Fotos: Gerardo Magallón
El bajopuente del Estadio Azteca ha sido un espacio para la resistencia al “Mundial del Despojo”, como lo nombran los integrantes de la Asamblea Vecinal contra las Mega Construcciones de Tlalpan y Coyoacán. Allí se han realizado eventos deportivos e intervenciones gráficas (que las autoridades borran de inmediato y cada semana vuelven a pintar), pero también se organizan asambleas comunitarias contra los impactos negativos de la Copa del Mundo. Y ahí, en ese mismo lugar, el gobierno capitalino inauguró un nuevo mural para ser el mensaje y la fotografía del México que se quiere presentar al mundo.
El pasado 19 de marzo, la jefa de gobierno, Clara Brugada, abrió el Jardín de Lluvia en el circuito Estadio Azteca, en el exejido de Santa Úrsula Coapa de la alcaldía Coyoacán. Se trata de un modelo de captación de agua que, se piensa, evitará inundaciones y permitirá el aprovechamiento del agua. Pero ese jueves no sólo se presentó una obra hidráulica, sino también un mural que acompaña los 22 millones de pesos invertidos en dicho proyecto hídrico, como parte de las modificaciones urbanas y las preparaciones rumbo al Mundial de la FIFA 2026.
Cristina Híjar, investigadora de artes visuales, explica en entrevista con Desinformémonos que, “como todo lo que ocurre en este país, el mural también está sujeto a una batalla cultural, por los sentidos, por las explicaciones, por la generación de mentalidades, de afectividades, de sentimientos respecto a algo”.

En la Ciudad de México, pero sobre todo en la parte sur, los ciudadanos han visto y vivido “los estragos de todo este maquillaje, que trata de presentar una realidad, cuando la realidad es la falta de agua, el despojo a los pozos de Tlalpan, que ahora son vigilados por la Guardia Nacional, y el desvío del agua de los manantiales a las obras del Estadio Azteca”, explica la también integrante del Colectivo Híjar.
El proyecto de recolección de agua se inauguró con un mural al fondo mandado hacer a la medida. Se mira de frente un jardín y una especie de balcón de plaza, desde donde uno puede mirar y tomarse la foto del mural. La investigadora expone: “es una plaza que en apariencia va a recuperar el agua para alimentar los pozos que ellos mismos han vaciado, en función de intereses comerciales y económicos en zonas donde tradicionalmente no hay agua. Y todo viene disfrazado con este manto de interés y de preocupación social”.
El Mural
Cristina Híjar explica que, para maquillar la realidad y exponer otra, las autoridades también utilizan recursos gráficos muy identificables a la gráfica popular y contestaria, “pero aquí son retrabajados para dar una apariencia de inclusión, de decisión comunitaria”.
No puede faltar, expone dirigiéndose al mural realizado por el gobierno de la Ciudad de México, “por supuesto, la figura o guerrero prehispánico, el elemento natural del Xitle que dio lugar a todas estas colonias y parte de la ciudad. No puede faltar una procesión a una virgen, una milpa, una fiesta comunitaria. Es una instrumentación de símbolos que son realmente comunitarios para expropiarlos y manipularlos en función de objetivos que no tienen nada que ver con nosotros”.
El mural retoma elementos simbólicos con el Tepozán, un gusano medidor, simulando la metamorfosis. También cuenta con escenas de infancias y luciérnagas, lagartijas endémicas como el tecuichi, el volcán Xitle, y termina con el agua y un pozo. La técnica utilizada es esténcil sobre la piedra de los Pedregales.

“Es una batalla ya por lo simbólico”, expone Híjar. “Esta batalla cruza por los recursos económicos con que se cuenta, con las herramientas, con los medios de los cuales nosotros, de este lado de la cancha, sólo poseemos la indignación, la tenacidad, la necesidad de estar”. La investigadora ejemplifica con la resistencia de cada fin de semana en el bajopuente, donde se realiza un mural de protesta junto con retas de fútbol contra la FIFA. Pero las autoridades, dice, “tienen todos los recursos”.
“El discurso social se construye así, se construye con todo esto, de manera que imponen lo que ellos consideran símbolos de la mexicanidad, de un México en paz, y que se complementa no sólo con las palabras y el discurso, sino también con la imagen, con las acciones, como por ejemplo la denominación de ‘Mundial social’, que no sé a qué se refieren o qué quieren decir con eso”, apunta.
Es una manera de querer inventar que este Mundial es el de todos, de un México en paz “que va a recibir gozosamente a millones de personas, y esto necesita ser reforzado por las visualidades. Por eso está este mural no firmado, que no sabemos siquiera quién lo realizó”.

Una batalla cultural
Desde hace meses, los vecinos y agrupaciones de la sociedad civil han realizado actividades culturales en el bajopuente del Estadio Azteca. En esta lucha simbólica, mientras ellos organizan las retas de fútbol AntiFIFA, el gobierno realiza la megacancha. Los colectivos hacen murales cada semana y el gobierno los borra y, además, paga por que le realicen uno con motivos culturales maquillados de la zona. Los vecinos discuten en asambleas sobre las afectaciones que generan las megaobras y el gobierno convoca a vecinos para legitimar sus murales. “Es un tira y afloja que siempre ha existido”, explica Híjar, quien señala “esta capacidad que tiene el gobierno para expropiar lo nuestro con todo su aparato institucional y recursos económicos”.
“No son sólo nuestras tierras y territorios, sino además nuestras imágenes, nuestras fiestas, nuestros símbolos. Es un estire y afloje todo el tiempo, porque ellos saben cómo se construye esta hegemonía, saben cómo construir una mentalidad a modo, cómo erigir ciertos símbolos que necesariamente van a invisibilizar y a desaparecer otros. Por ejemplo, no hay mayor símbolo del México contemporáneo que las madres buscadoras, pero sería el colmo que ellas estuvieran aquí, y no lo iban a hacer, por supuesto”, observa.

La investigadora critica cómo las clases en el poder “hacen todo esta expropiación y apropiación de nuestros símbolos, de nuestros recursos que han sido ganados en las luchas y resistencias cotidianas para ganarlos y usarlos en sus propósitos, evidentemente políticos”.
Híjar reflexiona que esta simulación alrededor del Mundial, que moviliza millones de dólares y de personas, desgraciadamente puede quitar el foco a las reales problemáticas de la ciudad, del país y del mundo entero. Se pregunta: “¿Cómo vamos a coexistir con una fiesta deportiva, según ellos, cuando se está masacrando Medio Oriente, cuando están matando infancias por todo el mundo, cuando están destruyendo y ahorcando a Cuba?”.
El Mundial del despojo cultural
“El Mundial lo que menos tiene es un aspecto deportivo. Es puro interés económico, es erigir a una empresa como la Coca-Cola y darle trato de jefe de Estado, como ha sucedido con los funcionarios de esta terrible empresa depredadora del ambiente”, opina Híjar.
El gobierno mexicano, a través de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), permitió que la Coca-Cola, bebida que causa una de las enfermedades más dañinas en México, la diabetes, realizara “un gol por el ambiente, que consiste en hacernos responsables de la cantidad de basura que va a generar este evento”.
Es decir, se trata de que “todos nos dediquemos a recoger los plásticos y la basura que esto va a dejar, para que entremos en la economía circular. Esa es la invitación. Para que entonces tú te lo lleves a tu casa y hagas bolsas y monitos este de plástico que tú puedas vender”, explicó la experta.

“Todo cuenta y todo alimenta este discurso y la batalla simbólica, que se quiere imponer como de todos, pero que no es de todos”. Y esto, agrega, incluye a Clara Brugada, quien “con falda de tehuana, perrito y aretes huicholes saluda la comunidad de Santa Úrsula y de Santo Domingo, colonias tradicionalmente combativas que se asentaron y construyeron su territorio”.
“Se trata de una simulación, de un embellecimiento temporal. Veremos en unos meses, cuando pase el Mundial, cómo será el mantenimiento de toda esta infraestructura. Habrá alguna que sea buena, como la que se haga en términos de movilidad. Hubo que tener un Mundial para cambiar trenes y arreglar las líneas del metro y señalizaciones, pero habrá otra que será absolutamente coyuntural”, puntualiza la investigadora.
“Indigna que todos estos recursos económicos no se destinen a lo que nos agravia a todos como pueblo, como nación, como país. No nos queda más que estar alertas y estar pendientes de cualquiera de estas manifestaciones y movilizaciones, y participar y apoyar como podamos”, concluye Cristina Híjar, investigadora y defensora de las luchas sociales.




