El feminicidio también es parte del México que será anfitrión del Mundial, recuerdan familiares de víctimas. En 2022, el país llegó a su cifra histórica récord con once muertes violentas de mujeres al día, para las cuales la impunidad generalizada extiende el duelo y el tiempo de lucha de las familias.
Hace ya varios años, la geofísica María Salguero comenzó de forma autogestiva a sistematizar y geolocalizar las muertes violentas de mujeres en el Mapa del feminicidio, el cual aportó información para reflexionar sobre el problema complejo y obligó a las autoridades a actualizar la cifra de víctimas, que mantenían escondida.
“Los feminicidios se han vuelto un espectáculo, como lo menciona Lidyette Carrión en su libro (llamado Feminicidio mítico: del crimen al producto cultural), y recientemente se confirma con el caso de Edith Guadalupe en Ciudad de México (desaparecida el 15 de abril y hallada sin vida en el edificio a donde anunció que se dirigía) que hay mucha contaminación de parte de estos llamados influencers, que han convertido al tema en un teléfono descompuesto, mientras la familia ha salido a decir que confía en la línea de la Fiscalía”, dijo María Salguero en entrevista con Desinformémonos.
De todas formas, explicó Salguero, que la joven haya enviado su ubicación a su familia comprueba lo inseguras que se sienten las mujeres al salir a la calle: “La violencia contra las mujeres en el ámbito comunitario siempre ha existido, está reconocida en la ley general de acceso a las mujeres a una vida libre de violencia; fue reconocida en los casos de Ciudad Juárez, donde las víctimas no tenían ninguna relación con el agresor, algo que Julia Monarrez llama “feminicidios sexuales sistémicos”, y como le sucedió a Edith, muchas mujeres toman medidas que buscan protegerlas porque no se sienten seguras en el espacio público”, aportó.
Esto se suma a que las cifras aportadas por la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH), del año 2021, registró un aumento de la violencia comunitaria reciente. El elemento está en la impunidad generalizada. La abogada penal y criminóloga Blanca Ivonne Olvera Lezama señaló en diálogo con esta cronista que, a pesar de todos los avances legislativos que el Estado mexicano se vio obligado a asumir tras la condena internacional por el caso de Campo Algodonero, la falta de capacitación de los operadores del sistema vuelve letra muerta a esos avances.
Esa falta de acción efectiva se nota también en las violencias cometidas contra niños y niñas, ya que no existe —según explicó la fuente— ningún caso judicializado en México, ni siquiera una sola investigación abierta por el delito de explotación sexual infantil, aunque hay oenegés como Unicef, que ubican al país como uno donde más se comete este delito grave. La alerta ante la “explosión machófila” que el Mundial abona implica considerar que la llegada masiva de turistas al país también incluya esta violencia soterrada hacia los más vulnerables.
Focos rojos de lucha

Al preguntarle a la artista Aracelia Guerrero si considera que el Mundial puede aumentar la violencia machista, no dudó en citar un artículo de otra luchadora social y periodista, Soledad Jarquín, quien a fines de abril alertaba respecto a la falta de preparación para lo que se viene.
Esa sensación que se palpa en los ataques de la “machósfera”, la virtualidad donde se da rienda suelta a la masculinidad tóxica, implica un riesgo para los espacios construidos comunitariamente, como el de la Glorieta de las Mujeres que Luchan, donde Aracelia participa activamente. “En la Glorieta se han destruido o intervenido mucho sus elementos. Tenemos registro de una acción con víctimas de feminicidio en la que a cada chica le dibujaron una esvástica en la frente. También llegaron con herramienta a romper los ojos de las mujeres en la fotos”, explicó en entrevista con Desinformémonos.
Estas acciones de violencia son entendidas por la colectiva y las mujeres que sostienen el espacio como algo que diferencian de un rayón oportunista o un tag adolescente. “Esto lo ponemos en otro lugar, hay un ataque directo a ciertas cosas, por ejemplo, la cruz violeta ya van dos veces que es destruida”, recordó. La primera vez fue robada, y aunque exigieron ver las imágenes de las cámaras que les permitieran identificar quién fue, no lograron que el gobierno capitalino las brindara. Luego, pusieron una segunda cruz más alta, más visible. “Y duró muy poco tiempo, porque la tumbaron con un automóvil”, recordó.
Tiempo después, la colectiva denunció que el ataque había sido realizado por un funcionario en estado de ebriedad que subió con su automóvil al espacio de memoria, destruyéndolo parcialmente. “En los ataques que recibe el sitio, siempre se nos quiere hacer creer que hay mucha gente que está en contra de esta lucha, pero el año pasado denunciamos que estos ataques que se buscan hacer pasar por actos vandálicos encubren la responsabilidad institucional”, explicó Guerrero.
En las reuniones gubernamentales sostenidas para exigir el respeto al espacio, supieron que la FIFA expresó su negativa a que se realicen manifestaciones en reclamo de verdad y justicia durante su evento mundialista. “Se nos dijo que las dos Glorietas, la de las mujeres que luchan y la de los desaparecidos, son focos rojos ante la FIFA, entonces, si ya traíamos una pelea encima, la FIFA lo potenció”, explicó. Así, el Mundial se vuelve cómplice de una criminalización previa y abre la puerta para favorecer la represión a los espacios de denuncia y memoria, que la comunidad ha construido tomando el espacio público.
Universidades omisas

El papel de los gobiernos es central, aunque no son las únicas instituciones que han mirado para el costado ante los reclamos de las víctimas de la violencia y sus familias, y de sus madres en especial. La señora Andrea Soto Hernández lleva seis años exigiendo que la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) expida el título póstumo de su hija Verónica.
Estudiante que cursaba su servicio social en la carrera de Enfermería y Obstetricia, Vero Soto fue víctima de feminicidio el 1 de noviembre de 2019, cuando apenas había comenzado el último año que tenía pendiente en agosto, tras haber completado todos los créditos de su carrera, con un promedio destacado de 9.6. Desde su funeral, las autoridades de la entonces Escuela Nacional de Enfermería y Obstetricia (ENEO) se comprometieron a colaborar con lo necesario con su madre y a brindarle su título póstumo, algo que no cumplen aún.
“En 2024 me dijeron que el motivo para no dármelo era que mi hija no había terminado su servicio social, ¿pero cómo lo va a terminar si la asesinaron? ¿Cómo va hacer los trámites de titulación si la mataron? No hay nada de lógica en lo que me dicen”, explicó Andrea Soto en diálogo con Desinformémonos.
Las Siemprevivas —una colectiva de jóvenes estudiantes que milita por la justicia junto a las madres de víctimas de feminicidio y de desaparición forzada— y otro conjunto de mujeres solidarias han acompañado a Andrea Soto en este proceso y buscado alternativas para que se cumpla la entrega del título póstumo.
“Esta lucha implica enfrentar a una gran institución, que podría hacer muchas cosas pero no las hace. Podría ser la mejor Universidad, en conocimiento, en investigación, pero lo que está haciendo la UNAM es querernos callar y desaparecer”, concluyó.
Masculinidad desatada

Existen distintos análisis que prueban la relación entre eventos deportivos globales masivos y un aumento de la violencia machista. El sociólogo Ismael Ocampo refirió en entrevista para Desinformémonos datos recabados por el Banco Interamericano de Desarrollo que analizó el impacto del Mundial en Brasil en 2014 y este vínculo. También existen análisis similares en torno al Super Bowl, en Estados Unidos, y uno de largo aliento que hizo el seguimiento de los aumentos de la violencia en Inglaterra, durante partidos de fútbol importantes en los Mundiales de 2002, 2006 y 2010.
“Hay una estudiada relación entre la derrota del equipo y cambios significativos de entre 20 y 40 por ciento de aumento de las violencias. Estudios exploratorios permiten identificar una relación en esa dirección, entre la violencia cometida en el hogar y partidos importantes de fútbol”, explicó Ocampo.
Así, el fútbol FIFA y el fútbol americano que maneja la NFL, otra empresa con similar mecanismo, son ambientes facilitadores de una expresión violenta que monetiza fantasías de “ultra-masculinidad”, y lucra con la venta de los consumos asociados a ella, incluyendo la explotación sexual y la ludopatía.
Es señalado que el Mundial que comenzará en junio también reviste un peligro en este sentido: “Es una situación rara porque habrá pocos partidos en México, pero el tiempo del Mundial no se vive sólo en presencia, también en cómo se consume en los bares y en las casas. El fútbol FIFA es una industria que vive de este deseo de fanatismo, y es la enajenación que se puede tener con él la que hace que el negocio siga funcionando. El fútbol requiere la exacerbación de la ultra-masculinidad”, explicó en entrevista el sociólogo.
Esto, exacerbado por el consumo de alcohol que promueve el evento, cría un contexto peligroso sobre el que prácticamente no hay atención pública, salvo una serie de cartelería que está en las calles y las marquesinas del sistema de transporte público que usa la mayoría de la gente (no el turismo, sino la población) y promueven mensajes de tolerancia morada.
“Los carteles que anuncian que la Ciudad de México es la capital del feminismo no ayudan nada en la prevención de la violencia. Las campañas públicas que se pueden hacer son, de por sí, limitadas. Y si a eso le sumamos estos discursos vacíos es peor. Si se cree en la diferencia que pueden hacer campañas públicas, hay que tomárselas en serio”, apuntó el autor del audiolibro Manósfera: cuando el algoritmo se disfraza de sentido común, en el que se platea un análisis crítico de este proceso de derechización de los espacios de la masculinidad en redes sociales.
Lo que se ha planteado para la prevención de la violencia durante la fiesta mundialista es tan improvisado como las obras que tienen a la zona centro y sur de la ciudad patas para arriba. “Vemos que es algo hecho a las prisas, como si se les hubiera venido encima el tiempo. Pero el Mundial también viene a acelerar procesos ya existentes, y permite un reordenamiento de formas de hiper-masculinidad, de la manósferoa y la ultra-derecha radical a quienes les permite dar un pasito más. No crea nada nuevo, pero sí avanza y aumenta la tensión hacia los lados más conservadores de la masculinidad”, concluyó.



