Gana una, ganamos todas: quinta edición de las retas feministas en Ciudad de México

Sumándose al paro nacional de este 9 de marzo, Morras Futboleras convocó a echar la reta en el Zócalo de la Ciudad de México, como una forma de recuperar el fútbol y probar que existe una forma de gozarlo, sin violencia. 

“Hay un cántico que usamos mucho cuando vamos a la cancha y también en las retas que es: ´que las vengan a ver, que las vengan a ver, estas son las mujeres que hacen el fútbol que yo soñé´”, entonó Shelma, periodista, coordinadora de proyectos y una de las mujeres que, tras participar el primer año, se ha sumado a la organización de este evento ya clásico de la lucha social en la capital mexicana.  

La toma del espacio público para jugar un fútbol seguro para mujeres y disidencias es una forma, explica Shelma, de “recordar que tenemos derecho a la ciudad y al goce”. 

Por su parte Rat, activista enfocada en el trabajo sobre el derecho a la ciudad y el espacio público, quien integra la colectiva Morras Futboleras y es organizadora de este evento, contó a Desinformémonos que la cita es desde las 11 de la mañana “para jugar, hacer uso de la ciudad y recordar que el fútbol, además de ser un espectáculo, también es un momento y un espacio de encuentro entre amistades”. 

El paro nacional de mujeres de este 9 de marzo suma a su voz de protesta y resistencia el rechazo contra “la regresiva resolución de las 40 horas laborales, que extiende la semana un día, teniendo seis días laborales ahora. Esto implica desplazarte de tu casa, preparar comida, dejar de ver a tu familia, a tus amistades”, analizó Rat en entrevista. 

Estas Retas #9M se suman a las experiencias de las retas AntiFIFA, que tuvieron su inauguración con la toma de la avenida Tlalpan, frente al bajopuente del Estadio Azteca; y de las retas por Samir, organizadas por la comunidad otomí residente en la Ciudad de México y por Virikuta Balonpié dos semanas atrás, también en el Zócalo.

Juntas, estas experiencias se parecen en su voluntad de recuperar un fútbol popular —por abajo y con la zurda, como plantearon desde Santa Úrsula— frente a la privatización que hacen las empresas trasnacionales, y el apoyo a ese juego probado que hacen los gobiernos de todos los colores, excusados en su dependencia al turismo como generador de movimiento económico y, fundamentalmente, de la entrada de dólares a sus países. 

“Creemos que estos espacios de encuentro son bien importantes, ante toda la violencia que está pasando alrededor, nacional e internacional”, agregó Rat a Desinformémonos.

Tomar el espacio público  

Las organizadoras cuentan que para participar no se necesita más que la voluntad y el deseo de jugar un rato. Señalan que no importa la destreza o experiencia futbolística que se tenga, porque en las retas #9M se propone que las interesadas e interesades se acerquen, priorizando el encuentro por encima de la competencia. 

Para el registro previo dispusieron un link que les permita calcular cuántas personas pueden jugar y estar listas con el equipo suficiente para permitírselos: “sirve traer agua, bloqueador, snacks, balón si tienen, que inviten a otras compas. No importa el nivel de juego, vamos a parar activamente”.

El evento de las retas feministas está ligado desde su inicio al paro activo, como una medida política de lucha para denunciar el peso que las mujeres cargan al hacer frente, casi en soledad, al trabajo de sostén y cuidado cotidiana de ellas, sus familias y comunidades.

“En conjunto con compas y amixes decidimos parar, pero jugando al fútbol. Hacemos uso del espacio público para encontrarnos, desde el cariño y los cuidados, generando un fútbol antipatriarcal, que esté más allá de las lógicas de competencia y exclusión”, explicó Rat. 

Ahora bien, ¿qué es un fútbol anti-patriarcal? “Es un fútbol donde quepan las lenchitudes, las mujeres, otras disidencias, compas trans. Poco a poco, ha ido incorporando otras diversidades, como las auditivas, y ha incluido a las infancias, porque genera un espacio de encuentro libre para jugar”, explicó. 

Shelma se sumó a esa primera reta, que ocurrió en la Alameda de Bellas Artes, y desde entonces ha participado y asumido más responsabilidades en su ejecución. Como integrante de la Barra Feminista, cuando vio la convocatoria a la reta en marzo de 2020 no dudó en acercarse individualmente primero, y luego con las demás compañeras organizadas.

“Nos acercamos con la Barra Feminista al segundo evento y en 2022 nos unimos a las Morras Futboleras. Aprovechamos para hacer el llamado a otras colectivas y medios independientes de fútbol, que se sumaron”, dijo Shelma sobre cómo ha ido creciendo la articulación en torno a este evento, impulsado por la búsqueda de visibilidad de las mujeres en la ciudad, durante el paro activo. 

“Para nosotras fue importante recordar el derecho al ocio con un evento como este, porque las mujeres históricamente han sido relegadas al espacio privado. Entonces, al tomar el espacio público y sumándole la práctica de un deporte que se ha visto, hecho y hablado desde, por y para hombres, nadie imaginaba todo lo que vendría en los años siguientes”, recordó. 

Fútbol, autonomía y Mundial

La dinámica parte de una propuesta de las organizadoras respecto a cuántos partidos se jugarán durante las retas, tiempo de duración y la cantidad de goles para ganar, pero esos detalles se acuerdan con las participantes. 

“En la Barra Feminista, donde participo, todas las que estamos somos fans del fútbol femenil. Muchas lo practicamos, aunque hay otras que en la vida lo han jugado, pero les gustó y eso también era lo chido. Hay mucha morras a quienes les gustaría jugar pero no se sienten con la misma confianza entre vatos (hombres), aunque sea en familia o con amigos. Llegar acá y poder abrazarnos todas va muy de la mano con la Barra y lo que trabajamos”, aportó Shelma. Es decir, se entendieron rápidamente, aun sin conocerse. 

Ahora, ¿cómo ven estas militantes del fútbol sin violencia el contexto en una ciudad que conflictivamente se acicala para ser sede del privatizado Mundial de fútbol de la FIFA?

“Cada año nos ha tocado un clima social y político distinto durante las retas, y este 2026 siento que todo está fuertísimo y que más que nunca tenemos que salir a la calle, habitarla y hacer ejercicio de nuestro derecho a la ciudad”, sostuvo Rat. En su análisis, la distancia que ha tomado la Copa Mundial de las personas es evidente al considerar los precios de los boletos para los partidos, los cuales están lejos para el bolsillo de cualquier mexicano trabajador. 

“El fútbol empezó siendo el juego del proletariado y ahorita ya es un deporte de lujo, de exlcusión y al que un porcentaje menor va a poder tener acceso. Además trae limpieza social y desplazamiento, encarecimiento y precarización de la vida”, agregó. 

Para Shelma, es indudable que los Mundiales refuerzan la visión patriarcal del fútbol que el movimiento de las retas callejeras, protagonizadas por mujeres y disidencias, cuestiona. 

“Desde la cobertura mediática, lo que se invierte en organización, publicidad y todo lo demás, es estratosférica la diferencia entre el Mundial masculino y el femenino”, sostuvo, y graficó esta discriminación con una pregunta retórica: ¿cuántas personas saben cuándo y dónde es el próximo Mundial femenil de fútbol? En Brasil, en 2027. “Aunque también esa sea una fiesta mundialista en la que hay mucho talento,  ¿cuántas personas están al tanto de ese otro Mundial?”, provocó. 

La respuesta ante la discriminación, dada por estas colectivas de mujeres amantes de ver y jugar fútbol, ha sido reforzar su práctica: “Existen muchas partes negativas del fútbol porque incrementa la violencia intrafamiliar, va de la mano con el conservadurismo, el machismo, la misoginia y la violencia patriarcal. Pero a nosotras nos toca seguir buscando cómo hacer, visibilizando estos espacios y las prácticas del deporte femenino, no sólo el fútbol. Nos toca encontrar y hacer estos espacios seguros, aunque sea para ver el fútbol varonil”, concluyó Shelma. 

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