
La Velada por la Memoria se llevó a cabo la víspera, en el Monumento a la Madre, ése que tras el sismo del 2017 hubo que reconstruir, pieza por pieza, como se han tenido que reconstruir las madres buscadoras y todas las familias de las víctimas de desaparición forzada. Ellas, ellos, más de 90 colectivos de todo el país, encendieron velas, miles de velas, y escribieron sus nombres, miles de nombres, cientos de miles.
Dibujaron en la explanada un árbol que representa la memoria y en su centro un corazón. Las ramas terminan con el retrato y el nombre de buscadoras que han muerto o han sido asesinadas en su empeño por hacer el trabajo que las autoridades no hacen.
Los organizadores habían anunciado que la Marcha por la Dignidad empezaría su recorrido este domingo 10 de mayo a las diez de la mañana. Y a esa hora estaban saliendo los primeros contingentes. Con puntualidad sajona, con la camiseta bien puesta, muy visible la fotografía del rostro del hijo, del hermano, del sobrino, muy visible su nombre, fecha y lugar de desaparición. Muchos llevaban pancartas. No faltaron los que, sobre el diseño de la camiseta del Mundial agregaron la ficha de búsqueda. Hubo quienes ampliaron a tamaño natural (es decir entre 1,50 y 1,80 metros) alguna fotografía de cuerpo entero y entonces parecía que los ausentes estaban presentes y se les podía hasta abrazar… Como sea el mensaje es el mismo “¡Hijo, escucha, tu madre está en la lucha!”
Hoy más que siempre aplica la consigna “¡Esta marcha no es de fiesta, es de lucha y de protesta!”. Nada los detiene, van a pie y algunos en silla de ruedas. Los bebés y los niños todavía muy chiquitos, en carriolas. Caminan, hombro con hombro. Caminan en la Marcha por la Dignidad desde hace 14 años, pero hay muchos que buscan desde los años 70. Su vía crucis por fiscalías y dependencias gubernamentales y policiales ha sido tan largo que se les hace cortito el trayecto hacia la Ángela de la Independencia.
La desaparición, lo dicen, lo repiten, no sólo afecta a las mamás y a los papás. Afecta a toda la familia. Y afecta a toda la sociedad, aunque ésta no lo tenga claro o no lo quiera ver. México vive una de las mayores crisis humanitarias del mundo. Más de 133 mil personas desaparecidas oficialmente (en democracia). Podría ser en realidad el doble o más…
Del 2010 al día de hoy 43 personas buscadoras han sido asesinadas. Fundación para la Justicia contabiliza 22. De ahí el grito que recorre el Paseo de la Reforma y que se repite una y otra vez: “Buscar no debería costar la vida”.
-Usted, ¿por quién marcha? -le preguntaron al poeta David Roura, integrante del Comité 68.
-Por todos -dijo él.
David recuerda, protesta, se indigna, se solidariza con el 2 de octubre y el 10 de junio y con los padres de los 43 normalistas desaparecidos en Ayotzinapa. Está por la causa de Palestina. En estos momentos le preocupa la coordinación de la marcha del próximo 10 de junio. Tiene claro que será imposible llegar al Zócalo capitalino justo la víspera de la inauguración del Mundial. Desde ahorita ya lo están sitiando.
-De la misma manera que el 10 de junio de 1971 nos impidieron llegar al Zócalo, ahora es la 4T “halconizada” la que nos lo impide… -asegura al tiempo que barajea propuestas. Una de ellas, la más viable, es que los manifestantes salgan de Ciencias Biológicas, como aquel Jueves de Corpus de hace 55 años, y que se haga el mitin en San Cosme para evitan caer en provocaciones. Pero al momento de escribirse estas líneas aún no se ha decidido el recorrido.
Mientras tanto la Marcha por la Dignidad camina sobre Reforma rumbo al Ángel. Verónica Rosas Valenzuela, fundadora del grupo Uniendo Esperanzas del Estado de México, y madre de Diego Maximiliano Rosas Valenzuela, sostiene una pancarta en forma de corazón con el rostro del joven secuestrado y desaparecido en 2015 en Ecatepec, cuando recién había cumplido 16 años. Al igual que cada madre buscadora su más anhelado regalo de 10 de mayo es encontrar a su hijo.
María Cortina, la periodista de los ojos grandes y mirada aguda, autora del libro El Salvador, Memoria intacta y quien dirige la Casa Refugio Citlaltépetl, está que no cabe de gusto: “¿Ya supiste lo de los papás de Paulita Mónaco Felipe?”.
Luis Mónaco y Esther Felipe fueron secuestrados, desaparecidos y asesinados en 1977 por la dictadura militar argentina en el Centro Clandestino La Perla. Paula Mónaco, su hija, no tenía un mes de haber nacido. A los 20 años ella se incorporó a la organización H.I.J.OS. (Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio). Buscó hasta encontrarlos hace unos días cuando el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) dio con los restos de sus padres que se mantuvieron juntos todo este tiempo, pese a todo. La alegría de Paula es la de su familia, la de quienes la quieren y respetan como periodista, documentalista y escritora. Esta noticia, tan esperanzadora, implicó el esfuerzo de muchísimas personas.
El Ángel de la Independencia, visiblemente ángela, recibe a las Madres y a las Familias Buscadoras que se acomodan de tal manera que se vean todas las pancartas, todas las mantas. Alrededor hay sillas. Ahí está Blanche Petrich, que siempre está, escribe y escribe, aguerrida y sonriente. Ahí está también Monseñor Raúl Vera, inmaculado: estudiante de Ingeniería Química en 1968, Obispo coadjutor de San Cristóbal de las Casas, Obispo de Saltillo, siempre defensor de los derechos humanos, de los derechos de los migrantes.
Y mientras las oradoras y oradores denunciaban las omisiones, las negligencias, la intencional lentitud y malos modos de las autoridades; mientras hablaban de cómo se lidia con eso, se desplegó el tejido colectivo, rojo, cada día más grande, llamado “Sangre de mi sangre”.
Imperdible resulta la crónica de Eliana Gilet “Presidenta, este es su Mundial”: exclaman las madres de personas desaparecidas en su día de lucha, publicada en la sección La cancha no está pareja del micrositio de Desinformémonos Fuera de Lugar.
Para el etnohistoriador Alexei Navarrete Quan la cascarita jugada por el equipo de madres y familias buscadoras fue el broche de oro con el que cerró el día. Si durante la marcha caminaban con expresión seria, dolida, si las consignas reflejaban su coraje, la reta vino a ser la catarsis que todos necesitaban.
-Mientras jugaban los rostros de las compañeras eran de risa, de gozo, pero sobre todo de identidad, de pertenencia. Los equipos eran mixtos, de unas cinco personas y ellas tendrían entre 30 y 40 años. Pero se sumaron unos chavitos que andaban por ahí. Había madres que vinieron desde Colombia, Perú, Cuba y Honduras para buscar personalmente a sus hijos desaparecidos en México.
Ellas le entraron con todas sus ganas: “Si hemos agarrado picos y palas para buscar a nuestros hijos, ahora jugamos futbol y le anotamos goles a la impunidad y hablamos con palabras futboleras para que nos vean, para que nos entiendan, para visibilizar nuestra lucha”.



