“Pintan ajolotes pero en Xochimilco los asesinan con aguas residuales”, fue el mensaje que la Asamblea Antimundialista dirigió al gobierno de la Ciudad de México este 17 de mayo con la intervención gráfica del bajopuente aledaño al Estadio Azteca.
Con arte y fútbol, vecinos y colectivos se dieron cita, una vez más, para denunciar los efectos negativos de la Copa Mundial de la FIFA 2026, y reafirmar que no han desistido en la disputa por este espacio que la Asamblea Antimundialista ha ocupado casi todos los domingos desde noviembre del año pasado.
Este sitio, que colinda con el estacionamiento del Coloso de Santa Úrsula, tiene un aspecto muy diferente al que tenía cuando se realizaron aquí las primeras asambleas contra el Mundial. Los vecinos insisten en que el abandono por parte de las autoridades era visible en la cantidad de basura en los alrededores, excepto en la zona cercana al paradero de autobuses, que tenía vida gracias a los comerciantes que ofrecían sus productos a transeúntes y visitantes. Tiempo después, llegaron las máquinas y con ellas el polvo, desplazaron los comercios y fueron reemplazados por decenas de obreros.

Hoy el puente es de color morado y donde se reúne la asamblea pusieron grandes macetas y bancas de concreto. Frente al estadio circula el nuevo tren ligero, decorado con los ajolotes que el gobierno de la ciudad ha usado como emblema de la nueva imagen con la que la capital del país recibirá su tercera Copa del Mundo.
Esta “ajolotización”, término acuñado en redes sociales para esta política de gobierno que ha sido objeto de críticas en semanas recientes, fue el motivo central de la intervención gráfica en el bajopuente: “lo que quiere maquillar Clara Brugada el día de hoy se expresó aquí”, compartió en entrevista con Desinformémonos Natalia Lara, integrante de la Asamblea contra las Mega Construcciones de Tlalpan y Coyoacán.
“Ahorita estamos parados sobre Tlalpan y vemos pasar el tren ligero con este vestido de ajolote muy atractivo, pero tenemos que entender que la ciudad, y sobre todo la ciudad que se apropian los ciudadanos, no es perfecta, no es estética, es deslavada”, señaló Omar Mendoza, docente de la Escuela de Diseño del Instituto Nacional de Bellas Artes, quien acudió a la actividad convocada en el bajopuente, pues su investigación de doctorado se enfoca en educación artística. Para Mendoza, “el diseño se tiene que volver más político y no al servicio de dotar herramientas visuales para el gobierno, sino para generar resistencias”.

Retomando el concepto de “espacio abstracto” planteado por el filósofo francés Henri Lefebvre, Mendoza explicó en entrevista que “el espacio que es geométrico y estético cumple con una imagen institucional de la ciudad” y contrapone esta visión de metrópoli con la que tienen quienes la habitan. Esta imagen, explica, “digámoslo de alguna forma limpia, también le quita el sentido a la ciudad, porque por lo menos la Ciudad de México es imperfecta, es rugosa y desordenada, dentro de ello también se revela mucho de la identidad de las personas que la habitamos”.
“Cuando comienzas a verla de esta forma –una ciudad limpia– tratan de meternos a todos en una caja en la que no cabemos todos. Sobre todo se trata de volverla atractiva para el centro, cuando realmente son las personas de las periferias las que le dan vida”.
Uno de esos habitantes de los que Mendoza refirió es Ricardo Cortés, músico de 39 años que caminaba este domingo por la Calzada de Tlalpan con su perro Chespi, un chihuahua vestido con una playera de la selección mexicana, cuando se encontró con la protesta del bajopuente y decidió sumarse a la intervención gráfica debido a su gusto por la pintura. “Iba pasando y me gustó este rollo que veo, están dibujando y pues me late expresarme, cada cabeza es una ideología”, dijo.

Ricardo vive cerca del Estadio Azteca y desde joven lo considera casi como un segundo hogar, pues recuerda con cariño los partidos del América a los que asistía junto a La Monumental, la barra del equipo icónico de Coapa: “soy apasionado del fútbol pero no soy apasionado de que hagan esas prácticas”, comparte en referencia a la implementación de la nueva imagen que el gobierno de Brugada está dando a la ciudad. “Aparte de todo, ¡es dinero! No tenemos ni agua, tenemos baches en toda la ciudad y como para que pintes bien chingón nada más porque es el momento, como que no late, mucha gente está enojada”, señaló.
Además de las consignas contra el despojo de agua y de territorio, así como las que señalaron el fascismo de Donald Trump y la FIFA, muchas de las pintas recogieron las exigencias y demandas del movimiento de madres y familias buscadoras, pues además de que la crisis de desapariciones forzadas es uno de los principales reclamos al gobierno ante la llegada del Mundial, en fechas recientes familias buscadoras de la ciudad realizaron una pega de fichas en los alrededores del estadio y, en el bajopuente, intervinieron con ellas el anuncio de la empresa Coca Cola. La intervención fue retirada poco después de que fue realizada.

A 24 días del inicio de la Copa del Mundo, la comunidad de Santa Úrsula Coapa se prepara con un antimural en respuesta a la construcción del Jardín de Lluvia de Coapa, obra insignia de las remodelaciones en los alrededores del Estadio Azteca y que fue financiado por la empresa Coca Cola.
Ante la denuncia de la imposición del mural que acompaña el jardín pluvial, habitantes de Santa Úrsula se han organizado para el diseño colectivo de una lona de 57 metros de longitud por cinco de altura con la que pretenden cubrir el mural oficial y mostrar una narrativa propia de su comunidad, en la que se cuente su historia de lucha contra el gobierno y por su reconocimiento como pueblo originario de la Ciudad de México.



