Mientras el gobierno de la Ciudad de México eligió construir un jardín de lluvia junto al Estadio Azteca para evitar la inundación de Tlalpan y garantizar el acceso al Mundial 2026, las colonias y pueblos vecinos llevan años exigiendo mejorar y reparar el drenaje para evitar las inundaciones de la zona habitada. Esta decisión refleja —una vez más— qué es lo que sucede cuando los gobiernos desconectan sus decisiones sobre qué hacer en los territorios, de las necesidades de las personas que los habitan.
El anuncio público de la construcción de un jardín de lluvia fue sorpresivo y se concretó con rapidez. El 4 de marzo se presentó el proyecto en el espacio, anunciando que en dos semanas quedaría listo. A última hora del día 18, en los chats vecinales circuló la noticia de que el jardín sería presentado a la mañana siguiente, el jueves 19 de marzo. Esta rapidez no fluyó de la misma manera hacia los reclamos vecinales, que exigieron desde el inicio saber qué iba a pasar en el lugar.
“Cuando empezaron a hacer la obra del colector, pedimos información sobre lo que estaba pasando, porque vimos que metían una especie de cisternas en el estacionamiento del Estadio Azteca. Ya luego de las múltiples manifestaciones y mesas de trabajo que hemos tenido con el gobierno, nos dijeron que estaban construyendo un jardín de lluvia para recolectar agua y evitar inundaciones”, explicó, en entrevista para Desinformémonos, Natalia Lara, fundadora de la Cooperativa Acción Comunitaria y vocera de la Asamblea Vecinal contra las Mega Construcciones Tlalpan – Coyoacán, que ha articulado la lucha en esta zona en la defensa del común.
Aunque la obra fue promovida por la Secretaría de Gestión del Agua de la Ciudad de México (Segiagua) como una herramienta para evitar inundaciones en la zona, la obra es leída como un “maquillaje” para ocultar la exigencia vecinal por la cancelación de la concesión al pozo de Televisa, así como la invalidez del acuerdo de donación de agua que está vigente, firmado entre el gobierno y la empresa, al que accedió Desinformémonos.
“Los vecinos hemos planteado que el colector se nos hace una infraestructura necesaria para evitar inundaciones, pero fue construida en esta parte de Santa Úrsula donde realmente no se inunda tanto como en Huipulco, o en las partes dentro del pueblo. Durante meses, todas la inversión y recursos públicos se concentró en el Estadio Azteca”, agregó Lara.
Los vecinos denuncian que fueron ellos y ellas quienes tuvieron que padecer todo el sacrificio que estas obras públicas en beneficio de un evento privado han causado, desde el cierre de negocios, la deteriorada salud por el polvo constante, los permanentes obstáculos para entrar y salir de sus casas debido a la maquinaria, camiones y trabajadores y, por supuesto, la movilidad cotidiana interrumpida para todos quienes transitan la zona. “Todo el sacrificio de los vecinos terminó capitalizado por la FIFA y Televisa, los verdaderos beneficiarios de esta intervención”, señalaron.
Drenaje para San Lorenzo

La señora Martha Medina Ríos tiene 72 años y, aunque diga que no es originaria de Huipulco, lleva más de media vida habitando y cuidando estos espacios. Ahora, además de las tareas en la iglesia y la organización de la fiesta patronal, es una referente que recibe saludos y va recolectando las voces de los vecinos, que la alertan sobre los problemas híperlocales que, no por eso, dejan de ser desequilibrantes en la vida de la gente. Integrante de la Comisión de Participación Ciudadana de Huipulco, Medina ha estado observando a detalle el impacto local de los enfeites mundialistas.
“Ha sido caótico para el pueblo de San Lorenzo Huipulco, porque nosotros somos como el ombligo de la zona sur. De aquí hay caminos para todos lados, aproximadamente circulan unas 30 mil personas diario”, explicó en diálogo con Desinformémonos, en el kiosko de Huipulco, uno de los únicos espacios abiertos y públicos de la zona. Es en este pueblo originario donde se articula el punto nodal del sur de la ciudad.
En Huipulco hay acceso a un Centro de Transferencia Modal (Cetram), al tren ligero y hay camiones que suben y bajan a la gente que vive en las colonias alejadas, lo que garantiza una afluencia permanente de gente. “Además de la enorme abundancia de transporte y automóviles, y los problemas de movilidad que ya teníamos, las obras que hicieron para el Mundial nos han impactado terriblemente. La ciclovía ha sido un caos y generado embotellamientos”, pues, añadió, se multiplicaron los tiempos de traslado, incluso a las zonas vecinas como la zona comercial de Acoxpa, que está a escasos cuatro kilómetros.
“Este es un lugar muy importante y lo ha sido desde la época prehispánica”, explicó en diálogo con este medio, y también fue clave durante la colonia, ya que en Huipulco se instaló la primera aduana de la Nueva España.
Ahora bien, ese pueblo originario y medular llevaba más de tres décadas sin que lo tocara la varita mágica de la inversión pública. “Nos habían dicho que no nos iban a hacer ninguna obra, y de repente, resultó que sí”, recordó.
En este caso, tampoco hubo una fluida comunicación gubernamental con la comunidad y sus organizaciones. Más bien, todo resultó igual de sorpresivo que la inauguración del jardín de lluvia en el Azteca: “llegaron sin decirnos nada, ni mostrarnos un proyecto, absolutamente nada”, recordó. Lo primero que hicieron fue levantar las banquetas de la calle San Juan de Dios entre Acueducto y Calzada de Tlalpan. Los vecinos la llamaron.
“Me dijeron que necesitaban apoyo porque no les habían dicho qué es lo que iban a hacer, y aunque preguntaron, no les decían. Tenemos el problema de que muchas calles de este pueblo, de esta unidad territorial, como se le llama administrativamente, son muy angostas, y donde hay banquetas obviamente limitan el tránsito”, recordó.
El proyecto no contemplaba la dinámica comunitaria, ya que no tenía sentido que se ampliara una banqueta que no se usa, explicó la fuente. Así fue que intercedió buscando a alguien en el gobierno de la ciudad que tuviera potestad de decidir, “que viniera alguien, porque estaba la obra iniciada y no había ningún responsable”, explicó Medina.
Este problema, que puede puede parecer sencillo, ha causado que múltiples obras de mejora acaben mal hechas o sin terminar, o que no aguanten un par de días sin mostrar deterioro.
“El problema es que las empresas (concesionadas para la obra) son irresponsables en su trabajo porque con la prisa y el pretexto de que tienen que entregar rápido, muchas veces no supervisan bien y no hacen lo que tienen que hacer”, dijo señalando un sitio cercano a la iglesia donde la obra de reparación canceló una necesaria coladera que apañaba en momentos de lluvia intensa, para paliar las inundaciones que siempre llegan.
“Los arquitectos e ingenieros que vienen no viven aquí y no pueden conocer las necesidades que nosotros tenemos. No pueden saberlo, pero deberían investigarlo, aunque creo que no lo hacen”, apuntó Medina, dando en el clavo sobre la mayor crítica a la gestión pública que emerge desde el sur de la Ciudad de México, frente al evento masivo que comienza en junio.
Los problemas que las vecinas conocen son encharcamientos que suben hasta los 80 centímetros en la calle donde se quitó la coladera, o de un metro y medio en donde otra nueva coladera quedó por encima del nivel de la calle. Para que se vaya el agua, alguien tiene que estar barriéndola. Sin embargo, aunque estas empresas concesionadas tengan que rendir cuentas ante la autoridad que las contrata, no lo hacen frente a la gente que tiene que seguir viviendo con sus arreglos chapuceros.
“Aunque uno les dice, no hacen caso, por la premura de las obras y porque ya lo tienen que entregar. Ya no se están fijando si quedó bien o quedó mal. Pero hace tanto que no hay obras que hay opiniones divididas entre los vecinos: unos dicen que ya las necesitábamos, pero otros se preguntan cómo es posible que se hayan hecho tantas cosas y las hayan hecho tan mal”, dice.
En esta línea, la experta entiende que fue bueno que se hayan hecho las mejoras en Huipulco, incluso la pintada masiva de fachadas y la instalación de pequeños glifos en las paredes de las casas, aunque lo esencial sigue desatendido: la renovación del drenaje.
“Por la situación del drenaje nos inundamos. Tiene más de 50 años de construído, cuando la zona no tenía tanta población, y era más pequeño, de menor diámetro. Ahora, con esta cantidad de gente, el drenaje nos queda chico. Es totalmente insuficiente”, apuntó.
La obra del jardín de lluvia que ganó el Azteca en Tlalpan podría ser una respuesta a las inundaciones de Huipulco, en tanto no se resuelva el tema de fondo que el drenaje necesita para atender a la población de la zona sur de la capital. Hasta el momento, el único drenaje que ha sido reemplazado fueron 35 metros de tubería de 45 centímetros de diámetro ubicada en el Circuito Estadio Azteca.
Zona de infiltración

No fue el caso de las reparaciones hechas en Huipulco, pero en Santa Úrsula Coapa, parte de las obras que el Mundial trajo afectan negativamente a la infiltración de agua de lluvia a las napas superficiales y medias del subsuelo. “Hablamos de incongruencia entre los niveles de gobierno de la ciudad porque, mientras por un lado se trata de que los pueblos originarios conserven su imagen y el adoquín es una forma más tradicional del piso en sus calles, por el otro se le retira aunque permita infiltrar el agua y, de alguna manera, recargar el acuífero”, explicó en entrevista con Desinformémonos Adolfo Lara, vecino comprometido y experto ambiental de amplia trayectoria.
A pesar de que los vecinos de Santa Úrsula plantearon esta preocupación en las mesas de negociación con Segiagua, para que intercedieran ante el poder local y evitaran usar el concreto hidráulico en las calles del pueblo (en vez del clásico adoquín), la dependencia no lo hizo. La alcaldía levantó el adoquín y pavimentó: primero con una malla metálica y, por encima, el concreto colado, algo que no permite que el agua baje y que hace que aumente la temperatura del suelo y el ambiente. Eso es lo que sucede, por ejemplo, con el estacionamiento del Estadio Azteca, que en vez de ser una amplia zona de irrigación subterránea, es una enorme isla de calor en la zona.
Lara explicó la incongruencia que significa la preferencia por el concreto, yendo incluso contra la sugerencia ambiental y también la cultural, ya que refirió que muchos pueblos de la zona tienen el adoquín dentro de sus elementos identitarios protegidos.
Lo más difícil en este diálogo por el cuidado del agua subterránea ocurrió en torno a la construcción del jardín de lluvia. “Vemos una deficiencia en la Secretaría de Gestión del Agua que hace obras para quitarle los problemas de inundación al Estadio, pero diciendo que es para beneficio de las colonias de alrededor. Paradójicamente, esta obra la hicieron dentro del predio privado del estadio, pero en las zonas alejadas no han hecho absolutamente nada”, explicó.
Allí se construyó un gran cárcamo, que fue el que alertó a los vecinos de que la obra ya estaba en andamiaje. “Cuando estaban construyendo el jardín, se dio lo que como vecinos ya habíamos criticado. Nos dimos cuenta de que a los tres o cuatro metros llegaron al nivel de la napa freática y no les dio posibilidad de seguir excavando porque había agua, entonces recurrieron a algo que estuvo mal, que fue sacar el agua con bombas, para poder construirlo”, explicó.
Según información oficial, para la construcción del jardín de lluvia se invirtieron 22 millones de pesos, para que derive el agua pluvial a los tanques y el colector con una capacidad de albergar 10 millones de litros de agua. En el evento oficial, la jefa de gobierno, Clara Brugada, sostuvo que esta obra “inicia un nuevo modelo de gestión hídrica basado en la infiltración y el aprovechamiento de agua de lluvia para combatir simultáneamente la escasez y las inundaciones”.
“Como vecinos, nosotros decimos que, cuando venga la lluvia, ese jardín se va a inundar todo. No va a tener eficacia porque el depósito no tiene capacidad de infiltración, porque el agua está encima, muy cercana a la superficie. A pesar de su poca eficacia para controlar las inundaciones, valoramos la construcción de un espacio verde, en una zona que carece de ellos”, explicó.
Lo interesante fue que, cuando los vecinos llevaron estos planteos ante la Segiagua, la participación que se les brindaba en la toma de decisiones comenzó a retacearse. Las consultas públicas respecto a la construcción del jardín de lluvia se hicieron mediante convocatorias express, que fueron copadas por militantes del partido de gobierno más alineados con decir que sí. “Con estas personas el gobierno se justifica, porque la gente vota a mano alzada a favor de estas propuestas, pero no hay ninguna discusión. Otra vez, estos proyectos están beneficiando a Televisa”, concluyó Lara.




