Tlalpan: experimento social y represión contra el trabajo sexual

Fotos: Gerardo Magallón

El ruido constante de la maquinaria pesada, un vaivén de trabajadores con carretillas llenas de cascajo, cargando palas y picos al ritmo del andar apresurado de los transeúntes que buscan un medio transporte, porque el metro San Antonio Abad se encuentra cerrado. Ahí, en medio de un aire cargado de tierra suelta, se encuentra Laura González, mujer trans de 54 años, que resiste y sale a trabajar, aunque sabe que lo más probable es que no tenga clientes esta noche.

Recargada en la esquina donde trabaja, la Tesoro, como también la llaman, nos cuenta: “Llevo más de 35 años en el talón, he vivido de todo, he aguantado razias, corretizas y la extorsión de los policías que me quitaban el dinero. Antes trabajaba en calles oscuras porque algunos clientes no traían para el hotel. Ahora no, todo está iluminado y sólo se puede en los hoteles, aunque me paguen menos. La avenida la cierran después de las 8 de la noche, sólo me queda moverme y caminar sobre Eje Central para ver si me cae un cliente. No invado puntos de trabajo, para no estorbarles”.

Al caminar sobre grava suelta, Laura cuenta a Desinformémonos cómo las obras de remodelación en Tlalpan para el Mundial de la FIFA que comienza en junio ha impactado en su trabajo. “Ya no gano, me ha bajado la clientela al 100 por ciento. Esta obra nos está perjudicando”, comparte. Frente a ello, Laura y otras trabajadoras sexuales se organizaron para protestar, pero la represión de la policía capitalina las detuvo. “Me organicé con las que trabajan en el metro Chabacano. Hicimos marchas, protestas y fuimos a las oficinas de la Subsecretaría de Gobierno que se encuentra en Pino Suárez 15 y al Palacio de Gobierno que está en el Zócalo. Cuando la China y varias chicas cerraron la calzada, por el metro Chabacano, llegó un grupo de choque. Eran como 20 tipos acompañados de dos policías. Las golpearon con palos y bates, y les rompieron los celulares a palazos a las que estaban grabando”, denuncia.

Laura explica que unas compañeras formaron una comitiva para exigir la reparación del daño que les ha causado la construcción de la ciclovía: “Primero nos dieron despensas, luego un apoyo económico de 17 mil 500 pesos, y hoy nos dieron 3 mil 500, pero la comitiva nos exigió su moche y nos pidieron 2 mil pesos a cada una, porque el favor lo cobran. El gobierno de la Ciudad de México no les dio a todas, pero metieron a muchas que ni de esta zona son. Yo no creo que el gobierno esté muy regalador, nos quieren tener como borreguitos atrás de ellos”.

“No sé si nos van a uniformar antes de que comience el Mundial de fútbol. Mi forma de vestir es atrevida, es mi imán para atraer a los clientes. Les digo a mis compañeras que sigan trabajando y que se aferren a pesar de la situación. Saldré así a trabajar, no sé si vayan a hacer operativos y me vayan a encerrar, pero es mi trabajo y tengo que salir. El dinero que me dieron no será suficiente para mantenerme en lo que pasa el Mundial. El Mundial nos perjudicará porque para nosotras no habrá clientes ni dinero”, explica preocupada.

El Mundial no tapará la violencia, los asesinatos ni los feminicidios

La situación de Laura es la misma que la de las demás trabajadoras sexuales que se encuentran sobre Calzada de Tlalpan. Cerca del metro Viaducto se encuentra Sandra Montiel, de 42 años, que desde las 8 de la noche comienza a trabajar. Ella nos cuenta que, desde hace años, ellas y sus clientes ya eran acosados por los patrulleros: “Nos detenían arbitrariamente. El problema ha disminuido, pero todavía hay policías que nos extorsionan”.

Montiel se para sobre la ciclovía, los coches se paran y otros les pitan para que avancen. Aun así, prosigue: “El gobierno dice que siempre hace consultas ciudadanas, pero no lo hicieron con nosotras ni con los vecinos para hacer la ciclovía. Una noche llegamos y preguntamos qué estaba pasando, porque la calle ya estaba llena de montones de grava, arena y adoquines. Nos quedamos, pero ya no trabajamos. Nos debieron tomar en cuenta, nuestro trabajo es el sustento de muchas familias. En esta zona las obras ya terminaron, pero nos afectó. Bajó mi trabajo más de 70 por ciento. Una le batalla más, pasan días sin hacernos nada”.

Con rabia y decepción, Sandra relata cómo el gobierno de la Ciudad de México entregó apoyos económicos de manera desigual, pues “a la mayoría de las que estamos sobre Tlalpan no nos dieron, pero a muchas que no son trabajadoras sexuales sí”.

De pie con sus zapatillas de tacón alto, narra que en noviembre de 2025 participó en una mesa de trabajo con el titular de la Subsecretaría de Gobierno (SECGOB), Fadlala Akabani Hneide, a quien directamente, cuenta, “le dije que no nos van a mover, que vamos a seguir trabajando. Ellos advirtieron que tienen contemplado poner una patrulla en cada esquina y que la Guardia Nacional estará cuidando diariamente Tlalpan durante el Mundial. Eso me preocupa, van a espantar a los clientes”.

“Que no atrevan a uniformarnos, este gobierno no va a decidir cómo vestirnos. Llevamos décadas de lucha y hemos pasado por mucho. Hemos ganado derechos como el reconocimiento del trabajo sexual como trabajo no asalariado, a través de la sentencia de amparo 112/2013. He participado en los bloqueos que se han hecho en Viaducto y en Chabacano. He recibido amenazas por defender nuestros derechos y por oponernos al cobro de piso. Hace poco pasó un hombre en carro, me apuntó con una pistola y me aventó el coche encima, afortunadamente logré esquivarlo”, denuncia.

En la opinión de Sandra, no habrá muchos turistas que acerquen a las trabajadoras sexuales durante el Mundial. Los pocos que vendrán, dice, “no se sentirán con la libertad de caminar con tranquilidad, si acaso irán a otras zonas como en Polanco usando transporte de aplicación. Ellos no usarán el metro, trolebús, tren ligero ni mucho menos la ciclovía. No creo que el Mundial de futbol deje una derrama económica a las trabajadoras sexuales ni a los comerciantes, sólo a las grandes cadenas hoteleras. Siempre ha sido así, todo para ellos y nada para nosotras”.

“El gobierno hizo inversiones, por eso está echando la casa por la ventana, mientras que a mucha gente la está aventando a las orillas de la ciudad por la gentrificación y el país quedará más endeudado. Debió invertir más en la construcción de hospitales, en medicamentos, en educación y sobre todo en más seguridad”, critica Montiel, quien con firmeza concluye: “El Mundial de fútbol sólo será por un mes, están maquillando la ciudad para dar una imagen de primer mundo, pero la violencia, los asesinatos y los feminicidios no se taparán con este Mundial. Voy a seguir aquí, nadie me moverá, no lo voy a permitir. Hemos sobrevivido durante muchos años, seguimos y aquí seguiremos”.

Antes de Clara y Claudia, ya estábamos nosotras

Ivette Salazar, de 55 años, trabaja desde hace más de 20 años en Tlalpan. “Nunca nos había afectado una obra como esta. Los clientes casi ni vienen, he tenido días seguidos sin trabajar, desde el domingo hasta hoy martes no me hecho nada. No tengo hijos, pero sí dos perritos que dependen de mí. Ninguna autoridad se ha acercado a darnos la ayuda económica que están dando. No estoy de acuerdo que nos quieran quitar de la calle”, señala a Desinformémonos.

Ivette, de sonrisa franca pero indignada, afirma que “este gobierno es una chingadera. La Brugada quitó ambulantes y negocios para construir la ciclovía. He ido a varias protestas para que nos dejen trabajar, que ni intenten quitarnos. Antes de Clara Brugada y de Claudia Sheinbaum ya estábamos aquí. Tanto estaban pidiendo ayuda y ya que están en el poder se les olvida quiénes las apoyaron”.

Quiero trabajar para no pedirle nada al gobierno

A pesar de que la Calzada de Tlalpan se caracteriza por tener vida, hay zonas en las que destaca el abandono gubernamental y que, junto con las trabajadoras sexuales, intentan resistir los cambios estructurales. Allí está Flor Jiménez, una mujer trans de 55 años que labora a la altura de la estación del tren ligero La Virgen. El cansancio se refleja en su rostro, pero sabe que esta noche, como muchas otras, tendrá que aferrarse a trabajar.

“Llevo 35 años en esto, viví los operativos que hacia la delegación de Coyoacán (hoy alcaldía) con las paneles blancas. Un convoy de policías nos subía a rastras cada noche, nos encerraba en el sótano de la delegación y no nos daban ni comida ni agua”. Los policías son muy bravos, nos corren a los clientes, los extorsionan. Si los detienen, les dicen que yo los puse. La otra vez, por su culpa, uno me golpeó, me robó y me dejó encuerada. No soy delincuente”, denuncia Jiménez.

Flor, con simpatía singular, cuenta cómo la ciclovía también afectó su trabajo. “Ya no agarro clientes, casi siempre me voy en ceros. Aunque me acerque a los autos, los clientes no se paran porque los coches de atrás les tocan el claxon y se van. Si me conocen, se dan la vuelta y pasan por mí del otro lado. Cuando veo que no gano mejor me regreso a mi casa en el tren ligero, no tengo dinero para pagar un taxi, me voy triste. Vivo en el centro y pago 3 mil de renta. No tengo mucha ropa, apenas pude comprarme este suéter de 50 pesos, me da mucha tristeza estar sin empleo”, comparte.

Molesta, cuenta que supo que el gobierno dio dinero, “pero aquí en mi calle nunca pasaron, no sabemos a dónde ir para pedirlo. Soy diabética e hipertensa, sólo Brigada Callejera me da despensas y medicamentos. La alcaldía no nos quiere dar la tarjeta de trabajadoras no asalariadas, nos dicen que los vecinos no quieren que trabajemos aquí, nos discriminan”.

Mientras se retoca el maquillaje, prosigue: “Si así como ando no agarro cliente, menos uniformada, soy capaz de trabajar desnuda para que se les quite. No entiendo por qué hicieron la ciclovía si casi nadie la usa, sólo sirvió para dejarme sin trabajo y que los albañiles cuando pasan se burlen de mí. Me da mucho coraje”.

“El Mundial de futbol sólo beneficiará al gobierno, no creo que a nosotras nos deje dinero, no habrá trabajo para nosotras. Le pido a la jefa de gobierno, Clara Brugada, que nos otorgue la licencia de trabajadoras no asalariadas para seguir trabajando y seguir manteniendo a mis padres que están ciegos. Quiero trabajar para no pedirle nada al gobierno. No es fácil estar aquí pasando peligros, pero no tengo dinero. Seguiré aquí, aunque me lo prohíban”, remata.

El gobierno como el gran padrote

Sobre la ciclovía y la situación actual de las trabajadoras sexuales, Arlen Palestina Pandal, abogada penal y encargada del área jurídica de la Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer “Elisa Martínez”, dijo en entrevista que la Ciudad de México no tuvo una planeación urbana y que el uso de las bicicletas lleva más de 50 años sin un área exclusiva para ello.

“Desde 2006, Marcelo Ebrard Cazaubón, como jefe de gobierno del Distrito Federal (hoy Ciudad de México), vio este tema como una posibilidad política y comenzó a implementar una red alterna de trasporte público en toda la ciudad llamado Ecobici, para así tener el poder de coordinar toda la ciudad, a pesar de no tener una buena calidad el encarpetamiento ni mucho menos un mantenimiento integral. Fue en 2018 cuando estos planes cobraron más fuerza al mando de Claudia Sheinbaum como jefa de gobierno y se crearon más ciclovías. Se ampliaron las áreas del Ecobici, pero estas vías no cuentan con señalamientos y han causado cientos de fallecimientos”, explica.

Pandal coincide con la opinión de las trabajadoras: “El Mundial de fútbol es un negocio sólo para la FIFA”. Los alrededores del Estadio Azteca, hoy Estadio Banorte, se encuentran en remodelación como parte de las condiciones que impone la Federación “para realizar este evento futbolístico y garantizar la comodidad de sus empresarios. El gobierno invirtió cientos de millones de pesos, en su imaginario creen que van a recuperar la inversión, aunque los resultados en otros países han sido el empobrecimiento y el crecimiento de la trata de personas”.

En Tlalpan, relata la abogada, “hay un grupo de 60 trabajadoras sexuales independientes organizadas y más de 200 en diferentes puntos de trabajo. Están resistiendo para que nos las retiren de las calles. Hay un grupo de choque de una diputada que, junto con las madrotas de Tlalpan, golpearon a las trabajadoras porque se estaban manifestando pacíficamente. A las leonas que ya están cooptadas por el gobierno les reparten despensas y dinero para que desistan en protestar. A una compañera la amenazaron de muerte, llevamos cámaras y medios para que la entrevistaran. Poco después, en un video, las madrotas se hicieron pasar como trabajadoras independientes para validar el despojo de las calles. Quieren evitar que se haga ruido durante el Mundial”.

Brigada Callejera hace acompañamiento a las trabajadoras sexuales independientes. En los últimos meses han asistido a mesas de trabajo con el subsecretario de gobierno, Fadlala Akabani, y con la directora de diversidad sexual en la Ciudad de México, Hilda Pérez, pero “su gestión es pésima”, subraya Arlen. “La titular de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), Inés González Nicolás, tiene una ideología abolicionista al decirles a las compañeras que tienen que buscar un trabajo honesto y de verdad. Con esos argumentos, ¿cómo vamos a acordar lo dispuesto en la sentencia de juicio de amparo 112/2013? Ellos no entienden la complejidad que tiene el trabajo sexual”, señala.

“Existen amenazas y represión en todos los puntos de trabajo sexual en toda la ciudad. Es histórico, el gobierno ha estado opacando la lucha de las trabajadoras sexuales y la rapidez con que ha tomado el control de Tlalpan. Volvemos a tener un retroceso en la lucha política de las trabajadoras sexuales porque el gobierno ya cuenta con datos oficiales de muchas trabajadoras a cambio de despensas y de dinero. Están siendo obligadas a asistir a actos públicos de Clara Brugada, de Claudia Sheinbaum y de Morena”, denuncia la abogada.

Frente a las obras, Arlen explica que armaron una red de apoyo con la mayoría de los afectados por el corredor Estadio Azteca – Centro Histórico, en la que participan vecinos, pueblos y trabajadoras sexuales. Estas luchas están interconectadas, y el gobierno capitalino “desata la represión para mantener la paz, antes, durante y después del Mundial de fútbol. Tlalpan es un experimento social para poder imponerlo después en toda la Ciudad de México. Debemos de dejar de tratar al gobierno como el gran padrote”.

Arlen enfatiza: “Todo lo que se ha avanzado en trabajo sexual hoy se esté perdiendo, están desmadrando el proceso político-colectivo de muchos años que ha logrado, poco a poco, la autonomía de las trabajadoras sexuales. Están siendo precarizadas por el gobierno en complicidad con las proxenetas. En Brigada llamamos a que denuncien la explotación sexual de las madrotas y padrotes y se organicen con una postura política. No a la negociación de puntos de trabajo, no al pago de impuestos. Las trabajadoras sexuales no se van a ir de Calzada de Tlalpan, no aceptaremos un control sanitario ni que las compañeras sean confinadas a una zona de tolerancia”, concluye.

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