México, sede del Mundial… de las y los desaparecidos

Fotos: Oscar Rodriguez Vallotton

En una comunidad alejada, dentro del territorio del pueblo de la lluvia, entre bosques de pinos ocoteros, se encuentra el hogar de la familia de Lucy. Es una casa humilde pero acogedora, alrededor de la cual crecen flores y frutales. En su centro radica el fogón y unas sillas que nos ofrecen para sentarnos. La pregunta inicial de toda visita como ñuu savi suele ser “¿An va’á iyonto?” y eso se aproxima en castellano a decir “Está todo bien?” Pero esta pregunta me pareció sonar como una burla este día. Porque preguntarle eso a una familia que tiene a su hija desaparecida, y que vive entre la zozobra y el dolor, es algo que suena más que raro. Se siente como una burla por parte de las instituciones apáticas y de quienes perpetraron esta barbarie.

Nos responde la abuela de Lucy – “Su mamá no, no está bien. Le duele la cabeza. Y hay días en que se le va el hambre, en que la tristeza que lleva dentro es tan grande que pide mucho a dios que encuentre a su hija, que esté viva, que esté bien, y que un día espera que regrese a casa, a la montaña donde tiene que entregarse a la madre tierra. Porque ahí nació.

En medio de estos intercambios, nos dice el padre de Lucy, Albino*:

No entiendo que pasa. Ya van a cumplirse 4 años, ya es mucho, quisiéramos saber dónde está, qué pasó con ella, ya es mucho tiempo para nosotros. Ya van a ser 4 años y no hay nada. Estamos cansados…”.

En palabras de Albino:

Yo no sé qué tanto hacen. Yo no veo avance. Han de estar metidos con la maña. Siempre que regreso a Chilpancingo, la capital, para preguntar en la fiscalía sobre los avances del caso de mi hija Lucy, nos dicen que van a buscar el expediente, que la persona encargada ya cambió. Entonces, las veces que he podido ir, he visto varias personas. Cambian de cara nomás. No hacen nada para buscarla…”

Nos comparte la familia, en la casa donde solían vivir con Lucy, que se sienten solas y solos. Hay mucho dolor. A veces sueñan con Lucy. “En algún lugar estará, no sabemos. La tenemos que encontrar, pero aquí es difícil salir. Siempre que viajamos, tenemos que juntar dinero para pagar pasaje, comida, hasta donde nos quedaremos. Ya no podemos dormir en la calle, porque en Chilpancingo está muy feo por la maña”.

En la mañanera del 7 de abril, la presidenta respondió indignada, frente a la prensa y cuestionó, en tono de reproche, el informe del Comité de expertos de las Naciones Unidas sobre desapariciones forzadas. En más de 20 ocasiones lanzó a las personas presentes “¿por qué?”.

Mencionó, por ejemplo, refiriéndose al reporte:

¿Porque no reconoce todo esto que ha hecho el gobierno de México y un compromiso firme para seguir avanzando en este tema? ¿Porque, porque no lo quiere hacer? ¿Por qué no hay un reconocimiento? ¿Por qué no se tomaron en cuenta las observaciones? ¿Por qué quieren llevarlo a la Asamblea de Naciones Unidas?Y añade poco después: No, no está rebasado el estado. El estado mexicano existe y no está rebasado”.

Pero si escuchamos la otra cara de la moneda, la voz y vivencia diaria de las familias de las desaparecidas y los desaparecidos, nos encontramos con la razón, con el por qué. Son testimonios, son historias lamentables, desgarradoras, que contienen mucho dolor… Como es el caso con la familia de Lucila, donde se mezclan patrones de desaparición que no se veían en la montaña. Pero que ahora se volvieron cotidianos.

Azucena, la madre de Lucy entre sollozos, se lamenta y dice que no entiende lo que pasó, no se explica el tamaño de la tragedia. Azucena comparte junto a su esposo

Siempre que llegábamos a visitarla en Tlapa, le decía, hija echale ganas, porque tu serás la única que podrá estudiar, tus hermanos te apoyan cuando manden dinero de estados unidos. Nomás me decía que si mi hija, por eso vivía en Tlapa por la escuela, por eso nos pone muy tristes, porque estaba para estudiar y tener una carrera– finaliza.

Me pregunto si la presidenta ha escuchado con atención los sentires, los dolores y las tragedias de las familias… Porque para las buscadoras, las colectivas y organizaciones que acompañan, claro está que es su pan de cada día. ¿Quizás si fuera así no se preguntaría tantos por qué?

Es lamentable enfrascar la discusión sobre un documento con sustento real de las familias y las víctimas. La discusión y el debate debe escuchar cada una de las historias, cientos, miles, que sostienen este país llamado México. La desaparición forzada está ocurriendo, no necesitamos que el estado se indigne, por el contrario, somos las personas, el pueblo, las familias, las personas que a diario vivimos y padecemos esa violencia criminal, racista, etnocida, genocida, que nos está desapareciendo una a una.

No se trata de saber si este problema se originó en otras administraciones. El punto es que cada día siguen desapareciendo personas en México. Y que esto genera un dolor descomunal dentro de nuestra sociedad. Este problema está claramente enlazado al crimen organizado. Pero siguen participando funcionarios públicos, muchas veces participan y forman parte de las redes criminales de forma activa.

La realidad es que todavía en este sexenio de “izquierda progresista” persiste una colusión de actores criminales con actores políticos responsables de distintas estructuras municipales, estatales y federales.

Pero también, hay responsabilidad porque al conocer la situación, las demás instituciones, y autoridades no reconocen esta crisis humanitaria que vive el país, se invisibiliza las exigencias de las madres buscadoras, la historia de las víctimas, se les deja al desamparo al no reconocer que el estado debe luchar para erradicar con las desapariciones. Y que estos discursos partan del principal funcionario de la República, en la persona de la presidenta de este país, esto es trágico y lamentable.

Frente a esta crisis, se trata de encarar este problema que enfrentamos. Se dice que somos un país que vive en tiempo de paz. ¿Pero me pregunto constantemente qué tipo de paz es ésta? que vive de esta manera la desaparición de sus ciudadanos? entonces, como muchas organizaciones han señalado, no es más que una “paz simulada” y esto es muy grave.

Durante las visitas en el hogar de Lucy en el pueblo, hacemos una escucha desde el corazón y el cuerpo, ponemos atención en una conversación franca y dolida que tiene la familia. Porque contar una y otra vez qué pasó con Lucy y qué avances hay de su caso, pues claro que abre heridas aún profundas en mi primo Albino y en su esposa Azucena. Hace 4 años, su hija fue desaparecida y hasta la fecha no existen avances. Viven entre la rabia, la indignación, la tristeza. Y también ellos se preguntan ¿por qué? ¿Por qué se la llevaron? ¿En dónde está? ¿Seguirá viva? ¿Que ha pasado con ella? ¿Por qué? ¿Porque, porque tuvo que pasarle esto a ella?

Quizás, con mayor que razón que la presidenta, repiten esta pregunta sin respuestas: ¿Por qué? ¿Porque a nosotros? ¿Porque a nuestra hija? ¿Por qué ella? ¿Por qué no aparece? ¿Por qué duele tanto? ¿Por qué no nos escuchan? ¿Por qué no nos consideran? ¿Por qué nuestros cuerpos como indígenas no importan?

Seguimos sin ser escuchadas en este país, un país en donde la presidenta se indigna cuando el Comité de desaparición forzada de Naciones Unidas emite recomendaciones con carácter urgente. Realiza señalamientos con base y sustento en terreno, que en México se vive una crisis humanitaria, y que la desaparición forzada es un crimen de lesa humanidad. Y nos preguntamos: ¿Por qué ella no se indigna junto con nosotras? ¿Por qué no le indigna que a 4 años de desaparecida le siguen dando vueltas al caso de Lucy en la fiscalía de Chilpancingo? ¿Acaso la vida de Lucy no importa, para que siga sin tomar medidas reales para resolver su caso? como muchos otros casos en el país de desaparecidas y desaparecidos.

En ese mismo tono, podemos preguntarnos ¿por qué abrimos esta discusión el día de hoy? ¡Porque no se puede dar debate si no hay apertura! Es simple y sencillo. En esto, la actual administración es igual que las anteriores. Niega lo que cientos de miles de mexicanos vivimos en carne propia. Se esmera en la política del avestruz: mete la cabeza en un hoyo profundo para ver si así desaparece la realidad que nos rodea. Y en esto seguimos igual que antes. ¡Si no hay disponibilidad a la escucha, nunca cambiará nada!

Nos une un clamor en un país donde cada comunidad tiene a sus desaparecidos y desaparecidas. La historia de Lucy es solo una historia más, frente las más de 130 mil personas desaparecidas según los informes recientes, aunque seguro que la cifra es mucho mayor de casos que no se contabilizan oficialmente.

Desaparecer se volvió un verbo muy preciso en México, con su textura áspera y cruel. Se volvió una costumbre normalizada en nuestra sociedad.

No hay otro país en el mundo donde esta palabra tenga este significado. Huele a dolor, a sangre y a urgencia. No debería ser una negación, como la presidenta pierde su tiempo negando la realidad de esta crisis de desapariciones. Hay que dejar estas frustraciones políticas atrás. Y concentrarnos en resolver lo que nos toca frente a la realidad que lamentablemente nos toca vivir.

¿A quién debemos culpar ? Esto es lo que les preocupa a los políticos del segundo piso de la “transformación”. No en resolver la situación aterradora que atravesamos.

Los culpables serían los viejos gobiernos del PRI y del PAN… pero “ ¿acaso no tienen responsabilidad los actuales gobernantes? ¿No deberíamos culpar también a los nuevos gobiernos que se dicen de izquierda progresista?… si no reconocen esta grave crisis que acuchilla a todo un país.

Puede que esta violencia extrema que vivimos sea del narco, de los grupos criminales que operan y gobiernan gran parte del país. Pero, según las réplicas repetidas de la actual administración, la responsabilidad de las desapariciones no le compete al actual gobierno de la 4T. Entonces ¿A quién le compete? ¿no es la actual administración que tiene mayoría en aceptación ciudadana, en congresos locales y federales? ¿No le compete cuidar al pueblo que la eligió?.

No se pueden negar los hechos. Cada día siguen desapareciendo personas, familias completas y se siguen desplazando forzadamente a comunidades enteras como en el estado de Guerrero, Michoacán o Chiapas, por mencionar algunas entidades de la más golpeadas en la actualidad.

¡Ojo! No se trata de un partido o de un color. Se trata de que no es momento de ponerse a argüendar o de pensar en quién tiene más o menos culpa. El hecho es que nos duele esta realidad que vivimos. La desaparición de personas es un hecho que sigue imperando y esta es la realidad que cientos de miles de familias mexicanas vivimos hoy en día en cada rincón de este país llamado México. Y ha llegado el momento de encontrarle salidas.

Una cosa es segura, en el Mundial de los desaparecidos, ya llegamos a la ronda final. Vencimos a Siria en la semifinal. Y ahora estamos compitiendo en la final con Irak, un país destrozado por más de 20 años de un conflicto armado que no acaba. ¿De verdad, éste es el partido que queremos jugar en junio en este país?

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