La plaza Tlaxcoaque y el comienzo de la Calzada de Tlalpan concentran la mayor inversión pública de cara al Mundial de Fútbol en la Ciudad de México. Al conflicto surgido por la pretensión de modificar un sitio de memoria declarado hace cuatro años —planteado por los sobrevivientes de la represión de los años 70— se suma en este reportaje otra voz comunitaria: el reconocimiento que exigen los jugadores de Ulama que, desde la pandemia, ocupan el espacio para mantener viva la tradición del juego ancestral.
“Este es el primer juego en equipo del mundo. Tiene 3 mil 800 años de antigüedad y recrea el movimiento de la vida. Fue el primero en conjugar a varias personas para practicarlo y nuestros abuelos eran tan sabios que lo crearon con un material que luego movió todo”, explicó a Desinformémonos Daniel Chávez, uno de los jugadores independientes de Tlaxcoaque.
Chávez refiere al uso industrial que posteriormente se le dio al hule en múltiples formas: las llantas, las bandas de motor, su goma se usó hasta para transbordadores espaciales: “El hule fue lo que hizo el movimiento del mundo, permitió el transporte, los aviones, las máquinas de la revolución industrial. El hule fue un factor de movimiento y, según la leyenda, fue lo que hizo al mundo girar”, explicó.
El mito narrado en el Popol Vuh indica que los gemelos heroicos Hunahpú e Ixbalanqué crearon el mundo a través del juego de pelota, en un partido contra la obscuridad, del que surgió la luz. “Después de tantos años, el juego de pelota está regresando y es un orgullo ser parte de ese movimiento”, apuntó.
“Más que un deporte, yo lo definiría como una interacción social entre la gentes que participan, que buscan entre todos que el movimiento sea continuo para que no se estanque el juego”, aportó Daniela, otra de las jugadoras independientes de Tlaxcoaque, en diálogo con Desinformémonos.
Sin embargo, ninguno de estos puntos, ni su peso cultural, han sido considerado en las afectaciones causadas por las modificaciones que se pretenden hacer en este espacio, y que provocarían el desplazamiento forzoso del sitio que, desde el mundo prehispánico, albergó al Tlaxco que daba ingreso a la Gran Tenochtitlán.
Festival en comunidad

“Queremos que se nos reconozca como un movimiento independiente y que seamos considerados en este espacio con una infraestructura digna. Estamos en la lucha para que no se nos desplace de aquí”, apuntó Daniela, en diálogo con este medio.
Para eso, convocaron al Festival Macuilxóchitl en Tlaxcoaque, donde jugaron durante tres días en equipos mixtos que fueron sorteados previamente y convocaron a una larga comunidad de “guardianes de las tradiciones” para acompañar el evento con sus prácticas culturales. El tendido del tlalmanalli (ofrenda) durante la mañana abrió el espacio para la ceremonia de apertura a la danza, el Xocuahupatolli (acrobacias), al taller de lengua náhuatl, de Pohual Kaan (matemática), de Kinam (yoga tolteca) y hasta un taller para la elaboración de elaboración de hule.
La jugadora explicó que la intención del evento que les lleva a alzar la voz es difundir la práctica y el espacio, como parte de esa máxima que sólo puede defenderse lo que se conoce. También porque buscan dejar de lado la lógica competitiva que a veces se le quiere imponer al juego:
“Buscamos cambiar las lógicas de los torneos a los que nos han invitado, donde se divide a los deportistas experimentados de los jugadores con una perspectiva elitista. Aquí se hizo una tómbola para que todos, con distintas experiencias, podamos ir aprendiendo de todos”, contó.
En Tlaxcoaque convive una comunidad autogestiva, con una nutrida participación y una lógica interna de organización amplia, sostenida por los propios jugadores y jugadoras que han convertido el sitio en el espacio más importante de juego de cadera independiente de la capital.
“Es una plaza pública, cualquiera puede llegar y aprender desde cero, por eso la comunidad de jugadores es grande, pero, según calculamos, existen entre 15 o 20 equipos en Ciudad de México que juegan ulama y aquí organizan sus torneos”, explicó Daniela.
Según los planos que la comunidad ha podido consultar, la construcción prevista para la Universidad de las Artes no generaría el desplazamiento del Tlaxco, pero la ciclovía sí. “Según los planos que conocemos, la rampa de la ciclovía puede alcanzar mucha velocidad, y va a bajar justo aquí en el Tlaxco, en la cancha principal. Si eso sigue en pie, ya no podríamos jugar aquí”, señaló.
Recuperar el juego

El grupo independiente de jugadores llegó a Tlaxcoaque en la pandemia, tras perder la posibilidad de reunirse en el Zócalo como lo hacían usualmente. Daniel Chávez fue uno de los protagonistas de esa historia, quien practicaba danza mexica y se interesó en abrir su trabajo como artesano a la confección del hule. En el fondo, dice, esa inquietud también fue una lucha contra la gentrificación del juego, al que sólo accedían quienes tenían el poder adquisitivo suficiente para hacerse del hule.
“Empezaron las inquietudes en hacer las pelotas, porque eran muy caras. La mayoría venimos de clase media-baja, y nos era imposible pagar 15 mil pesos por una. Eso nos entristecía, porque estaba fuera del alcance de todos. Por eso empezamos a hacerlas, para que esto creciera y se pudiera compartir entre todos”, contó en entrevista con este medio.
“Queremos visibilizarnos y que se nos asigne un espacio, que se piense en nosotros que hemos sido foco de cultura subversiva, autogestiva y que no les pedimos nada. Solamente un espacio para que podamos continuar con nuestras actividades, seguir compartiendo esto tan bonito que son nuestras raíces y que se ha rescatado, porque estuvo a punto de desaparecer. Afortunadamente, muchos compañeros se han unido para practicarlo y seguirlo difundiendo”, señaló.
Daniel es reconocido como un maestro por esta labor, pero él dice que los maestros están en Sinaloa: “las familias de allá conservaron la técnica de cómo hacer una pelota, ellos tuvieron esa fortuna y la decisión de resguardar ese conocimiento. Ellos siempre van a ser maestros de todos nosotros, pase lo que pase”, recordó.
En diálogo con Desinformémonos explicó que a partir de un contacto personal con los artesanos de Sinaloa, y también en Xcaret, Playa del Carmen, “se hizo una unión muy bonita, porque fuimos aprendiendo de todos. Mucha gente me apoyó para poder alcanzar una buena calidad, porque al principio me quedaban chuecas, pero se logró y ahorita me gustan las pelotas que elaboro”, contó durante el taller en Tlaxcoaque que impartió para incentivar al resto a replicar el trabajo.
Esa práctica de compartir el conocimiento de forma abierta, gratuita y autogestiva está en la base del colectivo que juega en Tlaxcoaque cada semana, miércoles y viernes, todas las tardes.
Martín Torres fue el encargado de brindar el taller para principiantes en el Festival, como un jugador experimentado. “Ya van mas de seis años que hermanos empezaron a tomar el espacio para la práctica del ullamaliztli y siempre hemos sido un grupo independiente y a disposición de respaldar a cualquier persona que esté interesada. Tanto hombres como mujeres son bienvenidos, y podemos trabajar colectivamente”, contó en entrevista.
El juego es fuerte y hay una cosmovisión dentro de él: “el hule es Tonatiuh (el sol), por eso el juego es elevar el hule. En cuanto el sol cae, tu tarea es hacer que se vuelva a levantar”. En esta modalidad, el hule se golpea únicamente con la cresta ilíaca y requiere de un importante trabajo físico y psicomotriz, de resistencia corporal y mental para mantenerse dentro del juego.
La enseñanza comienza, explicó, con hules más pequeños que pueden llegar a pesar un kilo (todos son distintos, dado el trabajo artesanal para su elaboración) y conforme va aumentando la capacidad de los jugadores, se aumenta el peso del hule con que se juega.
“Estamos defendiendo el espacio con nuestro trabajo en colectivo, en comunidad, porque esta es la herencia que nos dejaron los antepasados. Nunca se perdió nada, todo sigue vivo acá y ahora nos toca a nosotros seguirlo defendiendo, como hace 500 años, con nuestros usos y costumbres. Llevar el mensaje a toda la población para que podamos seguir resistiendo entre más personas”, concluyó.
El epicentro de los cambios

“Creo que hay que saborear las victorias de que en Ciudad de México no se ha logrado, como en otros lugares, hacer estos grandes proyectos urbanos donde varios capitalistas coordinan sus inversiones con el gobierno, que también le entra. Considero que en la capital hemos resistido bien”, apuntó Díaz.
Si seguimos la lectura que ha planteado el investigador Jerónimo Díaz, respecto al triunfo que significa para el movimiento social haber evitado que los grandes capitales inmobiliarios no hayan logrado reorganizar la Ciudad de México a su gusto con el pretexto del Mundial, quedan fuera los dos grandes proyectos gubernamentales que sí están causando conflictos y desplazamiento para quienes la habitan cotidianamente.
Así, la construcción de la ciclovía y de un confuso segundo piso sobre Tlalpan, del cual se ha dado aún menor difusión de un proyecto “que se parece al corredor Chapultepec”, apuntó Díaz, avanza sigilosamente en su concreción antes de junio. “He buscado información y no se explica nada, aunque está teniendo un gran impacto sobre la movilidad en toda la ciudad. Pero sigo creyendo que hay que celebrar que los capitalistas no lograron hacer su negocio aquí”, apuntó.
La construcción del segundo piso provocó que, desde inicios de este mes, las tres primeras estaciones sobre la Calzada de Tlalpan que son parte de la línea 2 el metro capitalino —que permite el enlace requerido para llegar en transporte público hasta el Estadio Azteca— se cierren cada día a las diez de la noche, lo que obliga a que el traslado se haga por fuera, en camiones de RTP, y alarga el tiempo de trayecto de los usuarios. Los domingos no hay servicio.
Además, se conoció que en la noche del pasado 18 de febrero un hombre de la tercera edad murió al descender del camión RTP debido a las obras de preparación de cara al Mundial en el centro de la Ciudad de México. Pasadas las diez de la noche, esta persona tropezó al bajar del camión y cayó de cabeza sobre el asfalto de la nueva ciclovía, a la altura de Xola.
Según datos compartidos a mediados del año pasado por la Secretaría de Obras y Servicios, el gobierno anunció que sólo para acondicionar el pedazo de la calzada elevada sobre Pino Suárez preveía una inversión de 2 mil millones de pesos del erario público (más de cien millones de dólares).
Eso no contempla lo invertido en la construcción de la ciclovía, la cual también está previsto que desemboque en este mismo espacio en Tlaxcoaque. Llamada “Gran Tenochtitlán”, la ciclovía tendría una rampa de alta velocidad para bajar y subir en esta zona, por encima de donde hoy está el paso a desnivel para la circulación automotriz. Para las obras se destinarían —según la información publicada en la prensa— otros 115 millones de pesos mexicanos (7 millones de dólares).
Además, el gobierno capitalino anunció que construirá una Universidad de las Artes, para la cual prevé un tercer desembolso de 390 millones de pesos (23 millones de dólares) para la demolición de las viejas instalaciones de la plaza, y la construcción de 14 mil 200 metros cuadrados en el espacio, dedicados a la universidad.
Sin embargo, en Tlaxcoaque se cruzan múltiples sentidos y sensibilidades históricas que buscan su reconocimiento y, también, una alternativa a su desplazamiento.
Los integrantes del Comité Eureka, histórico en la defensa de los derechos de los presos políticos y desaparecidos por razones políticas de la lucha contrainsurgente de los años 60 y 70, fueron los primeros en expresarse “sorprendidos y azorados” ante estas pretensiones gubernamentales, pues desde el 2 de octubre de 2022 Tlaxcoaque fue declarado un sitio de memoria por su pasado como centro clandestino de detención y tortura, el cual forma actualmente parte de carpetas de investigación que siguen abiertas en la justicia.
“Declarar un lugar como sitio de memoria no es una acción pasajera o del momento político que se está viviendo. Es el compromiso de quien lo hace con la sociedad y el mundo, para esclarecer la verdad, recuperar la historia y garantizar la no repetición del delito. Tlaxcoaque, el edificio que albergó a la dirección federal de policía y tránsito, es sitio de memoria y ya está integrado a la Red de sitios de memoria latinoamericanos y caribeños junto a otros 50 lugares, en más de 13 países”, apuntaron.
Estos tres proyectos convierten a Tlaxcoaque en el epicentro de la inversión pública y la zona más afectada de la Ciudad de México de cara al Mundial 2026. Los jugadores de Ulama independientes exigen que se reconozca su participación en la mejoría que el espacio ha tenido el tiempo que llevan allí, y que su permanencia sea garantizada con un tlaxco en buenas condiciones, donde puedan seguir jugando.




