El Mundial de la fiesta y el país de las ausencias

Foto: Xolotl

Jaqueline Palmeros, Yadira Gonzáles y Marite Kinijara nunca imaginaron que algún día tendrían que estar rascando la tierra para buscar los restos de sus hijas y hermanos desaparecidos. Tampoco desearon ningún mal para su país. Como millones de mexicanos, anhelaron algún día ver un mundial en familia, con camisetas verdes. Pero otra realidad los golpeó: sufrir la desaparición de sus seres más queridos. Desde entonces, la alegría les fue arrebatada.


Visibilizar su tragedia ante la falta de una respuesta gubernamental devino en algo cotidiano en su vida. Hoy, recibieron un golpe más: las protestas realizadas la víspera de la inauguración del mundial fueron englobadas por la presidencia como un esfuerzo por hacerle daño al país. “El que apuesta en contra de México siempre le va a ir mal”, dijo la presidenta Claudia Sheinbaum con una sonrisa. Para después rematar que “aquí cada quien la pasa como quiere”. En una sentencia, la mandataria actualizó aquella frase de triste memoria: “hoy es un día muy soleado”. En efecto, la víspera y durante la inauguración de la Copa Mundial salieron a las calles en diferentes puntos del país. En la Ciudad de México se sumaron colectivos de migrantes en Paseo de la Reforma; miembros de la Glorieta de las y los Desaparecidos en el Zócalo; Una Luz en el Camino, en el Ángel de la Independencia; Lirios Buscadores en las inmediaciones del Estadio Azteca.
Nunca desearon mal a México, pero en la inauguración del Mundial prefirieron gritar los nombres de sus ausentes. No había nada que celebrar.


La jornada previa al partido de apertura, centenares de familiares de desaparecidos realizaron una vigilia. Su intención era llegar al estadio Azteca, pero su avance fue detenido por el secretario de gobierno de la capital mexicana, quien iba acompañado de un nutrido grupo de antimotines. “Por protocolo de la FIFA debemos tener custodia de los estadios 24 horas antes”, les dijo para detenerlos.


Ese día las familias buscadoras permanecieron de pie en medio de la lluvia para hacer ofrendas de sus seres queridos y exigir su aparición con vida. Colectivos buscadores que fueron coinciden en el enojo y reclaman a la presidenta su desprecio. Su desgracia los ha cambiado para siempre. Les arrebató su paz. Sin embargo, la narrativa que asocia a desaparecidos con sospechas sigue vigentes. Sí, de “en algo andaban”, “son disputas ente criminales”, a “aquí cada quien la pasa como quiere”, son expresiones que en esencia revelan el desprecio por las víctimas y sus familias.

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