Mientras el poder político declara que la protesta en Ciudad de México está garantizada durante el Mundial de fútbol y defiende el operativo policial, el primer día del evento de la FIFA acabó con 19 personas detenidas de forma “arbitraria y violenta”, antes, durante y después del partido. Desinformémonos recabó testimonios de los jóvenes detenidos que evidencian la fabricación de delitos, el abuso policial y la tortura física y psicológica, así como el uso de acusaciones penales para criminalizar la protesta, que los persigan durante años.
De los 19 jóvenes detenidos, 13 lo fueron en el despliegue policial que estaba volcado hacia la parte trasera del Estadio Azteca, ahora llamado Ciudad de México, que implica a la colonia Santa Úrsula y específicamente incluye a la protesta sostenida en Avenida Imán, en la Glorieta de Frida Kahlo, donde desde temprano fueron detenidos dos reporteros independientes.
Además de lo ocurrido con los periodistas, Desinformémonos recabó el testimonio de cuatro de los estudiantes que fueron interceptados con violencia por la policía en horas y lugares distintos: la primera fue detenida junto a otros siete jóvenes en la puerta 8 del Estadio al iniciar el partido. La segunda, en la colonia Santa Úrsula, tras la primera carga policial, ya ocurridas las primeras detenciones; y la tercera y cuarta fuentes fueron detenidas junto a otros cuatro jóvenes más, a más de dos kilómetros del Estadio, cuando el partido tenía rato de haber terminado. Sus testimonios tienen elementos en común que revelan un actuar represivo de la policía capitalina durante ese 11 de junio, en Santa Úrsula y alrededores.
Lo primero es el intento por imputarles delitos falsos, como la agresión a policías o el robo, lo cual implica la apertura de carpetas de investigación contra ellos. No se sabe aún cuántos de los estudiantes detenidos en la inauguración del Mundial puedan ser acusados penalmente, obligándoles a hacer frente a procesos burocráticos ineludibles que ponen en juego su libertad. A los jóvenes detenidos en la puerta 8 se les dijo verbalmente que serían imputados, según lo comentado a Desinformémonos por uno de ellos. Pero a tres días de los hechos, distan de saber qué es lo que pueda sucederles. Este es uno de sus reclamos principales: saber qué tanto implica la detención mundialista y, en caso de existir un proceso penal en su contra, exigir su cierre.
Es también común a todos los relatos la violencia física y psicológica a la que los jóvenes, de entre 19 y 22 años, fueron expuestos: desde golpes en la cabeza para derribar a un estudiante que intenta correr, a hundirle el rostro a otro en un charco de la calle intentando asfixiarlo. En al menos tres de los relatos obtenidos por Desinformémonos, los policías cortaron el pelo a los jóvenes, violentando su cuerpo y dando un golpe simbólico a su lucha, al decirles que “coleccionaban” cabello de quienes detienen.
Los estudiantes que conversaron con Desinformémonos rechazaron ser parte del bloque negro y sí de las comunidades estudiantiles universitarias que marcharon ese día, convocadas en solidaridad con las madres buscadoras; el único de los consultados que iba tapado —dijo— lo hizo como una medida adoptada como colectivo al organizarse, porque ven que cubrirse el rostro es una forma de cuidarse frente a la presencia de prensa y filmaciones de la protesta, y por la criminalización generalizada a la que se somete a los movimientos.
Según el relato que brindaron dos de los estudiantes (de los cuales cuatro fueron remitidos al Ministerio Público y dos escaparon y dieron aviso), que fueron detenidos en un cuadro armado por la policía cuatro horas después del partido y a dos kilómetros del Estadio, también deben ser amparados por la libertad de prensa, ya que habían acudido a la manifestación para registrar los eventos. La emboscada a la que fueron sometidos causó uno de los momentos “más violentos y soterrados” del inicio del Mundial, cuando seis jóvenes fueron detenidos arbitrariamente por más de cuarenta uniformados.
Las detenciones
La primera detención ocurrió en la puerta 8, según contó un estudiante que había acudido con su colectivo de la Facultad, que avanzó sobre Avenida Imán hacia el Estadio, pasado el mediodía. “Solamente se veían personas con sus playeras de la afición de México y nosotros todo normal, invitando a que se unieran al colectivo. Ya de un momento a otro, cuando menos lo esperaba, fue cuando empecé a ver de lo lejos el Estadio. Estaba muy emocionado yo porque pensé que no íbamos a llegar, que nos iban a tener bloqueados, pero no fue así”, contó en entrevista.
Esto es particular, ya que todas las manifestaciones en el último año han enfrentado un muro de granaderos que les impide el paso; pero el día del partido inaugural no estaban. Los efectivos se demoraron en torno al estadio primero (luego de las detenciones, sí avanzaron con su muro de policías o kettling, sobre avenida Imán hacia San Guillermo): “Siento que hubo un retraso de los granaderos porque fue justamente cuando llegamos a la mera entrada que apenas había unos pocos, y luego llegaron muchísimos más, ya policías en caballos y otros escudados. El punto es que al principio sí logramos contener a la mayoría en el espacio donde estaba la entrada número 8 del Estadio, pero poco a poco los policías fueron avanzando y la gente se sintió muy intimidada y fue retrocediendo”, contó.


El recuerdo del momento en el que lo arrestan es algo difuso: recuerda que algunos estudiantes buscaban armar una barricada arrastrando una malla, cuando el policía que tenía en frente, justo del otro lado de la malla, la tiró cuando él la acomodaba y fijó su vista en este estudiante, que agarró un cono de plástico para defenderse. Entonces, vio que el policía usaba su macana para pegarle y sintió primero el golpe en la cabeza, que lo hizo correr.
Cansado, miró y vio que los policías lo seguían: “Nos estaban correteando a todos y ya fue cuando sentí que me jalaron. Pero no recuerdo exactamente cómo me agarraron porque justo me dieron una patada que me bloqueó ese momento. Sí recuerdo el golpe primero, luego sentí otro golpe en mi cara que fue el que hizo que se me tiraran los lentes. Fue cuando en automático supe que me iban a tirar, mis lentes se cayeron, creo que hasta se rompieron. Entonces los policías me jalaron a un costado de unos árboles, donde estaban las jardineras con flores de cempasúchil”.
El segundo testimonio recabado por Desinformémonos contó que la represión se desató cuando la marcha llegó al Estadio, primero con los policías saliendo de él y luego cuando usaron una pipa de agua para cerrar el paso, para que policías a caballo tomaran la primera línea. “Fue una emboscada porque se sabía que el contingente iba a llegar al Estadio y lo tenían protegido más a la distancia, con un numeroso despliegue que se veía que no íbamos a poder avanzar más de donde estábamos”, dijo. Este segundo testimonio vio la detención de los primeros estudiantes en puerta 8, lo cual fue, a su criterio, “un intento desesperado por cerrar el Estadio hacia el contingente universitario, que era bastante grande, y allí concentraron sus fuerzas policiales con una violencia que nos hiciera retroceder. Claramente, esa era la intención”.
La fuente regresó con el contingente universitario por Avenida del Imán, donde un grupo intentó negociar la libertad de los detenidos para continuar la movilización de manera pacífica y llegar con las madres buscadoras del otro lado del Estadio, sobre Tlalpan. “En cierta altura, en el cruce de la Avenida Santa Úrsula con Santo Tomás, se desplegó otro operativo policial, y aunque se les hizo saber que la marcha ya tenía un tinte pacífico, aun así comenzaron a aventarnos petardos para hacernos correr”. Al entrar en la colonia, fue detenido. “Intentando repeler los petardos de la policía, llegan dos sujetos que me hacen la llave china y me tiran para poderme arrastrar hacia los policías”, recuerda.
Estos hombres no estaban identificados como policías, pero agredieron a personas del contingente y vecinos que estaban allí. “Cuando me arrastran hacia la barrera, ya siento los golpes de la policía con escudos, con sus guantes con protección de plástico duro en los nudillos. Me golpean principalmente una pierna en la que tengo un antecedente quirúrgico y eso me deja inmovilizado. En ese momento, entre la barrera policial de frente y la de atrás, se me sustrae de mis pertenencias, celulares, dinero, credenciales, tarjetas bancarias; y eso se oculta de la vista de los vecinos que estaban grabando”, dijo.
El tercer y cuarto testimonio corresponden a una misma detención, ocurrida cuatro horas después de comenzado el partido. “Soy fotoperiodista de la UNAM y decidí ir a la marcha a cubrir, a fotografiar con una cámara Nikon, que me fue robada por la policía. A los demás les quitaron sus celulares y mochilas con sus pertenencias. Al momento de la detención, estábamos yéndonos a nuestras casas. Fue entre las 5 y 5:15 de la tarde, en la primera cerrada de la calle Itzcóatl, de la colonia Adolfo Ruiz Cortines, a 35 minutos caminando del Estadio Azteca”, explicó a Desinformémonos.
El grupo de policías los encerró y encapsuló mientras caminaban de regreso a sus casas, tranquilos, platicando como los adolescentes que son. “Nos encerraron con dos camionetas tipo Toyota, varias motocicletas y una patrulla de policía. Se bajaron, me rociaron con gas de extintor. Nos detuvieron a cuatro de nosotros, nos golpearon, un compañero sufrió un intento de ahogamiento en un charco que había en la calle, en el pavimento. A mí y a otro compañero nos golpearon fuertemente, él tiene fractura de nariz y un esguince en el muslo”, narró.
Luego se les subió a la patrulla sin explicarles por qué, con humillaciones e insultos, diciéndoles “seguro estuvieron en la marcha”: “No podíamos verlos a la cara porque nos amenazaban con que no los viéramos, me obligaron a abrir mi celular y lo pusieron en modo avión para que perdiera comunicación y no se viera dónde estaba”. En la patrulla, los marearon andando sin dirección hasta que el convoy se detuvo frente a un Banamex sobre División del Norte, donde había mas patrullas y motocicletas.
Los bajaron de la patrulla y expusieron lo que tenían en sus mochilas, les tomaron fotos de ellos, sus cosas e identificaciones. “Nos cortaron un mechón de cabello, el policía le dijo a una de mis compañeras: “¿a qué altura te gusta traerlo? Porque cuando pasan conmigo, me gusta quedarme con un recuerdito”. Sacó unas tijeras, le cortó a ella, a mí y a otro compañero. Tenían una lata de grafiti color negro, en la que nos obligaron a poner nuestras manos, y nos pintaron con esta pintura”.
El otro de los jóvenes presente en esa detención que brindó su testimonio para este reportaje argumentó en el mismo sentido: “Todos somos estudiantes de entre 19 y 21 años y fuimos a la marcha a documentar. No pertenecemos a ningún colectivo, ni al bloque negro, fuimos independientes. Nuestra detención fue totalmente arbitraria y nos cayó de sorpresa a todos, porque nos interceptaron de forma muy violenta. Mis compañeros y yo intentamos tranquilizar las cosas, pero no reaccionábamos por miedo, todos estábamos pensando en que nos iban a desaparecer, por la forma tan agresiva en que fuimos detenidos”.
La policía les reconoció que los paraban buscando culpables de la represión en el evento mundialista, al amenazar con imputarles que “seguramente éramos los chavos que agredieron a sus elementos y que saquearon cosas, pero eran suposiciones porque no dieron ninguna justificación para eso. No tenían pruebas y cuando nosotros intentamos preguntar el motivo simplemente nos ignoraron”.
Su detención se ejecutó usando gas de extintor, con un intento de ahogamiento a uno de ellos, golpes brutales en el rostro y el cuerpo a todos, y una subida forzosa a la patrulla. Luego sucedió la parada intermedia en el Banamex, las amenazas para sembrarles terror, la lata de pintura negra para encuadrarles una falsa acción y el corte de cabello: “Fue una forma de humillación a tres de nosotros que nos cortaran el pelo y específicamente nos dijeron que les gustaba coleccionar mechones de pelo de jóvenes que agarraban, mientras nos seguían golpeando y decían que, si los mirábamos a la cara, nos iba a ir peor. Nos volvieron a subir a la patrulla y no sabíamos por qué o hacia dónde íbamos. Yo fui despojado de todas mis pertenencias, y a la hora de llegar al MP no nos regresaron nada de eso”.
Poli malo – poli bueno

Todos los jóvenes fueron golpeados por un grupo de policías que, al momento del traslado y su presentación formal, los entregó a otro grupo de policías que no había participado de esos hechos. Todos fueron trasladados a las oficinas del Ministerio Público en la Coordinación Territorial de Coyoacán; los detenidos en la puerta 8 fueron ingresados a la Coordinación 2, mientras que los otros que dieron testimonio en este reportaje fueron presentados en la Coordinación 1, aunque ambas están en el mismo edificio, a media cuadra de Miguel Ángel de Quevedo. Las fuentes estuvieron de acuerdo en que en el MP bajó la tensión y que los funcionarios comenzaron a tratarlos bien, como si lo anterior no hubiera pasado.
Al llegar al Ministerio Público, no había ningún denunciante contra ellos porque los policías que los presentaron se deslindaron de haberles detenido. Nadie en las oficinas sabía bien de qué imputaban a quien, aunque fueron interrogados múltiples veces, fotografiados y fichados. Entonces comenzó la presión pública con la concentración de compañeros y familiares fuera de las oficinas, así como la llegada de funcionarios de la Comisión de Derechos Humanos de la capital, que intercedieron ante el Ministerio Público pidiendo información. A todos los detenidos los atendió un defensor de oficio, que les hizo saber que, si querían denunciar a los policías, tardarían más tiempo en salir.
Sin embargo, no les brindó ninguna copia de todos los documentos y fichajes que se les hicieron reiteradamente en esta instancia policial. Al menos a nueve de ellos se les informó verbalmente que se les abrió una carpeta de investigación en su contra, aunque ninguno ha tenido acceso a la misma. Todos rechazan los cargos que se les imputan por fabricados, denunciando que se trata de una persecución política: una forma de criminalizar la protesta.
Los demás jóvenes entienden que no se les formalizó ninguna causa, particularmente a los cuatro que fueron detenidos lejos del Estadio. Sus rostros no aparecieron entre las fotos que la policía difundió de los detenidos ese día, como si los hubieran borrado de los hechos violentos que caracterizaron la jornada, más allá de la fiesta futbolera en televisión y su farándula afín. Cerca de las once de la noche, todos los estudiantes habían sido liberados y la concentración disuelta.
La UNAM no se ha comunicado con ninguno de ellos, que se han apoyado en sus familias, amigos, compañeros y colectivos independientes para hacer frente a todo lo sucedido. Aunque la Comisión de Derechos Humanos sí les ha dado seguimiento, aún no se ha formalizado ninguna queja o denuncia por la actuación policial de ese día.
La sensación entre los jóvenes ante lo vivido está dividida: por un lado es manifiesto el terror sembrado, la impotencia ante la criminalización y la posibilidad de enfrentar cargos penales como algo paralizante para personas que aún no tienen ni veinte años. Uno de ellos dijo a Desinformémonos que no volverá a marchar en lo que dura el Mundial; mientras otros se convocaron para encontrarse este lunes 15 de junio, en la territorial donde fueron presentados.
Otro asoció la violencia sufrida en el cuerpo con un compromiso que se volvió más hondo: “Me causó mucha impotencia porque fuimos privados de nuestro derecho de expresión, de una forma muy violenta. Pero al mismo tiempo, me da aliento y ganas de no quedarme callado hacia lo que está pasando, intentar poner mi granito de arena para que no se repita este tipo de cosas, para mis compañeros y las futuras generaciones. Sí me afecta por el miedo, pero pues no van a hacer que cambie mi ideología ni mi forma de pensar ante estas injusticias. Esto me abre las puertas a continuar en nuestra lucha. No nos van a silenciar”, concluyó.




