Foto: Frente de Liberación Nacional Argelia
“Si no anotas un gol tempranero le das oportunidad a la corrupción de contraatacar”. La frase refiere el universo político de Nigeria descrito en términos futboleros. Apela hasta qué punto el balompié está inmerso en nuestra cultura cotidiana y como sirve para explicar situaciones relacionadas a los hombres de poder. De igual forma, podemos aplicarlas para referir lo que sucede en las entrañas del propio futbol.
El futbol genera memorias. Ya sea como persona que lo practica a cualquier nivel o como espectador de ligas de diversa índole. Los mundiales como megaeventos han devenido en relojes que evocan recuerdos cuatrienales. Unos buenos, otros divertidos, otros trágicos. Personales o colectivos. Algunos quedan fijos en la memoria, otros se reinterpretan con el paso del tiempo.
¿El gol de “la mano de Dios” fue una genialidad o una grotesca trampa? La discusión podría no tener fin. Se le define como una anotación infame y brillante al mismo tiempo. Un gol que en esta era tecnológica no tendría lugar. ¿Favoreció al futbol al añadir un incidente controversial? ¿O acaso es un momento que describe las contradicciones del futbol como espectáculo y negocio?
Algunos le han querido imprimir un perfil político: la revancha argentina contra la invasión inglesa en las Islas Malvinas. Una retórica anticolonialista difícil de sostener en el tiempo, pero que mantiene vivo un debate presente hoy día: ¿el futbol está fuera del ámbito político? La respuesta es un no definitivo. Sin embargo, un gol anotado con la mano está lejos de la resistencia política desde el futbol.
Genialidad y trampa.
África negra y árabe: origen del descontento
Sin embargo, en la historia mundialista sí existe un momento profundamente político que cuestionó el perfil colonial de la dirigencia europea de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA). Ocurrió en la década de 1960, un período corto que aún es recordado por el notorio activismo político de los jóvenes, las manifestaciones contra el statu quo y los movimientos de liberación nacional en África y Asia.
Particularmente, tras la Segunda Guerra Mundial se desarrollaron en África movimientos de resistencia contra el dominio colonial europeo. Por un lado, creció la noción de panafricanismo para manifestar posturas políticas y expresiones culturales propias de la negritud. Por otro lado, al norte del continente, los árabes manifestaban un sentido de unión política y cultural a través de la Liga Pan Árabe que también sumó a los árabes de Medio Oriente.
A la par que se gestaban los procesos de independencia en África, la FIFA daba sus primeros pasos en este continente. A principios de los cincuenta, sólo cuatro países eran parte de esta asociación (Egipto, Etiopía, Sudáfrica y Sudán). Sin embargo, el futbol había devenido ya en una práctica donde se expresaban sentimientos anticoloniales y protonacionalistas.
Por ejemplo, en Argelia el futbol tuvo un importante crecimiento desde finales del siglo XIX y evidenció la presencia de distintos grupos europeos que ahí convivían (españoles, franceses, italianos, malteses). La población local estaba excluida de las prácticas deportivas, pues se veían como actividades reservadas a europeos. Fue hasta las décadas de 1940 y 1950, con la creciente visibilidad del futbol y sus ganancias, que algunos clubes empezaron a reclutar jugadores locales. Algunos de ellos, incluso, fueron sumados a la selección nacional francesa.
En ese contexto, la creación de clubes locales se concibió como un ejercicio de afirmación identitario. Los equipos comúnmente contenían la palabra musulmán, así como la adopción de los colores verde, blanco y rojo que eran aquellos que integraban la bandera argelina no oficial. El papel del futbol dentro del Frente de Liberación Nacional fue crucial y es sabido que los últimos detalles del inicio de la revolución armada se planearon en Suiza durante los últimos días de la Copa del Mundo de 1954.
El Frente de Liberación Nacional llamó a jugadores profesionales que jugaban en Francia a abandonar el juego y unirse a la lucha. Diez atendieron la convocatoria, algunos de ellos seleccionados del equipo francés para el mundial de Suecia 1958.
Futbol, inspirador de unión popular
Conforme se fueron consumando las independencias en África, el futbol sirvió como vehículo para obtener reconocimiento internacional a través del ingreso a la FIFA. De igual manera, la conformación de equipos locales sirvió para robustecer el nacionalismo en los nuevos Estados nación africanos. A inicios de los años sesenta, se habían constituido veinte asociaciones nacionales de futbol, afiliadas a una recién creada Confederación Africana de Futbol (1957).
El aumento de integrantes a la FIFA era un arma de dos filos: le daba más poder como internacionalismo deportivo, pero amenazaba el dominio europeo al interior de la asociación que paulatinamente era superado en números por integrantes de otros continentes. Una situación muy similar a la que enfrentaban los miembros del Comité Olímpico Internacional (COI). Los nuevos asociados querían votar y competir.
Ninguno de los dos deseos fue fácil de cristalizar para los africanos. Pero lo que desató un profundo malestar fue la decisión de la FIFA en 1964 de hacer competir a los equipos africanos contra equipos de Asia para calificar a la Copa del Mundo. Es decir, sólo les otorgaban mínimas oportunidades de participación en la magna justa. Tal resolución originó un boicot en contra de las pruebas eliminatorias para el Mundial de Inglaterra de 1966.
La resistencia fue liderada por uno de los impulsores del panafricanismo, Kwame Nkrumah, quien también encabezó las luchas de independencia para Ghana. Fue muy hábil para detectar la relevancia del futbol como mecanismo de apoyo popular a la identidad panafricana y a la liberación colonial. En 1961 fundó un club multi deportivo que exhibiera lo que llamó el nuevo espíritu africano.
El boicot
El equipo de futbol de Ghana logró competir en los Juegos Olímpicos de Tokio 1964 donde alcanzó los cuartos de final. Tras este buen resultado, lo que seguía era participar en el Mundial de Futbol de Inglaterra 1966. Sin embargo, la FIFA estaba muy lejos de querer garantizar la participación de equipos africanos en su máximo torneo, aun cuando ya se apelaba al “fair play” y a la equidad. Había impuesto un sistema de calificación injusto para Asia y África.
Lo que siguió fue el llamado a boicotear las rondas de calificación intercontinentales. Tanto las asociaciones africanas como las asiáticas se unieron en una protesta contra la FIFA. Acusaron al organismo de traicionar el supuesto carácter internacional del futbol y no se equivocaron: el órgano rector del balompié impuso a los quejosos castigos económicos. No obstante, las asociaciones africanas decidieron resistir.
El sisma no fue menor. La FIFA y sus prácticas sesgadas aún ligadas a una mentalidad colonialista quedaron evidenciadas. La asociación tuvo que recular: para 1970 se garantizó que el continente africano tuviera su propio proceso de calificación. Asimismo, la resistencia ayudó a cambiar en el mediano plazo los juegos de poder al interior de la FIFA con una mayor participación de zonas que se veían como periféricas.
El resultado no necesariamente remite a un final feliz. Otras situaciones contribuyeron a generar episodios caracterizados por conflictos de interés y corrupción. El proceso de liberación africana coincidió con la llegada de la transmisión de televisión y la consecuente multiplicación de la riqueza de la FIFA y nuevos juegos de poder. Las asociaciones del continente fueron centrales en la elección del brasileño Joao Havelange como presidente del organismo.
Entonces, se habló del papel relevante que tendría el Tercer Mundo. Pero esa ya es otra historia.
Epílogo
Lo que queda de estas pinceladas es que la gobernanza en la FIFA ha sido más bien sinuosa. Nos lleva a preguntar ¿qué sistema de valores sostiene a la cultura de la organización? Ésta va más allá de aquellos principios abstractos como la paz y está más ligada a los mecanismos que generan poder y dinero. Refiere visiones sesgadas del mundo, por ejemplo, al excluir durante décadas la participación femenina o pueblos.
Tal cultura ha sido compleja y profundamente contradictoria. Ha privilegiado la exhibición de poder. Al mismo tiempo no es definitiva, sino que se ha construido en el tiempo y ha evidenciado que no es imbatible. Los espacios de resistencia son posibles.
A veces, sí se anotan goles tempraneros. Otras veces juega la mano de Dios.




