Fotos: Jaime Quintana Guerrero
“Mete un gol por los desaparecidos”, dice Jorge Verástegui González —quien busca a su hermano Antonio y a su sobrino Antonio Jesús Verástegui Escobedo, desaparecidos en Parras, Coahuila, desde el 24 de enero de 2009—, durante el “Gol por los desaparecidos”, una iniciativa que, en el marco del próximo Mundial de la FIFA 2026, busca “jugar fútbol con motivo de ciertos días, y ahora será el día de las infancias”.

Cada día, 29 menores, niños, niñas y adolescentes, se reportan como desparecidas en la Ciudad de México y el Estado de México, “sumando más de 10 mil 707, en reportes en este pasado 2025”, de acuerdo con la Red por los Derechos de las Infancias México (Redim). El número de desaparecidos y de reportes es creciente, y las familias, organizaciones de búsqueda y colectivos no dejan de movilizarse, mucho menos ahora que se aproxima el Mundial 2026, que se ha nombrado el Mundial del Desaparecido y del Despojo, y por el que se ha reimpulsado la apropiación del fútbol como forma de protesta.
Las cascaritas en México son una tradición popular. Consiste en pintar una cancha, poner dos porterías con el material a la mano, con o sin árbitro y siempre en la calles o en cualquier espacio donde el costo para jugar no sea el pretexto para no hacerlo. En un principio, la pelota era una naranja que se pateaba hasta que la cáscara quedaba muy golpeada, y de ahí su nombre. Después fue una bola de ropa, o una lata, o cualquier cosa que sirviera para anotar un gol.
Los colectivos Hasta Encontrarles, la Glorieta de las y los Desaparecidos y la Redim convocaron a un segundo encuentro para jugar fútbol y, al mismo, tiempo exigir justicia para las víctimas de la desaparición. Esta ocasión, el llamado fue a una cascarita dirigida a niñas y niños en la Glorieta, “para que vinieran a jugar en memoria de las niñas, niños y adolescentes que se encuentran desaparecidas”, dijo Jorge Verástegui de Hasta Encontrarles.

El 26 de abril desde temprano, el gobierno capitalino anunció el cierre de actividades por contingencia ambiental. Algunas actividades sí fueron paralizadas, pero las obras públicas para el Mundial sí continuaron. En la Avenida Reforma también se veían personas corriendo, aprovechando el calor de la primavera y esperando el verano que viene, así como patinadores, ciclistas y motociclistas. Alrededor, las marcas de empresas de agua y refrescos regalaban sus productos.

Esa mañana, frente a la Glorieta de las y los desaparecidos una mujer y un niño, vestidos con los rostros de sus familiares impresos en sus camisetas, comenzaron a pintar una cancha. Un gis blanco señaló la línea circular en la periferia de la glorieta. Los ciclistas dominicales no entienden un bloqueo que, con fotografías en fichas de búsqueda, se opone a su paso. Los deportistas fingen demencia y toman una agua vitaminada por una empresa que hace promoción. Unos más se paran y toman fotos. La “cascarita por la niñez” va a comenzar en un México mágico, después de todo.
La glorieta es un sin número de rostros en un círculo de amigos, familiares, hijos de personas que no se encuentran. Los curiosos e interesados no se dan abasto del infinito número de nombres dentro de una rueda que demanda la presentación con vida de miles de personas desaparecidas. Frente al escenario, el juego inició en la cancha pintada con una línea blanca y acompañada por un cordón de cientos de fichas de búsqueda.
La mujer y los niños eran los que más anotaban. La bola llegaba al final de la línea y uno que otro deportista o ciclista de paso empujaba la pelota otra vez a la escena del partido.

“Hace unas unos días estuvo Volker Türk, el alto comisionado de la ONU para los derechos humanos, y lamentablemente por su política de lejanía con las víctimas no quiso tener un acercamiento con la mayoría de los colectivos de personas desaparecidas. Se llevó sólo una impresión del gobierno. ¿Por qué para el gobierno sí tuvo mucho tiempo, tuvo muchas reuniones con ellos, y en cambio con las víctimas no?”, se pregunta el abogado y buscador Jorge Verástegui.
Mientras continúan los partidos, Verástegui asegura que los colectivos y familiares que buscan a sus seres queridos seguirán su campaña en el marco del Mundial que se aproxima, y que estas actividades son “como una manera de acercarse a quienes les gusta el fútbol. Pensamos en todas las personas que vendrán de otros países, y esto no es para confrontarnos, sino para sumar esfuerzos”.
“Lo que nosotros vamos a hacer durante el Mundial es visibilizar, dar a conocer a las personas extranjeras la verdadera cara de México en materia de personas desaparecidas”, expone el buscador. “Lo que nosotros queremos es que quienes vengan al Mundial no se lleven una impresión errada, como la del señor de la ONU, sino que vean la realidad de lo que está pasando en México, donde hay una crisis de seguridad, una crisis de desapariciones”, remarca.
“Hay un esfuerzo desde el amor y la resistencia de las familias de personas desaparecidas que no queremos confrontarnos con la sociedad, porque ellos no son nuestros enemigos. Queremos hacernos aliados, ahora utilizando el fútbol, que es un deporte que une a nacionalidades, a todo tipo de personas, y queremos que el resto de la sociedad se una a la búsqueda de las personas desaparecidas en México”, concluye el defensor.
En la Glorieta, las cascaritas, con una pelota, una bola de papel, una cancha y líneas chuecas, pero propias, con goles y gritos de demanda, tiene la esperanza de seguir anotando.



