Contra la privatización que dejó la FIFA, colectivos realizaron Semillero Antimundialista

Frente al incremento de la privatización y el despojo que dejaron la FIFA y los gobiernos en la Ciudad de México tras el Mundial 2026, vecinos de Santa Úrsula, colectivos, habitantes de pueblos originarios de la capital y centros de derechos humanos se reunieron este 25 de julio en el Bajopuente de la Resistencia, en el Estadio Azteca, para realizar un Semillero Antimundialista y denunciar los impactos del megaevento deportivo.

“El Mundial se terminó, pero su paso por nuestras geografías incrementan el dolor, el despojo y las heridas de quienes habitamos la ciudad. Nuestra lucha no termina con la clausura de la Copa Mundial, apenas empieza nuestra resistencia más voraz contra la privatización que nos deja la FIFA”, señalaban en su convocatoria los colectivos y organizaciones como la Asamblea Antimundialista, el colectivo de búsqueda de desaparecidos Una Luz en el Camino, el Frente Antigentrificación y el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Centro Prodh).

Durante el Semillero, los vecinos y organizaciones también reinauguraron el Anti-mural “El agua es vida”, hecho para y por vecinos de Santa Úrsula, luego de que el gobierno capitalino robara la lona original el pasado 10 de junio, cuando incumplió su promesa de mantenerla, y se negara a regresarla a pesar del reclamo colectivo.

La vida sigue…

El evento estuvo conformado por seis mesas, en las que se trataron temas como el reordenamiento territorial, la gentrificación, el arte y la resistencia, los pueblos originarios, la migración, las desapariciones forzadas y la militarización en el país. Participaron miembros de organizaciones como el Centro Prodh y Casa Tochan, que da asilo a migrantes y víctimas de delitos. Entre sus denuncias, insistieron en la criminalización hacia las madres buscadoras y el marco migratorio “deficiente” que privilegió a unas personas sobre otras en el contexto del Mundial.

Por su parte, Adolfo Lara, de Cooperativa Acción Comunitaria, comentó que el tejido social de las comunidades es lo más importante en un territorio y que los megaproyectos inmobiliarios son agentes externos que fácilmente pueden destruirlo. Bien lo sabe el pueblo de Xoco, afectado por el complejo de lujo Mítikah, que redirigió el flujo de agua y dejó a los pobladores originarios sin el líquido, entre otros problemas derivados de la gentrificación del espacio.

Al igual que a Xoco, al pueblo de Santa Úrsula se le quiso imponer un gran proyecto inmobiliario, el Conjunto Estadio Azteca, que estaría conformado por al menos un centro comercial, un hotel y varios edificios departamentales de entre 20 y 30 pisos. Por ahora, el megaproyecto está cancelado, pues Grupo Ollamani, una escisión de activos de Televisa, no llegó a un acuerdo con el gobierno y los vecinos. Sin embargo, advirtieron que en cualquier momento pueden intentar reactivarlo. Por ello, una de las consignas que se escuchó en el Semillero fue “Agua sí, megaproyectos no”.

En el evento también se advirtió sobre la renegociación que se realizó durante la fiebre mundialista de pactos geopolíticos y económicos, como la Cumbre del G7, que se realizó del 15 al 17 de junio en Évian, Francia, o el T-MEC, el 1 de junio.

¡Si Zapata viviera, con nosotras estuviera!

Aracelia Guerrero, integrante de la Glorieta de las Mujeres que Luchan, compartió la lucha de colectivos y activistas feministas por mantener su espacio de memoria y resistencia. El símbolo de la Glorieta, la silueta de una niña con el puño izquierdo en alto donde antes se encontraba una estatua de Cristobal Colón, tiene el nombre de Justicia y es “morada porque somos feministas, porque somos mujeres”, señaló Guerrero. Asimismo, defendió la toma de espacios como una forma legítima de ejercer el derecho a la protesta. Y denunció la campaña del gobierno que desde hace año y medio busca desestabilizar los antimonumentos que se encuentran en la avenida Reforma, cuando comenzaron los preparativos para el Mundial.

A su vez, Kata, originaria de Irán y una de las artistas detrás del anti-mural, criticó la guerra de Estados Unidos con su país, que se detuvo y volvió a reactivarse mientras la pelota rodaba. Mencionó que “el proyecto anti-mural es como un refugio de esperanza, un anti-mural con fines de protesta y propuesto colectivamente”. En éste se puede leer en español, náhuatl, maya y mazateco “Fuera FIFA” y se observa la historia del tlacuache, quien le robó el fuego a los dioses para entregárselo a los humanos. Es por eso que Kata agradeció a quienes hicieron posible la reimpresión de la lona, cuyo ejemplar original fue robado poco después de su instalación en el Bajopuente de la Resistencia, durante el Mundial.

Al finalizar el evento, los convocados retiraron el anti-mural, por temor a que el gobierno volviera a quitar su trabajo comunitario. Pero aclararon que su lucha sigue, porque “lo quiera o no lo quiera, la FIFA va para afuera”.

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