Partidos de fútbol en contra del genocidio se jugaron el pasado 26 de marzo en unas canchas públicas de la colonia Santo Domingo, en la alcaldía Coyoacán. El cierre del torneo Intifada AntiFIFA, una iniciativa política y deportiva de la Asamblea Interuniversitaria y Popular por Palestina, fue celebrado en una pequeño complejo deportivo ubicado entre la avenida Delfín Madrigal y las vías del metro Universidad, en las cercanías de Ciudad Universitaria.
Con un formato de “retas populares”, en las que se integraron equipos locales conformados por jóvenes, la Asamblea concluyó este torneo de cuatro semanas pensado para llevar el antisionismo a canchas públicas y universitarias del sur la Ciudad de México.

A un día de la inauguración del renovado Estadio Azteca, la Asamblea Interuniversitaria y Popular por Palestina se posicionó, a través del fútbol, en contra de la FIFA y su Mundial, señalando que esta institución está estrechamente vinculada al sionismo, a Donald Trump y a sus planes de “reconstrucción” de la franja de Gaza. Así, jugando fútbol y ondeando banderas de Palestina, las y los estudiantes y trabajadores de esta asamblea denunciaron la complicidad de la FIFA con el genocidio.
“Usar el deporte es una forma innovadora para compartir este tipo de información, tanto de política nacional como internacional, como es el caso de Palestina, y con ello también mostrar que México, o al menos una parte de él, está a favor de que se detenga el genocidio”, compartió Miguel Cervantes, uno de los integrantes de la Asamblea que acudió a jugar fútbol semana con semana. En entrevista, hizo un recuento de este torneo: “tuvimos aforo, afortunadamente, al menos en cada uno de los partidos que llevamos a cabo desde que se inició allá en Xochimilco hasta ahorita con la clausura aquí, en las canchitas de Delfín Madrigal”.

Contra el fútbol embrujado
“Desde pequeño siempre fui fan del soccer, y evidentemente pues se notan los gustos”, comparte Miguel mientras señala su playera de los Pumas, el equipo de fútbol de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). “Eso no quiere decir que porque a mí me guste el fútbol o algún equipo en específico de fútbol yo voy a seguir los mismos ideales que tienen muchas de esas instituciones”, puntualiza. Mike, como le nombran sus compañeras y compañeros de la Asamblea, es tesista en la Facultad de Ciencias y sostiene sus estudios trabajando medio tiempo como repartidor de aplicación. En un medio tiempo de la cascarita, compartió también que su afición al fútbol le ha llevado a jugar en diferentes canchas de la capital mexicana y que, a través de los años, ha encontrado en el deporte popular un motivo de encuentro entre personas de distintas geografías y clases sociales. “Afortunadamente en la mayoría de las canchitas a las que he acudido hay mucha solidaridad, hay mucho apoyo, la banda no es despectiva con ninguno de los equipos que llegan de otras alcaldías o de otros sectores. Entonces eso a mí me parece bastante bueno, que justamente el fútbol sirva para esta cohesión entre sectores, entre la población y entre las personas”, explica.
La experiencia de Mike es similar a la que compartió Víctor Encino, un joven ingeniero que acudió a jugar al partido final de la Intifada AntiFIFA. Él es habitante de Santa Úrsula Coapa, pueblo originario que recibirá por tercera vez la Copa Mundial de Fútbol y que ha sido el epicentro de las protestas en contra de este evento deportivo que ha venido a intensificar el despojo de agua y el desarrollo inmobiliario en la zona. En entrevista, Víctor compartió cómo se ha vivido y transformado la fiebre mundialista en su barrio: “la mayoría son futboleros y conforme iba pasando el tiempo era como ‘¡Ay, güey, vamos a tener otro mundial!’ Iba pasando el tiempo y muchos seguían más emocionados por el Mundial, platicabas con ellos y decían ‘¡vamos a tener el Mundial aquí al lado, puedes poner como Airbnb tu casa!’. Y entre más iba pasando, escuchabas cosas como ‘¿güey, qué pedo con el Pozo de Televisa? ¿Y qué pedo con que ya compraron esta vecindad para hacerla Airbnb?’ Fue donde topamos y el embrujo que traía el fucho se ha estado rompiendo poco a poco”.
Para Víctor, la organización popular es la que ha ido cambiando la ilusión que las personas de Santa Úrsula tenían con la Copa del Mundo. “Entre más nos centremos en el Mundial y más hagamos desmadres, como cerrar avenidas, ponernos de acuerdo, armar más murales, se puede ir rompiendo más ese embrujo que tiene el espectáculo, porque no podemos estar celebrando algo así cuando la ciudad está tan mal, cuando estamos a dos de quedar como la banda del centro a través de los despojos como en la Roma. Creo que entre más hagamos ese tipo de desmadres más se va rompiendo esa ilusión del maldito Mundial”, finalizó.




