Foto: Jardín de lluvia en Santa Úrsula Coapa, en el costado del Bajopuente se aprecia el mural oficial. (Gerardo Magallón)
Construido en un espacio que la comunidad había utilizado para protestar contra el abortado proyecto de ampliar el Estadio Azteca con torres comerciales, el primer Jardín de Lluvia de la capital mexicana fue presentado por el gobierno como una mejora para los vecinos, sin mencionar que el beneficio mayor lo cosechan empresas privadas, y con el Mundial como pretexto.
La noticia de su colaboración en el financiamiento que hizo Coca-Cola al Jardín fue dada por el mismo grupo empresarial por medio de Azteca Noticias el día de su inauguración, pero fue un dato omitido de la información oficial. De los 22 millones de pesos que se publicó que costó la obra, la mitad fue aportada por la industria mexicana de Coca-Cola, el mayor sistema para embotellar y distribuir bebidas en México.
La obra del Jardín de Lluvia en Santa Úrsula Coapa implicó la construcción de un sistema de infiltración de diez mil metros cúbicos con la instalación de dos grandes colectores y tanques que fueron ubicados dentro del predio del Estadio Azteca: un colector de 5 mil 500 metros cúbicos en el estacionamiento norte y otro en el estacionamiento sur que capta 3 mil 500 metros cúbicos más. El espacio intervenido junto al bajopuente del Estadio, donde se reúnen las vecinas, aporta apenas mil 200 metros cúbicos a ese sistema, con un tercer colector. Es decir: la mayor parte de la recolección de agua de lluvia se hace dentro del predio privado de Televisa.
Además de ocupar el espacio para el jardín —cuya parte accesible para la comunidad se prevé que quede anegada cuando llueva—, el proyecto oficial se extendió hacia los muros del bajopuente con “un gran mural que cuenta la historia de Santa Úrsula”, cuya construcción desplazó a la comunidad que lo usaba para protestar cotidianamente.

Las vecinas relataron a Desinformémonos sobre las variadas intervenciones y denuncias hechas en ese espacio desde 2021, cuando comenzó su resistencia al proyecto inmobiliario del Estadio Azteca, que aún mantiene la concesión de un pozo de agua a Televisa que la comunidad exige que se expropie. Las habitantes compartieron sus registros fotográficos que muestran cómo la protesta social fue desplazada por el mural oficial.
La consigna “Resistencia de los pueblos originarios” que estaba pintada en mayúsculas letras amarillas sobre la roca volcánica es la última imagen registrada, en el Google Maps del sitio, previo a la obra, en junio de 2024. “Historia de un saqueo, seguimos en lucha, Pueblo Santa Úrsula resiste”, dice también.
Ese desplazamiento de la protesta evidenció otra cosa: el uso de campañas mediáticas para acusarles de vandalismo, una vez que fueron privadas de acceder al muro lateral del bajopuente y comenzaron a intervenir un cartel publicitario concesionado a la misma empresa que pagó el Jardín: Coca-Cola.
El Jardín de Lluvia de Santa Úrsula Coapa ha sido señalado por la Asamblea Contra las Mega Construcciones Tlalpan – Coyoacán como una obra hecha para favorecer el Estadio (dado el alto nivel freático de la zona que disminuye su capacidad de infiltración), pues considera que sería más eficaz en el vecino pueblo de San Lorenzo Huipulco, según comentaron con Desinformémonos para el especial Fuera de lugar.
Así, el espacio donde hoy está el primer Jardín de Lluvia de la Ciudad de México, una cuchillita que antes era de concreto, fue impuesto en el sitio que los pueblos de Santa Úrsula Coapa habían reclamado para sí y para desarrollar sus actividades, “como una forma de recuperar las tierras colectivas que en su momento tenían, y que hoy, las usurpa Televisa”, explicaron.
Criminalizar un muro

El último evento que la Asamblea pudo hacer interviniendo donde ahora está el mural oficial fue el 7 de septiembre de 2025, cuando montaron la caricatura de la Tlacuachona, obra de la artista Mucha Mistrust, de ese lado del bajopuente. Ese día, como reportamos para la cobertura mundialista desde abajo, el gobierno había congelado el diálogo con la comunidad organizada.
Dos meses más tarde, el artista gráfico Vlocke Negro se sumó a intervenir el espacio con las consignas de la comunidad, pero su mural fue borrado inmediatamente. Desde entonces, y hasta las vísperas del partido inaugural del estadio, cada domingo intervino el amplio lienzo blanco que sistemáticamente la empresa puso para cubrir su publicidad. Salvo el 15 de marzo último.
La intervención a la publicidad de Coca-Cola ese domingo embozó los rostros de los jugadores, quienes pasaron a defender las consignas “agua para el pueblo” de un lado, y “fut antiFIFA” del otro; en el medio, la frase de la propaganda de la empresa refresquera, que es la principal aliada comercial del Mundial, se convirtió en un mensaje de rechazo y resistencia.
El cartel original de la publicidad fue repuesto al día siguiente, pero su intervención regresó contra la comunidad con una torcida lectura sobre lo ocurrido.
Justo un día antes de que el Jardín de lluvia fuese inaugurado, W Deportes publicó una nota titulada “Murales en Estadio Azteca son vandalizados con grafitis y críticas hacia Claudia Sheinbaum”, en la cual se retomaba la voz de la directiva del estadio repudiando “una acción vandálica que afecta símbolos de identidad nacional”, por la que había presentado una “denuncia formal ante la Fiscalía local”. La nota confundía al lector, pues hacía pasar una marquesina publicitaria de gran tamaño por “murales que reflejaban logros deportivos y eran puntos de encuentro para aficionados y turistas”, según detallaba.
Algunas de las asistentes a la Asamblea Antimundialista de ese domingo comentaron a Desinformémonos que habían sido entrevistadas por el medio que publicó la acusación, pero que no se contempló nada de lo que plantearon respecto a la legitimidad de la protesta.

Consultado al respecto, Vlocke Negro —quien se ha unido a los vecinos de Santa Úrsula Coapa y, recientemente, a los de Parque Lira que lograron evitar la privatización del espacio público para un evento privado— explicó sus motivos para acercarse a estas luchas territoriales:
“Me he estado sumando a estas protestas con el fin de defender el derecho a la ciudad, a habitar esta ciudad por los que somos de acá. He estado participando en el bajopuente del Estadio Azteca, donde se libra una de las luchas más importantes de estos años, porque el Mundial es un evento de carácter global y a nosotros, en Ciudad de México, nos toca defenderla de este capital internacional, que nada más busca desalojar y transformar la ciudad para hacerla más elitista”.
Respecto a las publicaciones donde se les amenaza con judicializar estas intervenciones, el artista respondió que se trata de una forma de desincentivar la lucha social alrededor del Estadio, el Mundial y la defensa urbana del territorio: “Últimamente hemos sufrido de intimidación por parte de medios de comunicación, por las acciones que hemos estado realizando, que siempre han sido acciones artísticas, comunitarias, donde participa la gente de los barrios”, explicó.
“Cuando vamos a Coapa, estamos con los vecinos, y lo que nosotros hacemos es defender nuestro derecho a la manifestación política, social y artística. Creo que estos periodicazos buscan intimidarnos y que nosotros desistamos de nuestras luchas, pero también sabemos cuáles son nuestros derechos: estamos aquí como habitantes de la Ciudad de México, defendiendo nuestro hogar”, concluyó.
Antecedentes de la empresa

Cristian Torres es coordinador del área de conflicto de interés e interferencia de la industria, de la organización civil El Poder del Consumidor, donde se conocen bien este tipo de prácticas. Cuando en el sexenio de Enrique Peña Nieto su organización impulsaba un aumento al impuesto a las bebidas azucaradas, su director, Alejandro Calvillo, fue víctima de espionaje con el software Pegasus. Esta tecnología de guerra urbana, de origen israelí y adquirida por gobiernos únicamente (según la información periodística conocida al respecto), fue usada contra tres de los personajes públicos que lideraban la discusión en contra de los intereses de las refresqueras y de las ganancias desmedidas que Coca-Cola cosecha a costa de nuestra salud.
Luego, hubo un segundo episodio que Torres mencionó como antecedente del accionar de esta empresa que ocurrió en 2025, ante el mismo contexto: cuando El Poder del Consumidor comenzó a promover una campaña para subir el impuesto a los refrescos azucarados.
“Nuevamente todo el conglomerado de Coca-Cola Company, con algunas de sus cámaras comerciales, orquestó una serie de estrategias para tratar de intimidarnos, difamarnos, callarnos y hacernos ver como unos villanos cuando, en realidad, lo que buscamos es impulsar políticas que beneficien el interés colectivo”, dijo Torres, en entrevista con Desinformémonos.
Ambas fuentes (entrevistadas aparte, sin haberse escuchado) identificaron el mismo móvil para las campañas: amedrentar y desestimular las críticas, usando tácticas engañosas y de difamación de la disidencia. Son parte de las mismas estrategias, que funcionan como mecanismos contrainsurgentes o formas de ensuciar la cancha.

“No me sorprende que Coca-Cola tenga este comportamiento de señalar como vandalismo a alguien y manchar su imagen, agarrar cualquier cosa para señalar a quienes están levantando la voz, los vecinos o quienes denuncian las malas prácticas de la Coca-Cola, de la FIFA y sus industrias de alrededor, y los hagan quedar mal ante la agenda mediática”, explicó Torres.
Más aún, este tipo de inversión en obras como el Jardín de Lluvia es cosechada para “lavar la imagen” de la refresquera como una empresa preocupada por el medio ambiente y el cuidado del agua, cuando en cientos de sitios y poblaciones diversas ha sido acusada de lucrar y saquear los recursos hídricos disponibles.
Esto es consecuencia del privilegio y el beneficio absoluto (monetario, publicitario, de injerencia en obra pública e inversión gubernamental) que las empresas de este tipo consiguen durante los eventos deportivos globales, que sólo son posibles gracias a un maridaje con el poder político, que asume sus intereses como generales y busca extrapolarlos a la mayoría. Esta especie de carta blanca que les han otorgado a las empresas para decir qué, cuándo, cómo y quiénes inciden en lo que se hace en un territorio.



