El tercer Mundial de futbol que México albergará ya llama a la puerta. Y con él, los intereses del capitalismo.
En 1970 y 1986, el Mundial atravesó la Guerra sucia y la imposición del neoliberalismo, y sirvió también para justificar una reconstrucción selectiva y dirigida tras el terremoto de 1985. En este 2026, el Mundial parece funcionar como un dispositivo para normalizar otras lógicas: la gentrificación, el encarecimiento de la vida y de la vivienda, pero también —y sobre todo— el despojo del agua potable.
Hay quienes protestan y quienes, en cambio, esperan que el Mundial traiga consigo una bocanada de relanzamiento económico. Escuchando los relatos preocupados de taxistas, conductores de Uber y choferes, queda claro que la Ciudad de México —y el país entero— atraviesa una profunda dificultad económica. Una esperanza que choca frontalmente con el pasado reciente de México y con la experiencia acumulada en todo el mundo: los grandes eventos suelen traicionar sus promesas y garantizar riqueza sólo para unos pocos.
Desde hace meses, en los alrededores del Estadio Azteca, habitantes del barrio y artistas denuncian lo que se esconde detrás de la retórica del gran evento deportivo. Entre ellos se encuentra Vlocke Negro, quien desde hace años utiliza el arte como herramienta de denuncia e intervención comunitaria. Lo entrevistamos.
¿Por qué decidiste activarte con tu arte contra el Mundial de Fútbol?
Hace tiempo que había tenido contacto con la gente de la comunidad del barrio que rodea el Estadio Azteca, que se llama Santa Úrsula. Como toda esta parte de la ciudad, ellos habían visto mi trabajo y me contactaron. Hemos hablado en algunas ocasiones y me contaron que tenían este espacio comunitario para hacer intervención y participaciones gráficas. Ya estaban haciendo unas jornadas gráficas y me invitaron a sumarme.
Cuando llegamos en esta ocasión —que fue la primera de cuatro— había un anuncio espectacular de Coca-Cola. Antes no estaba: era una pared de piedra, pero la publicidad llegó y puso estas vallas enormes. Me habían invitado a hacer la intervención y, platicando con ellos acerca del tema del Mundial, decidimos una frase y la intervención del anuncio de Coca-Cola. Así fue como empezamos, colaborando con la gente de la comunidad. Lo que empezamos a pintar fue también una idea colectiva, entre la gente que estábamos ese día.
¿Qué es lo que más preocupa a los vecinos del Estadio Azteca?
Sobre todo el tema del agua. A pesar de que este año hubo mucha lluvia y los sistemas hídricos están llenos, la distribución nunca ha sido equitativa. Hay un pozo concesionado a una televisora, Televisa. Ese pozo se supone que tendría que surtir de agua a la colonia, pero no es así: siempre hay escasez. Si vas actualmente, te muestran cómo no hay agua en su tubería.
También preocupa el proceso de gentrificación. Están levantando muchos nuevos departamentos y eso va a encarecer la vida en la zona. Hay desplazamientos forzados y desalojos. Es interesante cómo los vecinos tienen este problema con el agua y, al mismo tiempo, Coca-Cola es una empresa que utiliza muchísima agua potable que luego la gente no puede usar.
Coca-Cola tiene una larga historia de extractivismo en México. Somos de los grandes consumidores de esta bebida. En Chiapas, por ejemplo, hay una de las extracciones más grandes de Coca-Cola a nivel mundial, con la empresa en San Cristóbal de las Casas, que utiliza alrededor de 1.300.000 litros diarios de agua.
Acaba de pasar una ley de aguas que intenta regular este tipo de explotación, pero hay concesiones que no se pueden revocar y que están hechas para 50 u 80 años. Es un tema muy importante para todo el país.
Desde tu mirada, ¿existe una doble visión en la ciudad frente al Mundial?
Sí. Por una parte está esta preocupación y esta lucha de los vecinos, pero al mismo tiempo hay sectores de la ciudad que esperan la llegada del Mundial porque creen que va a aumentar el turismo y mejorar la situación económica.
Desde mi punto de vista, hay muchos candados para que esto no beneficie a la mayoría de la ciudadanía. Incluso la FIFA impone restricciones para que no se ejerza el comercio en ciertos kilómetros alrededor de los estadios. Creo que es una promesa falsa pensar que habrá una derrama económica para la mayoría de la población.
La derrama va a ser para quienes ya están posicionados económicamente: grandes hoteles, cadenas comerciales. No va a beneficiar a toda la gente, sino a un sector específico, como hemos visto que ocurre con la economía en general, que beneficia a los sectores más privilegiados.
¿Tú y los vecinos pensaban que alguien iba a borrar el mural?
Sí, sí. Sabíamos que lo iban a borrar, no sabíamos cuánto iba a durar. La primera vez duró 24 horas, la siguiente como 48 horas. Fue muy poco.
En la tercera ocasión el ambiente fue más agresivo: llegó la policía, llegó gente de la empresa del espectacular y cubrieron el anuncio con una gran manta para que pintáramos sobre ella. El ambiente estaba raro, agresivo, así que decidimos pintar sobre la manta, con la idea de regresar las veces que sean necesarias.
¿Cuántos vecinos se están activando en esta lucha?
Es variable. A veces llegan 15 personas, a veces 50. También llega gente externa. Es muy variable, pero recorriendo la colonia el sentimiento es que el Mundial sólo está trayendo escasez de agua.
Además, mencionan que este va a ser el tercer Mundial en México y que la colonia no ha tenido ningún beneficio. Ya lo han vivido antes y no han visto mejoras con estos eventos deportivos, así que esperan que ahora sea lo mismo.
¿Hasta la fecha eres el único artista que se ha movilizado o hay otros?
Siempre llegan varios. Yo he estado más encargado de la intervención grande, pero siempre recalcando que es una intervención comunitaria. Llegan otros chicos que pegan cosas, pintan, hacen otras intervenciones. Sí hay bastantes artistas presentes en esas acciones.
No es la primera vez que utilizas tu arte al servicio de luchas sociales, ¿verdad?
No. Es parte de mi ejercicio como creador. Siempre estoy al pendiente de ciertas situaciones que me afectan a mí. He apoyado otros movimientos sociales como el de San Salvador Atenco, la lucha de Samir Flores, la del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Siempre hemos estado apoyando de manera gráfica, interviniendo y poniendo también el cuerpo. Es algo que hemos hecho desde hace bastante tiempo.
¿Qué significa para ti trabajar con comunidades en resistencia?
Es muy enriquecedor. Tener contacto con las comunidades y con las manifestaciones es de donde recojo mucha inspiración para la creación. Es como un intercambio: yo doy y también recibo. Es un círculo virtuoso que siempre te deja algo. Es algo que siempre me ha motivado hacerlo de manera recíproca.
¿Has tenido la oportunidad de hacer encuentros como estos fuera de México?
Sí. He viajado bastante por América Latina. Conozco casi el 90% de Centroamérica, una región a la que pocas personas van porque se considera poco atractiva para el arte, como si no hubiera proyección. También he estado en Colombia, Ecuador, Perú y Argentina.
Para mí el viaje ha sido una escuela. He conocido a otros artistas de América Latina que comparten técnicas y pensamientos. Ha sido muy enriquecedor. Muchas veces me ha tocado encontrar países convulsionados políticamente y sumarme a los movimientos, y eso también me ha enriquecido mucho.
¿Qué significa para ti hacer arte?
De manera personal, es realizar mis pensamientos y mi manera de ser. Y por otra parte, es compartirlos, tratar de comunicar cosas y compartirlas con otros.
¿Logras vivir de tu trabajo como artista?
Sí, logro vivir de esto de diferentes maneras: dando talleres, vendiendo camisetas, pósters, haciendo murales por encargo. Son muchas facetas. No es sólo una actividad.
Algunas cosas me agradan más que otras. He tenido que hacer trabajos que no son lo que me gustaría, pero que están relacionados con las disciplinas del arte y que me han permitido seguir viviendo de esto, aunque no siempre me llenen.




