Fotos: Gerardo Magallón
En la Glorieta de las y los desaparecidos, la cascarita se organiza en un abrir y cerrar de ojos. Mientras alguien traza con un gis blanco los límites de la cancha, que no quedan muy cuadrados pues siguen la curva de la calle; otro alguien define las reglas del juego: cada equipo tendrá siete integrantes. Hombres, mujeres, niños. No importa. O más bien sí. El chiste es que todos participen, que todos jueguen: familiares buscadores y activistas. Todos juntos. Y también los asistentes. Que todos se sumen.
Lo de menos son los goles. Tres por partido. En realidad, no se trata de ganar o perder sino de dejar bien claro que México, que se pretende buen anfitrión para el Mundial de Futbol, es una fosa clandestina: hay más de 133 mil desaparecidos -pero que en realidad bien podrían ser el doble o el triple pues cada día la cifra crece- y que las familias buscadoras reiteran su respaldo total al Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU pues la vigilancia internacional es su (nuestra) única garantía de verdad.
Jorge Verástegui González, hermano y tío de dos jóvenes desaparecidos en Coahuila, lee el comunicado de las familias buscadoras. Lo lee a capella, a grito pelón, en medio de un silencio total, en medio de cientos de celulares, grabadoras y cámaras tendidas hacia él. “A exactamente dos meses de la inauguración de la Copa Mundial de Futbol 2026, México se prepara para ser el foco de atención global. Mientras el Estado se alista para celebrar en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, miles de familias seguimos recorriendo el país. Para nosotras no hay juego posible mientras falten más de 130 mil personas. Hoy anunciamos el inicio de nuestra campaña nacional e internacional: “Hagamos que suceda. Hasta encontrarles”.

“[…] La presencia de la ONU -explica- es el resultado de la lucha ante la incapacidad técnica y política del gobierno del estado mexicano que no ha podido frenar los crímenes de lesa humanidad que siguen ocurriendo.”
Hace unos días, Desinformémonos publicó información donde se ve por qué el Comité contra la Desaparición Forzada decide llevar la urgente situación de México a la Asamblea General de la ONU: se basa en años de evaluación e intercambio con el Estado mexicano sobre la comisión de desapariciones forzadas en el país y las acciones adoptadas frente a ellas:
En el 2008 México ratificó la Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas, de la ONU. En 2015, en su primer informe sobre México, el CED reconoció que las desapariciones son generalizadas y se llevan a cabo en gran parte del territorio. En el 2019, el CED emite Observaciones de Seguimiento a su evaluación inicial. Reconoce la creación de la Ley General en la materia, pero lamenta que impere la impunidad. En el 2021 el CED visitó por primera vez México y se reunión con víctimas, organizaciones y autoridades de 13 estados.
Verástegui prosigue: “Hoy regresamos a la Glorieta a reparar la Jardinera de la Memoria que se colocó y fue dañada por sujetos desconocidos. Entendemos a la Glorieta y sus jardineras como un recordatorio vivo de las omisiones del Estado. Quienes vandalizan estos sitios, intentan borrar su propia responsabilidad y la de un gobierno que prefiere ocultar las desapariciones y ocultar los rostros de nuestros desaparecidos. No entienden que nuestra memoria es fértil.”
Por décadas a este lugar se le conoció como la Glorieta de la Palma. En el 2022 se quitó la palmera que se había irremediablemente secado y se le sustituyó por un ahuehuete que no prendió y luego por otro, que ahí va. El 8 de mayo de ese mismo año colectivos de familias buscadoras renombraron el sitio como Glorieta de las y los desaparecidos y colocaron centenares de fotografías de sus hijos, hermanos, madres, sobrinos. Las autoridades las quitaron y los activistas las volvieron a poner. Un estira y afloja entre las ganas de borrar a los desaparecidos y la persistente voluntad de la memoria de visibilizarlos y de acceder a la justicia.

Hoy todavía yacen en el piso fotografías desgarradas. Como si la desaparición no fuera de por sí un crimen de lesa humanidad, la destrucción de las imágenes de los rostros acompañados por sus nombres y fecha de desaparición, lastima.
En el Paseo de la Reforma los antimonumentos dan cuenta de una larga serie de agravios. Ello no impide que sea el recorrido dominical para muchas familias con sus niños, con sus perros; que se reúnan cientos de ciclistas a pedalear como si vivieran en el mejor de los mundos posibles. No faltan los cuates con el torso desnudo que se paran a media calle para que los vean, para exhibir su cuerpo esculpido en el gimnasio.
En las bardas que rodean al ahuehuete que para unos es el guardián de las y los desaparecidos se han colocado fichas de búsqueda impresas en cuatro hojas tamaño carta para hacer el rostro, el nombre y la fecha de desaparición más visible. Las recientes lluvias han dañado el papel que se despega en las esquinas y deja ver, bajo esa primera ficha, otra abajo.
Aunque es domingo, un banner de la Bolsa Mexicana de Valores informa que el franco está hoy a 21.979; el real brasileño, a 3.408 y el yen, a 9.162, que la temperatura es de 21 grados centígrados. Casi enfrente está el antimonumento +65 que recuerda a los 65 mineros que murieron en el derrumbe de la mina de carbón Pasta de Conchos, en Coahuila, el 19 de febrero de 2006. “Miles de mineros laboran en condiciones infames e inseguras”. Los hechos recientes prueban que sigue sucediendo.
En la cancha de futbol han escrito “Hasta encontrarles”. Los jugadores usan un brazalete verde claro y uno oscuro para reconocerse. En un equipo juega Matías, de cinco años de edad y auténtica pasión futbolera. Desde antes que saliera el sol ya quería venir. Corre, patea la pelota, suda. Gana su equipo y él quiere participar en la siguiente reta. Cristina, su abuela, lo mira. Verónica, su tía, lo admira. Alberto, su bisabuelo, lo acompaña, Alberto, su padre, es su cómplice. Vuelve Matías a la cancha, corre, patea la pelota, suda, gana y quisiera que después lo lleven al mercado. Su familia, los Híjar, de por sí entusiasta, aguerrida, enjundiosa, siempre al lado de las mejores causas, no entiende de dónde saca el niño tanta energía.

Domingo bicicletero en Reforma. Hay servicios de salud, venta de accesorios para la bicicleta y también para ciclistas, se venden aguas, refrescos, galletas y lentes oscuros. Un puesto de Locatel se instaló junto a las vallas con las cientos de fichas de búsqueda. Parece una burla, una mentada.
Sheimbaum Pardo ha rechazado categóricamente el informe de la ONU y niega la gravedad de las desapariciones forzadas. Supone que al reducir las cifras a menos de una tercera parte deja de ser grave la crisis humanitaria. Sólo quiere tomar en cuenta las que tienen una denuncia formal.
Las familias buscadoras consideran esto como una segunda desaparición. El abogado Sandino Rivera nos recuerda que las acciones de búsqueda son una obligación permanente por parte del Estado y un derecho de las víctimas.
Para las familias buscadoras una cosa es clara: los funcionarios duran en su puesto cuando mucho seis años. Ellas, ellos, seguirán buscando a los suyos hasta encontrarles. La razón es simple: los buscan porque los aman. Entretanto han advertido que se harán más y más visibles, sobre todo en las ciudades donde se llevarán a cabo los partidos del Mundial del futbol.




