Fotos: Axel Hernández
Al cumplirse siete años del asesinato del defensor de los derechos de los pueblos, Samir Flores Soberanes, en Amilcingo, Morelos, en la Ciudad de México retumbó el llamado a las calles hecho por el Congreso Nacional Indígena (CNI) y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Con arte, música y consignas, se articularon los dolores —y también las alegrías— de un movimiento que defiende al fútbol, pero rechaza a la FIFA.
A la convocatoria para conmemorar su vida —a siete años de su asesinato— que hizo la comunidad otomí residente en la casa que lleva su nombre, Samir Flores Soberanes, se sumó el impulso de Virikuta Balonpié, un cuadro de fútbol fundado por activistas quince años atrás —cuando todavía eran estudiantes y se reunían en los entornos de la alberca olímpica—, dándole un novedoso formato al evento.
“Ya teníamos la idea de usar el fútbol para convocar a los movimientos y por fin se dio, y en una semana dijimos “¡sumémonos!””, contó en entrevista con Desinformémonos Jerónimo Díaz, geógrafo e integrante del Virikuta, mientras observaba el partido desde la línea de cal trazada ad hoc para el evento.
Así nació “Retas por Samir”, una actividad que respondió al llamado hecho por el CNI y el EZLN para levantar la voz y exigir justicia para el compañero, padre, esposo, comunicador popular, profesor de la educación autónoma y defensor del territorio nahua asesinado en 2019, a sus 36 años, debido a su oposición al Proyecto Integral Morelos.
Con estas palabras lo recordó Raúl Romero, integrante de la Red Universitaria Anticapitalista, quien armó la reta: “desde la Red, pero fundamentalmente desde varios equipos de fútbol, buscamos sumarnos con un poco de fútbol popular, entonces lanzamos la convocatoria y tuvimos una gran respuesta de gente que nos dijo que no se opone al deporte, se opone a la FIFA y a este Mundial”, contó en entrevista con este medio.
“Hacer esto es también una forma de seguir jugando al fútbol, y a la vez protestar por el asesinato de Samir y por este modelo económico que se sigue implementando en la ciudad, que apunta a la gentrificación y a la limpieza social”, explicó.
Esta propuesta recupera la práctica de un deporte que aman, pero que está secuestrado simbólicamente por la propaganda hacia el próximo Mundial de fútbol de la FIFA —que comienza en México este 11 de junio— y se logró gracias a una convocatoria abierta para que, quien llegara y quisiera entrarle, tuviera con quien hacerlo.
Consiguieron las casacas para distinguir a los dos equipos, trazaron las líneas de cal sobre la plancha del Zócalo y se pusieron a jugar.
La guerra vs. la semilla

Las compañeras de la comunidad otomí que llevaron la voz en el evento cultural donaron los premios para los ganadores de los tres primeros lugares de la Reta: bonitas muñecas Ar Lëlë vestidas de rojo y negro, confeccionadas por ellas mismas, producto del arte que cultivan y producen.
Pasadas las once de la mañana, la actividad comenzó acondicionando el sitio donde está el busto de Samir, para ponerle una ofrenda en la esquina del Zócalo que han tomado los antimonumentos: está el de Mauricio Aguilar Leroux, y un nuevo tótem vertical con múltiples retratos y fechas que señalan los inicios de cada búsqueda de desaparecidos.
“Este evento es parte de la solidaridad que se ha generado desde el asesinato de nuestro compañero, con estas voces uniéndose para exigir castigo a los culpables y exigir justicia para el pueblo de Amilcingo, en su lucha contra el Proyecto Integral Morelos y en especial contra el gaseducto; por el derecho a la libre determinación y la autonomía de la comunidad”, dijo en entrevista Samantha César, integrante del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua Morelos Puebla Tlaxcala (FPDTA-MPT) que Samir integró en vida.
César destacó la importancia de la articulación de distintas luchas en el evento, ya que las demandas convergen en exigencias claras y comunes: “aunque parezcan diferentes, son las mismas. Demandamos respeto, demandamos justicia y demandamos el derecho a decidir sobre nuestros territorios”, afirmó en diálogo con este medio.
Entre los reclamos por el acceso a una vivienda digna que sostiene la comunidad otomí, a la exigencia por la libertad de Francisco Moreno Hernández —miembro del CNI detenido en Chiapas— o la palabra compartida por el colectivo Lirios Buscadores, integrado por familiares de personas desaparecidas del municipio de Cuautitlán Izcalli se fueron trenzando esas coincidencias. “Ninguna lucha debe ser aislada, a nosotros nos tomó tiempo entender esta consigna, asumirla, por eso hoy estamos aquí”, expresó Narayani, una de sus integrantes. También se escuchó la voz de las vecinas de la Ciudad de México pioneras en la defensa territorial urbana en la megalópolis, como Doña Fili, matriarca de la lucha por la vida en los Pedregales de Coyoacán.

“Samir se multiplica en cada uno de nosotros, en las actividades que hacemos aquí y en las que se hacen en Amilcingo, porque sabemos que él se sembró en aquella tierra de Morelos, aquella tierra de nuestro general Emiliano Zapata. Esa tierra lo recibió en sus entrañas pero aquí también se multiplicó. Aquí tenemos su busto en el Zócalo y cada mirada de un funcionario que lo reconozca recordará su asesinato vil y la rebeldía que resurge en cada uno de los que estamos presentes en este evento”, compartió Elena López, de la colectiva Yaocihuatl Pedregales, defensora del agua y la vida como integrante de la Asamblea vecinal que, en 2016, sostuvo por primera vez en la capital mexicana un plantón para denunciar el daño ambiental causado por una inmobiliaria feroz: Quiero Casa.
“Hoy también estamos resistiendo con la cascarita antimundial, resistiendo ese mundial criminal de la FIFA, como nos lo enseñó nuestro compañero Samir, a quien le mandamos abrazos hasta la eternidad, para que nos mande fuerza para seguir esta lucha por la verdad y la justicia para todos los pueblos”, expresó tiernamente Elena.
El llamado del EZLN tiene un énfasis especial en denunciar esta política de guerra no oficial, entablada contra los pueblos originarios. “Los zapatistas y el CNI llevan varios años hablando del capitalismo como un sistema de guerra contra los pueblos. Han insistido en que la guerra ya no se usa para conquistar territorios, sino para expandirse y reproducirse. Es decir: que la guerra ya no es un medio, sino un fin en sí misma”, explicó Raúl Romero, profundizando en este delicado asunto.
Ese mecanismo de la guerra como fin en sí misma, que se sostiene en el sometimiento de poblaciones y territorios a su destrucción y despoblamiento, para luego encargarse (y vender) su reconstrucción y ordenamiento territorial, resuena con lo que se pretende hacer en Gaza, tras diezmar a su población con un genocidio que lleva tres años: “el anuncio de la construcción del proyecto Nueva Gaza, en Davos (a fines de enero de este año), coincide completamente con esa lectura que nuestros compañeros zapatistas hicieron en 1997”, apuntó.
En México, esa política se refleja como una “guerra por los territorios”, dijo Romero, que de igual manera provoca desplazamiento, despoblamiento y despojo. “Aquí se contruyen megaproyectos como el Tren Maya, el Corredor Interoceánico o el Proyecto Integral Morelos al que se opuso Samir, que reordenan el territorio según indique el capital, para hacerlo funcional a las lógicas del sistema. Aquí incluyo al sector turístico y su encarecimiento de la vivienda y los servicios”, apuntó.
Sea, tal vez, la más delicada situación dentro de esta guerra para sí misma, la que enfrentan las familias de personas desaparecidas, quienes han convocado a una masiva manifestación pacífica durante el partido inaugural en el antes llamado Estadio Azteca.
“En ese sentido, este es un sistema doblemente criminal y eso necesita una cierta garantía de operación, que es la impunidad que brindan los estados y gobiernos de distintos países. En el caso de México, a pesar de la transición de un partido a otro, la impunidad se mantiene con índices altos en la mayoría de los casos”, apuntó. El asesinato de Samir es uno de ellos.
Una patada en la cara del balón

Mientras las retas se jugaban una tras otra bajo el tórrido sol que pegaba de lleno en el mediodía del sábado 21 de febrero, con aerosoles, el artista gráfico Vlocke Negro intervenía camisetas con leyendas que reflejan la desconfianza hacia la empresa que organiza los Mundiales: “FIFA go home”, decía. “Fuck ICE”, también.
“Hoy traje unos balones intervenidos con máscaras de Donald Trump, donde a manera de tatuajes en la cara puse consignas acerca de lo que está ocurriendo en Ciudad de México con el despojo, el agua, y puse el nombre de Samir, como un intento de que la gente juegue con estos balones, y que el arte se muestre de otra manera, no solamente gráfica. Lo que busco es que la gente interactúe con el arte”, contó en entrevista con Desinformémonos.
Y lo logró: la pelota de Trump fue despertando carcajadas y patadas de aquí para allá, fotos increíbles, en una merecida descarga colectiva que ridiculizó al tirano. “Vlocke le dio en el clavo con la imagen de Trump en el balón, porque creo que todos los que estamos jugando este torneo compartimos las ganas de patearle la cara”, agregó riendo Jerónimo Díaz.
Con una extensa trayectoria de estudio sobre las dinámicas de gentrificación de la Ciudad de México por más de una década, Díaz planteó una manera distinta de analizar este momento, para sopesar la injerencia que la presión inmobiliaria y turística efectivamente lograron frente al megaevento deportivo que se viene:
“Creo que se le ganó a los capitalistas que querían usar el Mundial para construir nuevos polos de desarrollo en la Ciudad de México. Alrededor del Estadio Azteca hubo proyectos monumentales que querían hacer hoteles, plazas comerciales y eso se derribó hace tiempo. Los capitales no lograron articularse como en otras ciudades, y aunque la FIFA sí va hacer su negocio, los capitalistas no han tenido cómo reorganizar la ciudad a partir de este evento. Hay que saborear esto como una victoria, considero que hemos resistido bien en la Ciudad de México”, concluyó.




