El 15 de abril, la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, anunció la campaña “Mundial verde: con juego limpio, el planeta gana”, que propone realizar el trabajo en casa (home office) y la suspensión de clases en las escuelas, según para reducir el congestionamiento vial, mejorar la calidad del aire y una movilidad flexible durante el Mundial de fútbol organizado por la FIFA.
En realidad, el gobierno de la Ciudad de México espera que los capitalinos se queden en casa para darle paso al turismo extranjero, ocultar una ciudad caótica llena de hartazgo e inconformidad, un reclamo constante de la sociedad por justicia y por la pobreza que se sigue agudizando en el estado. Clara Brugada pretende dar una imagen de primer mundo, mientras vende una narrativa de progreso y modernidad para justificar las obras y remodelación que se llevan a cabo en el corredor Estadio Azteca – Centro Histórico. Pretende que los ciudadanos no salgan de casa, quiere revivir la obediencia que hubo durante la pandemia del COVID-19 de 2020.
Al respecto, Diana Cano García, de 33 años, comerciante y ama de casa, nos comenta: “Tengo dos niñas, una de 11 años que va en sexto de primaria y otra de 5 que pronto terminará la preprimaria. No estoy de acuerdo en que mis hijas no tengan clases y se queden en casa, están a punto de pasar a otro nivel de estudios y retrasaría su aprendizaje. Al cortar su ciclo escolar ya no abarcarán el programa completo de educación. Le pido al gobierno que no suspenda las clases, no les nieguen la oportunidad de seguir aprendiendo”.

Cano reflexiona sobre esta propuesta del gobierno: “No todos somos afines al fútbol, se me hace arbitrario que mis hijas se queden en mi casa porque afectarían mi dinámica diaria, mi economía. Tengo mis horarios para atenderlas y darles de comer. Descuidaría mi trabajo, si van a estudiar en la casa tendría que estar con ellas todo el día para ayudarlas a estudiar y ver alguna manera de que no olviden lo que han aprendido”.
Mercedes Alvarado, de 49 años, coincide con Diana y afirma: “Tengo a mi niña, va en segundo grado de secundaria. No se me hace justo que, porque haya un mundial, perjudiquen a los niños. No saben todo, al faltar a clases sabrán menos. Por el ciclo escolar ha habido muchos días sin clases. Al no ir a clases me afectaría: o voy a trabajar o me quedo a cuidarla. Sé que cuando va a la escuela está segura y aprende, mientras yo trabajo con más tranquilidad. Esta señora (Clara Brugada) no entiende, no tiene nada que ver las clases de los estudiantes con el Mundial, son payasadas”, concluyó.
Con respecto a la propuesta de trabajar en casa, Armando García nos cuenta: “Trabajo para el estado, en la rama administrativa, tengo 60 años. Hay rumores de que nos van a mandar a casa por el Mundial de fútbol. En particular, a mí me afectaría, tendría que contratar internet y pagarlo por mi cuenta porque en mi trabajo no me darán dinero para eso. Este gobierno no puede ni debe coartar la libertad de transitar libremente a nadie. Sé que está en puerta el Mundial y que dejará una derrama económica a los patrocinadores del evento, pero no es correcto que el gobierno ahora quiera erradicar problemas en los que nunca ha puesto atención. Sus actitudes están tomando matices de represión en contra de todos nosotros, creen que están tratando con personas que no tienen raciocinio. Pienso en las personas que viven al día, si no venden sus productos, no comerán, lo mismo pasa con las personas que se dedican al comercio sexual”.

García, de forma directa, señaló: “No creo que el gobierno vaya a financiar sus gastos, como mantener a sus familias, renta o medicamentos en lo que pasa su dichoso mundial. Repruebo su mal proyecto de infraestructura porque está hecha al vapor para dar una imagen que no somos. Es un presupuesto mal invertido, hay tantas colonias que les falta agua, hay cientos de calles con muchos baches”.
El compromiso de los gobiernos, siguió, “es con los mexicanos, no con los extranjeros que siempre nos han tratado como tercermundistas. ¿Cuándo se ha visto que un gobierno quiera ocultar a sus ciudadanos durante un Mundial? A este paso, sólo falta para que nos impongan un toque de queda”.
El Mundial verde, estrategia que promueve el gobierno, busca la atracción de inversiones extranjeras. La creciente gentrificación en la Ciudad de México y en varios estados de la República ha dañado a gran parte de sus habitantes, al expulsarlos de sus barrios y colonias porque el estado eleva el valor catastral de los inmuebles y aumenta el cobro de los servicios básicos como son la luz y el agua potable.
La privatización de la ciudad para consorcios extranjeros está en marcha. No es de extrañar que el gobierno de la capital siga apoyando el despojo del predio del Albergue Franciscano, al seguir imponiendo trabas y gestiones burócratas absurdas para no regresar a más de mil perros y gatos que siguen retenidos por la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento territorial (PAOT) y de la Brigada Animal, organismo que pertenece a la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC).
Es el costo para cumplir los requisitos que pidió la FIFA para celebrar el Mundial de futbol en México. Negar la existencia de la protesta en el país será un catalizador para que antes, durante y después de este Mundial salgan a las calles los movimientos sociales que no validan el despojo, la criminalización y la muerte de mujeres, hombres, activistas, periodistas y luchadores sociales. No es un Mundial verde, es el Mundial de feminicidios, un Mundial de desapariciones forzadas, un Mundial de la limpieza social que impone el populismo gubernamental. El balón está en el aire, lo más seguro es que este gobierno protagonizará su propio autogol.





