1971, sino porque su historia futbolística era más bien modesta. Además, en las competencias deportivas panárabes ocupaba siempre el último lugar. 

Como en otros países, el fútbol llegó a Catar gracias a los trabajadores inglesas, en este caso de compañías petroleras. En 1916, lo que hoy es Catar se había convertido en un protectorado británico. Los locales tenían una cultura física anclada en tradiciones árabes como las carreras de caballos, camellos y barcos, ajedrez, polo o pesca. 

En Catar el fútbol empezó a tener una presencia visible en la década de 1950 y su popularidad fue de la mano del inicio de la explotación petrolera y la llegada de más trabajadores extranjeros. Se formaron clubs e inició la institucionalización del deporte. Fue un vehículo para promover sentimientos nacionalistas y exhibir símbolos como banderas, himnos, uniformes colores. El color granate pasó a representar a la nación catarí. Se construyó el estadio de Doha, el primero en la región que tenía pasto.

En 1964 se formó la Federación de Fútbol Catarí sin estar afiliada a la FIFA. Tal afiliación la buscó a principios de 1970 cuando se organizó el torneo del Golfo junto con Bareín, Kuwait y Arabia Saudita. Entonces, los cataríes se ufanaban de tener el único estadio de la región y haber jugado partidos amistosos con la mayoría de los países árabes. Empezaron a hablar de una tradición futbolística local que, sin embargo, era muy reciente. 

El primer torneo de fútbol del Golfo estaba programado para empezar el 26 de marzo de 1970. Ese evento, celebrado antes de la independencia, era de gran importancia para la familia Al Thani que controlaba el territorio desde mediados del siglo XIX y aún está en la cima de la monarquía absoluta y hereditaria. 

Catar quedó en último lugar. Sin embargo, el fracaso deportivo fue lo de menos: lo que se buscó fue representar la soberanía nacional de manera simbólica, aun cuando estaban bajo el mando británico. Después de esta participación en la Copa del Gofo, el fútbol adquirió el estatus de deporte nacional. 

Un dato relevante: como parte de los festejos por la independencia se invitó a Pelé, entonces el mayor astro del balompié mundial.

El arranque de las inversiones millonarias

El fútbol, acompañado de millones de dólares, permitió a Catar trazar su linaje en Occidente. Se trató de un proceso de décadas y de estrategias múltiples. Una de las tácticas empleadas fue la creación de la cadena Al Jazeera en 1996, cuyo ascenso mundial ha sido central para dar la impresión de ser un país moderno.

En particular, se reconoce que la élite catarí supo leer el auge mercantil del deporte de finales de siglo XX. Un proceso que fue en paralelo a su desarrollo como Estado nación. En la década de 1970, el auge de la televisión permitió que tanto el olimpismo como el fútbol llenaran sus arcas. Dejaron de ser organizaciones internacionales relativamente pequeñas y pobres y transitaron a una era de abundancia gracias a las ganancias que les dejó la transmisión de los eventos por televisión y los patrocinios de las marcas. 

El fútbol ha sido central pero no ha sido el único deporte en el que se han anclado, primero como patrocinadores y luego como organizadores. Están el automovilismo, el golf, el tenis, el balonmano o el atletismo. En 2006 Catar organizó los XV Juegos Asiáticos. Fue el primer país árabe en hacerlo. Un evento que dentro del olimpismo sólo es rebasado en tamaño por las justas olímpicas. Así hizo su primera entrada por la puerta grande al mundo deportivo.

El siglo XXI avanzaba y la monarquía catarí mostraba que el país era agresivamente moderno: se edificaban rascacielos, hoteles y centros comerciales espectaculares y atractivos para el gusto occidental. Esfuerzos fáusticos como diría Marshall Berman. 

¿El fin del sueño? 

La FIFA ha defendido la sede catarí de 2022 con el argumento de que se tratóde una decisión histórica en el fútbol, pues implicó incluir por primera vez a un país de Medio Oriente en la justa mundialista. Blatter declaró ese año que había sido un error tal designación y volvió a culpar a Platini.

Los escándalos de corrupción de la FIFA continúan por los más diversos frentes, pero ello no ha impedido que diversas federaciones deportivas se dejen seducir por el patrocinio de Catar.

Sin embargo, la guerra desatada por Estados Unidos e Israel contra Irán podría ser la gran amenaza para las sedes deportivas de Catar y sus vecinos en el corto y mediano plazo. Los ataques iranís a la región han desatado múltiples cancelaciones de eventos. Es el caso de la Copa de Campeones Conmebol-UEFA, conocida como Finalísima, que enfrentaría a España y Argentina en suelo catarí.

El actual presidente de la FIFA, Gianni Infantino, sonríe mientras el mundo se tambalea entre bombas, civiles asesinados y un panorama económico incierto. En este Mundial 2026 ya no sólo está de por medio la honestidad de la asociación de fútbol sino su legado moral. Uno de los países sede, Estados Unidos, lanzó una bomba sobre una escuela que mató a cerca de 200 personas, la mayoría niñas.

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