El balón regresa a una casa de balas perdidas

Vemos primero una gran avenida, un periférico, en una ciudad que digamos se llama Puebla, de un país llamado México. En una escena más de la sofocante rutina urbana, sobre el asfalto desnivelado va un coche conducido por una mujer que lleva en la parte de atrás a sus dos hijos de camino a casa tras su práctica de futbol. En menos de un instante una bala atraviesa el vidrio trasero y se clava en la mandíbula del más pequeño. La culpa del acto no cayó en quién disparó el arma, sino que la culpable fue “una bala perdida”, una más en una guerra de balas perdidas, personas desaparecidas, pueblos despojados y autoridades futboleras obsesionadas porque el balón vuelva a casa, a costa de las huellas que quedan en la sangre y el olvido.

El incidente en esa zona no fue el único, siguieron balazos aleatorios a vehículos que circulan en esa zona, diez hasta el pasado fin de semana. La respuesta de las autoridades fue culpar a la ciudadanía por no presentar denuncias formales y hacer unos cuantos cierres para una precaria investigación forense, después de diez ataques. Paralelo a esta historia está el caso de los defensores del agua en la comunidad de Xoxtla, que como muchas defensoras y defensores del territorio, enfrentan un prolongado juicio penal por “ataques a las vías de comunicación”, que no implicó balas ni agresiones, sino una protesta que implicó el cierre temporal de una autopista para denunciar el despojo de agua que pretende hacer la empresa Concesiones Integrales, mientras alrededor del Estadio Azteca las vías de comunicación son impunemente atacadas por el operativo de “Última milla”. Una tercera historia que se desarrolla en paralelo ocurre en el Estadio Cuauhtémoc de Puebla cuando España y Perú jugarían un partido amistoso. El colectivo “Voz de los Desaparecidos en Puebla” caminó hacia el estadio con las fotografías de sus familiares desaparecidas y desaparecidos ¿Para qué? Para hacer visibles a quienes desaparecieron en medio de esta guerra enferma que vive México, para hacerlos visibles en un momento de visibilidad. La respuesta policial fue inmediata, las familias fueron rodeadas con escudos antimotines y encapsuladas como si fueran una banda de sicarios.

Entre el Plan Kukulkán desplegado para el mundial 2026 en la CDMX, Guadalajara y Monterrey y los operativos de la Marina en el mismo marco, son alrededor de 111 mil elementos1 los que han sido desplegados para darle seguridad al espectáculo de la FIFA y los negocios de Gianni Infantino. En contraste México cuenta con una capacidad institucional de alrededor de 2 mil elementos2 dedicados a la búsqueda de personas. En 2026 el único operativo reportado con cifras fue el de los mineros desaparecidos en la Concordia, Sinaloa en el que participaron alrededor de 1,190 elementos3. Es decir que en México se destina menos del 2% de elementos de seguridad para la búsqueda de más de 134 mil desaparecidas y desaparecidos4 de los que se utilizan para proteger el regreso del balón mundialista. Y bueno, alrededor de 13 mil elementos han sido utilizados en contra de protestas5 en lo que va de 2026 (sin contar las directamente vinculadas al mundial de futbol).

Es difícil no pensar que para las autoridades mexicanas la seguridad de la Trionda (el balón oficial del mundial) es 98% más importante que la epidemia de desapariciones. Pero además de eso, ¿de quién protegen a ese balón? De las familias buscadoras, de los maestros que exigen condiciones dignas de trabajo, de la desesperación social ante una guerra interminable y gritos de dolor que se pierden entre los pasillos de la burocracia y la simulación.

Además, entre 2024 y 2025 sólo siete personas han sido sentenciadas por delitos vinculados a la desaparición de personas, mientras que en lo que va de 2026 van al menos 27 personas judicializadas6 por movimientos sociales, en particular de defensa del territorio contra proyectos turísticos, de infraestructura, industriales, es decir, de dinero, despojo y muerte.

Que un balón de futbol ruede tiene la capacidad de abrir un momento de convivencia y alegría en medio de una guerra, como lo hizo el partido de la Tregua de Navidad en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, como lo hacen las “cascaritas” de familias buscadoras y pueblos indígenas en la CDMX, en el plantón en defensa del agua en Xoxtla o frente a un basurero en Cholula. Pero que un balón ruede para que un limitado número de millonarios mire a 22 millonarios jugar, y que el show se use para ocultar el dolor de un país entero y la crueldad de quienes lo llenan de balas perdidas es simplemente atroz.

1El despliegue de seguridad para el Mundial 2026 (Plan Kukulkán) fue presentado por la SSPC y la Sedena el 6 de marzo de 2026 con una cifra cercana a los 99 mil elementos: alrededor de 20 mil de las Fuerzas Armadas, más de 55 mil de la Secretaría de Seguridad y unos 20 mil de seguridad privada. A ello se suman los 12,241 elementos de mandos navales destinados al monitoreo de amenazas en internet y al resguardo marítimo, lo que eleva el total a alrededor de 111 mil. Fuentes: conferencia presidencial del 6 de marzo de 2026 (SSPC/Sedena).

2Según los datos de las Comisiones de Búsqueda y de la Secretaría de Gobernación en Marzo y mayo de 2026.

3Información emitida en un comunicado del gobernador Rocha Moya.

4Cifra del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO). Al corte del 27 de mayo de 2026 ascendía a 134,481 personas desaparecidas y no localizadas. En marzo de 2026 el gobierno federal intentó reclasificar la cifra a 43,128 casos «con carpeta de investigación», lo que fue rechazado por colectivos de búsqueda.

5Suma de cifras oficiales publicadas sobre la participación de elementos de seguridad en protestas.

6 Según el Informe sobre desapariciones en México de la CIDH son 7 personas sentenciadas por desaparición (2024–2025) y las 27 personas judicializadas corresponden a los casos de Jotolá en Chiapas, Playa Las Cocinas / Punta de Mita en Nayarit, Santiago Mexquititlán en Querétaro, Gudalajara en Jalisco, Ixil en Yucatán y Xoxtla en Puebla.

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