Foto: Jardín ecológico de Lluvia a poco más de un mes su inauguración. 25 de Abril del 2026. Crédito: Frida A. Rodríguez
Comerciantes del ahora Estadio Ciudad de México dicen ser acosados por el gobierno capitalino después de la remodelación del inmueble.
Durante más de cuarenta años, Lourdes vendió periódicos y atendió una pequeña tienda de abarrotes en la explanada que da acceso al Estadio Azteca, hoy rebautizado Estadio Ciudad de México. Conocía los días de partido por el movimiento de la gente, por el ruido de los vendedores y por las filas que comenzaban a formarse horas antes del silbatazo inicial. Sin embargo, en mayo de 2024 tuvo que abandonar el lugar donde había trabajado durante décadas debido a las obras de remodelación rumbo al Mundial 2026. La fiesta futbolera comenzaba dentro. Afuera, Lourdes y otros comerciantes intentaban defender algo mucho más básico: quedarse.
El 25 de abril de 2026, en medio del ambiente previo al partido entre América y Atlas, acudimos a las inmediaciones del estadio para conocer qué sucede con quienes trabajan alrededor del recinto. Entre el tránsito detenido, la emoción de los aficionados y el ir y venir de los vendedores, comenzaron a aparecer historias que contrastaban con la imagen moderna que promete el nuevo estadio.

Mientras miles de aficionados compran boletos, camisetas y comida para entrar al estadio, algunos vendedores prefieren bajar la voz para no perder lo único que tienen. El miedo también forma parte del ambiente.

Lourdes asegura que las autoridades capitalinas ya les advirtieron que durante los partidos del Mundial muchos comerciantes ambulantes no podrán instalarse. La incertidumbre no es exclusiva de ella. Carmen, vendedora de elotes y esquites en el paradero de Huipulco, habló con evidente molestia sobre las afectaciones económicas derivadas de la remodelación. Explicó que su familia depende completamente de ese trabajo y que, además de las pérdidas, existe una preocupación constante por los intentos de las autoridades de desalojarlos de las zonas cercanas al estadio.
Intentamos entrevistar a otros vendedores de la zona, pero algunos prefirieron guardar silencio. Un comerciante de dulces respondió al equipo de Somos el Medio que no quería problemas y que debía cuidarse de la policía y de los trabajadores de la alcaldía, pues temía perder su puesto si era visto dando entrevistas. En un puesto de banderas ocurrió algo similar. Ahí nos contaron que anteriormente un joven había dado declaraciones y, días después, le retiraron el puesto y decomisaron su mercancía.
Las historias son distintas, pero todas apuntan en la misma dirección: la remodelación del estadio no solo transformó un inmueble, también modificó las condiciones de quienes durante años encontraron en sus alrededores una forma de subsistencia.
El Estadio Azteca y su historia
La inauguración del Mundial está cada vez más cerca y el Coloso de Santa Úrsula se prepara nuevamente para recibir la mirada del mundo. Hoy conocido como Estadio Ciudad de México, el recinto que durante décadas fue llamado Estadio Azteca no sólo guarda la memoria del fútbol mexicano, también la de miles de personas que han construido su vida alrededor de él.
Inaugurado el 29 de mayo de 1966, con una capacidad inicial superior a los 100 mil espectadores, el estadio se convirtió rápidamente en un símbolo deportivo y cultural. Ahí se vivieron finales futbolísticas históricas, conciertos multitudinarios y dos Copas del Mundo. Incluso Fito Páez le dedicó una canción. Ahora, rumbo al Mundial de 2026, el recinto se transforma una vez más para albergar, por tercera ocasión, una inauguración mundialista.
El 13 de junio de 2018 se anunció que México sería sede del Mundial 2026 junto con Estados Unidos y Canadá. Como parte de los preparativos, desde mayo de 2024 comenzaron las remodelaciones del estadio y de las vías de acceso a sus alrededores.
Primero, el proyecto de remodelación para el Estadio Azteca tuvo un financiamiento aproximado de 2 mil 100 millones de pesos, debido a que Grupo Ollamani y Banorte llegaron a un acuerdo de financiamiento para que el Coloso de Santa Úrsula se convirtiera para este Mundial, de acuerdo a los inversores, en uno de los estadios mejor capacitados y con una de las mejores condiciones para el aficionado. Las cifras permiten dimensionar la magnitud de la transformación. También ayudan a entender el contraste que hoy se observa en los alrededores del estadio.
Un boleto para el Mundial de la FIFA 2026, en fase de grupos, cuesta desde 60 dólares en adelante, dependiendo de qué tan cercano esté el día del evento o de los rivales. Tan sólo para la inauguración (México vs. Sudáfrica), los precios van de 19 mil 70 pesos a 43 mil 305 pesos. Algunos paquetes VIP alcanzan cifras que superan los cien mil pesos, según la página oficial de la FIFA.

Mientras tanto, muchos comerciantes enfrentan la posibilidad de perder el espacio del que depende su sustento diario. De acuerdo con estimaciones de comerciantes de la zona, antes de la remodelación existían alrededor de 400 puestos permanentes en las inmediaciones del estadio, además de más de mil vendedores adicionales durante eventos masivos. Algunos puestos metálicos fueron retirados y otros comerciantes fueron desplazados hacia zonas cercanas como Calzada Acoxpa.
Las obras prometen modernidad, aunque para muchos comerciantes el cambio llegó en forma de incertidumbre.
Quienes permanecen en el paradero defienden la organización construida con los años. Mantienen controlado el número de vendedores, cuidan el espacio y conservan una relación cercana con sus clientes habituales. A pesar de la percepción que suele existir sobre el comercio ambulante, en la zona apenas se observaban algunos puestos dispersos entre los pasillos y accesos.
Algunos aficionados señalaron que el estadio “se ve más bonito”, aunque reconocieron que la movilidad y la organización en los alrededores continúan siendo lentas y complicadas durante los partidos.

Durante la cobertura también fue entrevistado un mando policial encargado del operativo de seguridad y vialidad previo al encuentro de la Liga MX. Sus respuestas fueron escuetas, sin profundizar sobre la situación de los comerciantes o las consecuencias de la remodelación.
Dentro del paradero, las filtraciones continúan. Los goteos son constantes y las inundaciones siguen apareciendo cada vez que llueve.
“De nada sirvió que lo arreglaran”, concluye Lourdes con la serenidad de quien ha visto pasar décadas en el mismo sitio.
Y quizá tienen razón: el estadio luce mejor. Más brillante. Más limpio. Listo para el Mundial. Sólo que, a veces, la modernización también sabe esconder lo que estorba.
Porque mientras el mundo verá un estadio listo para la fiesta, pocos mirarán a quienes fueron empujados fuera de la fotografía.
Esta pieza fue construida en el Taller de Periodismo Narrativo de la UACM SLTZ




