Algunos especialistas han afirmado acerca de cómo explicarle a un niño lo que es la felicidad: denle una pelota y que juegue.
Actualmente se está desarrollando el Mundial 2026 en los países de América del Norte (México, Canadá y Estados Unidos). Hemos crecido primero en Uruguay y luego en Italia y México a partir de la gran pasión, sueños, alegrías y frustraciones en los espacios públicos abiertos que implica el fútbol, a veces casi como una forma sacralizada o religiosa de vivir la vida cotidiana. Amamos profundamente este deporte, lo hemos practicado toda la vida y nos duele asistir a este nuevo fenómeno social donde se usa al fútbol como una mercancía más de acumulación capitalista extrema. El problema real de fondo está en la lógica y acciones de una de las mayores trasnacionales capitalistas como es la FIFA y no en el fútbol en sí. Evidentemente el fútbol es un deporte masivo mundial -probablemente el que cuenta con más afición-, y está por tanto inserto dentro de los procesos del capitalismo oligopólico y monopólico mundial en todo sentido, el cual en esta etapa ha instalado muy diferentes formas de represiones, despojos, guerras y genocidios como su medio principal de expansión en todo el mundo.
Este mundial está atravesado en muchos equipos por un orden social de innumerables conflictos armados y guerras, por fricciones diplomáticas y pérdida de la institucionalidad legal internacional incluso con países violentamente enfrentados, lo que hace que el escenario deportivo se vea profundamente afectado mucho más allá de lo que el deporte mismo implica. A su vez, dentro del propio Estados Unidos (EU), por ejemplo, en la última semana el Servicio de Inmigración (ICE) ha realizado más de 10.000 arrestos (más de 1000 al día), según el propio New York Times. Los arrestos implican una desestabilización total: la destrucción de familias nucleares, de familias extendidas, dejar a la gente sin trabajo, la inestabilidad de no saber siquiera a qué Corte acudir, la pérdida de una cantidad enorme de dinero, el aterrorizamiento y violencia contra la población…Se dan en un contexto muy fuerte de ataque a la inmigración, de racismo, de avance de la ultraderecha en Estados Unidos, pero también en el mundo: acabamos de ver las elecciones de Perú y Colombia donde ganaron dos candidatos de ultraderecha (una hija de genocida y el otro proponiendo el modelo extremo carcelario de Bukele y del peor militarismo represivo para instalar la falsa seguridad en Colombia, siendo él mismo un abogado de paramilitares). Ambos candidatos -Keiko Fujimori y Abelardo De La Espriella- lucieron en sus campañas las playeras de las selecciones nacionales futbolísticas de sus países, en una clara simbiosis y manipulación del deporte con la ultraderecha.
Los ricos a las tribunas y la bola del pueblo a las pantallas gigantes de las plazas
En fútbol, cada vez más, los grandes empresarios sobre todo norteamericanos del béisbol, del fútbol americano, de otros deportes, de las comunicaciones, se han adueñado de equipos sobre todo en Europa (Chelsea, Manchester United, Arsenal…). Así se está pasando de “el fútbol es un negocio” a “el negocio del fútbol”, con todas las consecuencias que esto tiene en la plena lógica de que el fin de la ganancia justifica los medios esenciales. Estas grandes empresas y hombres de negocios están dictando nuevas reglas anti-históricas (no estamos proponiendo que “todo lo pasado fue mejor”), anti-esenciales de lo que es y ha sido el fútbol, convirtiéndolo cada vez más en una mercancía capitalista de élite, en el sentido de las entradas a los estadios con costos altísimos. Este fenómeno de las entradas ha quitado el fútbol como forma de contacto, de relación social desde la tribuna, desde los estadios, para aislarlo y mediatizarlo en las pantallas. Pero el fútbol ha nacido y ha sido siempre un espacio interclasista, un espacio de construcción de identidad donde todo el mundo en el estadio o en la cancha podría abrazarse con gente que no se conoce y que tal vez no se la vuelva a ver más en la vida.
En México, particularmente, la presidenta Claudia Sheinbaum ha tenido un gesto muy importante para criticar esta política de elitismo y exclusión social de los sectores más populares en cuanto a la posibilidad de asistir a los estadios, regalando las entradas que tenía para la inauguración y otros momentos del mundial a jóvenes mujeres de barrios populares que practican el fútbol. Y yendo ella a grandes plazas con pantallas gigantes puestas por el gobierno, donde se ha reunido masivamente el pueblo mexicano para ver los partidos. En México se han visto muy claramente las dos dimensiones actuales que la FIFA y los grandes capitales están construyendo para este negocio: el fútbol exclusivo de los estadios y el fútbol popular de las plazas y zócalos.
Por otro lado, se ha constituido también en una mercancía masiva de alcance más popular, con los contratos exclusivos televisivos de cables y todo el inmenso consumo alrededor de este deporte. Un gran negocio de la exclusividad y del encierro. O sea, se trata de la privatización de un deporte popular convertido en mercancía, de un deporte del pueblo, de un deporte cuya pasión se basa en la calle, en los campos de todos los sectores sociales empezando por los más empobrecidos, en los llanos; su esencia está en lo colectivo, inter e intraclasista social en espacios públicos y privados abiertos.
Justamente esta parte lúdica, esta parte de identidad colectiva, es algo que está en la misma raíz del fútbol, así como la posibilidad de que equipos débiles, grupos sociales débiles se enfrenten a otros más poderosos, a partir de numerosas tácticas y estrategias, y permanentemente hayan sido capaces de construir hazañas que están a lo largo y ancho de toda la historia del fútbol en el mundo, y que se transmiten de generación en generación. Precisamente en este mundial hemos visto varios ejemplos de países económica y políticamente más débiles que otros que casi los han eliminado o han avanzado a instancias eliminatorias más decisivas, siendo el caso mayor y más claro el de Cabo Verde.
Porque el fútbol nace de la calle y del llano, se basa en la improvisación, la picardía, el engaño (nos criamos en Uruguay, Italia y México buscando engañar al adversario y festejándolo) y la finta, el dribbling y la gambeta, todas acciones a las que hoy formas rígidas de control en nombre de la “justicia”, de la inteligencia artificial (IA-arma principal en los genocidios actuales), le quitan también la posibilidad a la gente más humilde y al barrio de poder desarrollar todas esas formas propias de inteligencia emocional, inteligencia situacional, de picardía y de improvisación aprendidas en la sobrevivencia de la calle, de ganar positivamente, que son las que realmente constituyen las reglas no escritas de este deporte, que tanto nos han apasionado a multitudes.
¿Pausas de Rehidratación Comercial?
Una fotografía actual muy transparente de lo que es la expropiación del fútbol como un gran negocio capitalista y no como un espacio de libertad, juego e integración social, lo constituye el hecho de haber instituido lo que son las cínicamente llamadas “pausas de hidratación”, que en realidad no son más que una gran derrama económica de publicidad -para compensar el enorme monto de los derechos televisivos-: la institución de dos intervalos de tres minutos cada uno a la mitad de cada tiempo para que los jugadores dizque descansen un momento y se rehidraten. Es tan cínica -disfrazada de que es para el bien y salud de los atletas- la propuesta que nos preguntamos cuál será la excusa oficial de FIFA cuando los partidos se desarrollen en el duro invierno europeo o americano, donde hacer una pausa en un campo al abierto puede significar enfermarse gravemente o medio congelarse.
En esta forma el fútbol se ha convertido en un deporte de cuatro tiempos de 23 minutos y no ya un deporte de dos tiempos de 45, lo que implica todo un tema de dosificación de la energía, de desgaste, de cambio de la presión continua en un sentido ofensivo o defensivo, continuidad e intensidad que siempre han sido fundamentales en cualquier juego. Hacer estas pausas corta totalmente el proceso del tiempo, el ritmo y la energía en este deporte, se trata así de un cambio profundo en lo que paulatinamente cambiará su esencia. De hecho es entonces una adaptación del fútbol al football americano, al basketball, al beisbol…donde las pausas son la base de la comercialización y el negocio.
Igual crítica hacia los shows de medio tiempo que interrumpen esa pausa que todos necesitamos para descansar, comentar-discutir-dialogar con amigos y vecinos de tribuna, para socializar, las jugadas claves del partido…Por ello todo tiene las características de un “gran espectáculo”, negocio, y no de un deporte, reforzando además la cultura actual de estar permanentemente nuestro cerebro y espíritu en una forma de hiperactividad frenética, donde los estímulos son permanentes y el descanso mental, emocional, no debe existir porque no consume.
¿Dónde queda la posibilidad del error y el engaño en el fútbol?
Otro elemento que ha ayudado bastante -sin ignorar los aspectos positivos que sí tiene- a ir perdiendo la esencia original y pasión de este deporte, es la aplicación del VAR (Video Assistant Refferee) llevado ya a niveles impensados de precisión donde se miden milimétricamente partes de uñas, cabellos, talones…para descalificar o aprobar acciones. Al grado que la mayor emoción, pasión y esencia del fútbol que es el GOL ya no se sabe cuándo gritarlo, se grita varias veces, o se des-grita varias más. Una locura de ezquizofrenia emocional permanente en nombre de la “justicia” y la “verdad”, los dos máximos valores que han destruido los líderes políticos, empresariales y deportivos aliados de la FIFA. He ahí la gran hipocresía y “doble moral” que se está normalizando en este deporte. En este mundial, incluso se llegó a anular demasiado dudosamente un gol a Croacia porque la tecnología del “Connect Ball” detectó en el chip de la pelota que el cabello de un jugador la había rozado, algo que en cientos de repeticiones el ojo humano no captó, y que no cambió el rumbo de la pelota. Sin embargo, ese cabello rozado (¿) en un nivel de IA y tecnología extrema decretó que se anulara el gol.
De este modo, en aras del exceso de legalismo, de puntillosidad del detalle (¡así no funciona la Vida! Donde el “error” es una condición fundamental de lo humano: errare humanum est). La palabra sagrada y la verdad absoluta son monopolizadas “infantilmente” por la IA. Así, la tecnología extrema se está colocando por encima de la condición humana, lo que trasladado al mundo actual nos lleva cada vez más a formas de automatización y deshumanización. ¿Los futuros árbitros -y después jugadores- serán robots? Además, no podemos ingenuamente creer ciegamente -como bien decía el Papa en su reciente encíclica- que la tecnología de la IA es neutral y aséptica, por lo que en muchos casos el manejo del VAR puede ser tendencioso -ya que depende de posibles intereses humanos en última instancia- y podría prestarse, como en este caso, para eliminar a un equipo y no a otro por distintos intereses.
El mismo VAR no se preocupó en leer los labios del jugador francés Mbappé , quien burlonamente -y mucho más- se dirigió ofensivamente a los jugadores eliminados de Paraguay. Entonces, la FIFA es una institución profundamente corrupta desde antes de la historia del FIFAGate y de la venta de la sede mundial a Qatar, actualmente es una gran trasnacional con nula credibilidad moral mundial y profundamente ligada al proyecto expansionista, militarista y genocida de la (ultra)derecha mundial y de Trump. Dos fotografías transparentes al respecto: es parte en forma increíble de la Junta de Gaza, organismo creado por Trump para reconstruir Gaza como un mega desarrollo inmobiliario para millonarios de todos los niveles y formas imaginables, edificado sobre la sangre del genocidio palestino; le otorgó unilateralmente el Premio FIFA de la Paz a Trump, sin ningún tipo de consulta a federaciones internacionales.
Para colmo, acaba de suceder un exceso de inmoralidad no creíble, que exhibe con toda claridad esta “doble moral” de la FIFA aliada a los grandes poderes: una llamada de Trump a Infantino logró lo inimaginable de sumisión servil y un caso inédito en la historia mundial de las sanciones: se anuló el castigo de una fecha por expulsión a un jugador importante de la selección de Estados Unidos (EU) para el juego de octavos de final: Folarin Balogun. Incluso con Trump amenazando al juez al peor estilo fascista (“Si supieran el pasado que tiene”) que lo expulsó y presumiendo su llamada “de justicia”.
A su vez, la FIFA no hizo nada para que EU le diera visa a los jugadores de Irán para poderse alojar en ese país, y tuvo que salir el gobierno mexicano al apoyo solidario en la ciudad de Tijuana. En el colmo del cinismo, Infantino fue a saludar a los jugadores de Irán, ofreciéndoles su apoyo y agregando que “Si necesitaban un centrodelantero ahí estaba él”; sumado además una muy dudosa decisión del VAR que dejó a Irán sin clasificación a la siguiente ronda. Tampoco la FIFA hizo nada para evitar que expulsaran del país al mejor árbitro africano, el somalí Omar Artan.
A su vez -en alto contraste moral- resalta totalmente la protesta de Michel Mboladinga, erigido en estatua viviente que rememora los ideales de lucha y el brutal e impune asesinato del 17 de enero de 1961 por Bélgica y EU del ex_Primer Ministro del Congo libre -Patrice Lumumba-, quien se para en medio de una tribuna en estadios mundiales cuando juega su selección, se cubre la boca e imita una pistola apuntando a su cabeza. Así protesta (“Lumumba Vive”) contra el silencio que rodea todo este magnicidio occidental.
El silencio de los cómplices de la corrupción FIFA
Todas estas nuevas reglamentaciones, su trasnacionalización desde el peor capitalismo voraz, monopólico-oligopólico, militarista y genocida, su comercialización y privatización de todo lo que se mueva y venda de la FIFA, no podría realizarse sin el silencio cómplice y convenenciero de las asociaciones nacionales, de los futbolistas y técnicos…líderes políticos de todo el mundo que a partir de la “obediencia ciega a la autoridad” y la conveniencia del negocio capitalista y el dinero que reciben, han co-operado permanentemente con los grandes poderes y muchas situaciones de pérdida de la esencia de este deporte y en la deshumanización bélica.
Bien decía Eduardo Galeano, escritor apasionado futbolero y mundialista: “Ojalá podamos ser desobedientes, cada vez que recibamos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común”. El gran artista popular, crítico y grafitero, Banksy agrega que “Los mayores crímenes del mundo no son cometidos por personas que infringen las reglas, sino por personas que siguen las reglas”; y finalmente decía bien el clásico historiador norteamericano Howard Zinn que “Nuestro problema es que personas de todo el mundo han obedecido dictados de los líderes. Millones de personas han sido asesinadas a causa de esta obediencia…la gente está llenando obedientemente nuestras cárceles llenas de pequeños ladrones mientras los grandes ladrones dirigen el país”.
Consideramos, desde la lógica de la resistencia noviolenta y la construcción de justicia y paz, que la raíz para que estas violencias y expropiaciones sigan reproduciéndose y creciendo ahora exponencialmente, está en las casi nulas acciones de no-cooperación hacia ellas por parte de distintos actores y sujetos deportivos, políticos y sociales con poder social y mediático. Todo el tiempo observamos a personajes con este poder ir a rendir pleitesía a Infantino y Trump, a sacarse la foto sonrientes y complacientes: una de las mayores tristezas personales, por ejemplo, fue ver esto recientemente (5 de marzo) en un encuentro en la Casa Blanca de Messi y Suárez, en medio de brutales bombardeos a Irán, Líbano y el genocidio en Gaza. No se puede usar como excusa que fueron obligados a ir y no se meten en política -sabemos hasta la obviedad cómo la ultraderecha domina el fútbol-, ya que siempre se puede tener un gesto, una palabra, un símbolo (¿pin?) o una acción que muestre cierto grado de humanización y resistencia: Lamine Yamal se envolvió en una bandera palestina en el festejo pro el título del Barcelona. ¿Quién se lo iba a impedir con el poder social que tiene?
Actualmente en todos los renglones de la vida social mundial, existen múltiples causas, territorios, banderas e ideales por los cuales resistir contra la deshumanización y la regresión histórica de nuestros derechos y valores culturales esenciales. El fútbol es uno de esos terrenos, no sólo como deporte sino como cultura popular inter e intraclasista, constructora de las mejores raíces universales de convivencialidad, felicidad e igualación social.




